Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2004/10/17 00:00

Santo remedio

¿Qué tanto sirve rezar? Diversos estudios intentan probar científicamente si la oración tiene un poder curativo. El debate está abierto.

Uno de los momentos en que la gente más se acuerda de Dios y de rezar es ante un grave quebranto de salud. Entonces hasta los ateos oran con fervor y le ruegan al santo de su devoción por una pronta curación del enfermo. Pues bien, médicos de diferentes especialidades y científicos de múltiples instituciones han resuelto meterle ciencia al asunto y se han dedicado a estudiar si realmente rezar ayuda a mejorarse. En los últimos años, los convencidos de que el poder de la oración es una herramienta subvalorada por la salud pública han invertido mucho tiempo y dinero en este tipo de estudios, no sin despertar una ardua polémica pues hay quienes creen que no se debería desperdiciar tanto esfuerzo en algo inútil. La semana pasada un artículo en The New York Times sobre el tema volvió a alborotar el avispero.

Existen estudios que reportan beneficios de la sanación, especialmente la que sucede a distancia, cuando un grupo de oradores, por ejemplo, en Australia pide por la salud de alguien en Londres. Uno, hecho por investigadores de la Universidad de Columbia, encontró que las mujeres con infertilidad, por quienes un grupo de oración había rezado, tenían dos veces más posibilidades de quedar embarazadas que quienes no habían sido tenidas en cuenta en plegarias. Otro estudio involucró pacientes con sida y estableció que las oraciones de religiosos y chamanes los protegían de ciertas complicaciones relacionadas con la enfermedad. En un hospital de San Francisco realizaron el experimento de abrirles una herida en el abdomen a unas mujeres que así lo consintieron. Sanadores oraron por su recuperación y la conclusión fue que sí la aceleraron. Otro, realizado en la Universidad de Texas, mostró que la gente a quien le rezan padece menos dolores que la gente sin esta oportunidad. Hay otros dos estudiosque hacen parte de los tres más minucioso realizados hasta hoy. El primero, dirigido por Randolph Byrd, cardiólogo de San Francisco, entre lospacientes admitidos a cuidados intensivos coronarios encontró que los pacientes por los que alguien rezaba mejoraban su salud en muchos aspectos. El segundo fue hecho por William Harris en St Luke's Hospital de Kansas City para corroborar los resultados anteriores. El trabajo mostró que las oraciones eran efectivas.

No obstante, buena parte de estos estudios han sido criticados por su metodología. En las investigaciones médicas se tiene un grupo de control que no recibe el medicamento sino un placebo para luego compararlo con el grupo que sí recibió el tratamiento. Esto funciona con remedios o tratamientos concretos, pero en este caso, dicen los críticos, no hay forma de saber si el grupo de control (que en este caso no debería ser beneficiario de oraciones) está recibiendo rezos de otras personas o incluso si están ellos mismos rezando por su propia curación. Tampoco se puede establecer bien la dosis que es efectiva ni qué tipo de oración es la que logra curaciones más rápidas. Hay otro sesgo y son las creencias religiosas de cada investigador. Cuando el estudio es realizado con chamanes o sanadores no tradicionales, por lo general sus conclusiones reciben críticas de científicos que profesan otras religiones. "En el fondo este debate es sobre intolerancia religiosa", dice Larry Dossey, un investigador del tema.

Los estudios científicos también deben ser doble ciegos, es decir que ni el investigador ni los participantes saben quién está recibiendo el medicamento ni quién el placebo para evitar sesgos. El de Byrd ha sido criticado porque los investigadores sabían a cuáles pacientes se les estaban rezando. Y la crítica más importante del trabajo realizado por Harris es que empleó un método de medición que no ha sido validado científicamente. Además, los pacientes rezados, por una razón aún desconocida, no estaban tan enfermos como los del control y fueron dados de alta en cuestión de 24 horas.

Un tercer estudio, sobre el que varios científicos coinciden que está mejor diseñado, fue realizado por la médica Jennifer M. Aviles en una sala de cuidado intensivo para pacientes enfermos del corazón que acababan de ser dados de alta de esas unidades, justo cuando el efecto de los rezos de familiares y amigos estaba disminuyendo. Al azar, los pacientes fueron clasificados en el grupo por el cual oraban o en el grupo control. Después de 26 semanas no hubo muertes, infartos, rehospitalización, revascularización coronaria ni visitas de emergencia del departamento de cardiología en ninguno de los dos grupos. Es decir, no hubo diferencias entre los que gozaron de plegarias y los que no en términos de su salud.

Estos resultados coinciden con análisis estadísticos realizados en el siglo XIX, lo que de paso revela que el interés por los efectos de la oración no son nuevos. Francis Galton supuso que los sacerdotes, por ser más dados a la oración, vivían más que los abogados y los médicos. Después de analizar los datos encontró que su hipótesis estaba errada: los curas de entonces morían más que otros profesionales.

Pese a los anteriores resultados, otros expertos aseguran que no hay duda del poder de la oración para sanar y que este fenómeno es universal independientemente de la religión. Patricio López, médico e investigador, dice que rezar puede estar relacionado con el efecto placebo, es decir, con la fe y la convicción de que va a haber una mejoría. Esta creencia hace que se liberen sustancias que podrían contribuir a su bienestar. Sin embargo, el hecho de que "no se puedan explicar ciertas cosas no significa que no existan, sino que aún no se conoce su estructura en lo más íntimo", afirma. Esta explicación, sin embargo, no funcionaría en personas que no saben que se les está rezando y aun así tienen mejoría.

Tal vez el efecto de la oración no sea cuantificable con los métodos tradicionales pues, como lo dice un sacerdote jesuita, esta va mas allá de la comprensión del ser humano. El religioso explica que cuando una persona ora en forma adecuada no le pide a Dios que le baje el colesterol o la tensión arterial sino que le solicita fuerzas para soportar las vicisitudes de la vida. "En la oración superior sobre todo se agradece". Orar es por lo tanto una herramienta que fortalece sicológica y espiritualmente. "La prueba está cuando uno ve a los enfermos. Si no están con Dios se lamentan, se culpan, lloran, y cuando lo están se ven optimistas y alegres", dice el sacerdote.

Otros piden una mente más abierta para entender estos estudios, así como sucede con los postulados de los físicos cuánticos sobre el universo que tampoco pueden comprobarse con métodos tradicionales pero no por ello son desechados. El tema deja al descubierto más preguntas que respuestas que ojalá el ser humano puede resolver un día. Habrá que rezar para que así sea.

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