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| 10/1/1990 12:00:00 AM

SEXO Y DROGAS

Recientes investigaciones demuestran que algunos medicamentos de uso común como el Valium, el Tagamet o el Demerol, afectan la vida sexual.

SEXO Y DROGAS SEXO Y DROGAS
Si usted está pensando que las molestias de la úlcera o la antiestética rinitis son culpables del poco interés sexual por su pareja, es posible que se equivoque. A lo mejor, su libido ha sucumbido ante el efecto de los medicamentos que utiliza para combatir esos males. Aunque de los nefastos efectos de las drogas se habla todos los días, hay un aspecto poco conocido, aunque no por ello menos estudiado, que tiene que ver con su incidencia en la vida sexual.
Recientes investigaciones adelantadas en un programa conjunto entre el New York Hospital y el Centro Médico de Cornell en los Estados Unidos, de muestran el doble filo del binomio sexo-drogas. El primero, y el más peligroso, está relacionado con las drogas ilegales. Según los investigadores, algunas de ellas, la primera vez que se consumen, producen una sensación de excitación sexual que lleva al consumidor a relacionar su potencialidad libidinosa con el consumo, convirtiéndolo en un adicto. Lo que no saben quienes caen en la trampa de utilizar sustancias para hacer alardes dignos de Rubirosa es que esa placentera sensación inicial es el comienzo del fin de su vida sexual. Los expertos han comprobado que el consumo regular de drogas, además de crear dependencia sicológica, altera la libido y disminuye el interés sexual.
Pero el problema no se da sólo en las llamadas y combatidas drogas ilegales. También en algunas drogas de prescripción normal, utilizadas para tratar enfermedades comunes, se presenta el traicionero efecto. Las investigaciones han demostrado que algunos medicamentos tienen consecuencias secundarias, relacionadas con el funcionamiento de la vida sexual. Y no todos los facultativos advierten a sus pacientes sobre dichos efectos cuando las prescriben. Pero mientras el medicamento actúa para curar una enfermedad específica, silenciosamente está creando un nuevo problema: la disminución y a veces la desaparición total del interés y del placer sexual.
En algunos casos, el efecto de la droga sobre el deseo sexual crea un rechazo sicológico inconsciente, que resulta más difícil de combatir que la enfermedad inicial. En cualquier caso, dicen los científicos, el consumo regular y permanente de drogas ya se trate de ilegales o legales produce un estado de intoxicación general que altera la sexualidad. A continuación, algunos casos específicos.

LOS ASESINOS DE LA LIBIDO
Antidepresivos:
Este tipo de drogas también origina un círculo vicioso. Algunas de estas drogas afectan la vida sexual actuando sobre el sistema nervioso autónomo, que controla el funcionamiento de los órganos genitales. La persona deprimida toma una droga que, sin saberlo, suprime su libido. Cuando la persona pierde el interés por el sexo, llega a la conclusión de que su problema es mayor y cree que necesita dosis más altas. Los investigadores afirman que con frecuencia se suministra, durante años, antidepresivos a personas jóvenes especialmente mujeres que han tenido poca o ninguna experiencia sexual. Cuando dejan de tomar la droga han quedado atrapadas en una subestimación de su vida sexual que, en algunos casos, persiste durante toda la vida.

Narcóticos, barbitúricos y sedantes:
Independientemente de cuál sea el motivo para utilizarlos, terapia médica o adicción, los narcóticos (heroína, morfina, opio, codeína, Demerol, Percodan y Dilaudid) y los barbitúricos y sedantes (Valium, Librium o Doriden) suprimen el deseo y el buen funcionamiento sexual. Si se trata de una adicción, el efecto puede "matar" el deseo sexual.
Aunque estos medicamentos no tienen un efecto directo sobre los centros cerebrales que controlan la actividad sexual, actúan como depresores del sistema nervioso. Todos los depresivos del sistema central reducen el interés sexual de la misma forma que deprimen otras funciones del cerebro. En pequeñas dosis pueden tener un efecto deshinibidor, gracias al cual la persona se siente más confortable y dispuesta a iniciar un acto sexual. Pero en las dosis que se usan regularmente y, mucho más en los casos de abuso, se pierde la libido y la habilidad para responder sexualmente. El hombre no consigue erección ni eyaculación y las mujeres no obtienen lubricación vaginal ni orgasmo. Aunque clínicamente estas drogas son usadas para disminuir el dolor o para dormir,la persona adicta a ellas,sin darse cuenta, pierde también el interés en el sexo.

Cocaína, crack y anfetaminas:
En pequeñas dosis producen un tipo de euforia que muchos experimentan como estimulación sexual. Pero un consumo regular y en altas dosis no sólo dificulta la erección y produce orgasmos menos satisfactorios sino que vuelve al consumidor propenso a las convulsiones y a los ataques al corazón. Su uso sostenido crea un grado de intoxicación permanente que conlleva la pérdida total del interés sexual.

Drogas para la presión arterial:
Algunas de las drogas que se prescriben usualmente para tratar los casos de hipertensión arterial tienen una variedad de efectos negativos en la sexualidad. El más importante: bloquear la respuesta nerviosa para la contracción muscular necesaria en la eyaculación. A este efecto va ligada otra consecuencia negativa que tiene que ver con la reacción emocional inconsciente del paciente al efecto de la droga: una persona agobiada por problemas de trabajo, financieros y familiares, desarrolla fácilmente tensión arterial alta. Si el médico prescribe la droga, sin advertirle que tiene efectos secundarios sobre su vida sexual, la persona que toma el medicamento empieza al poco tiempo a tener dificultades bien sea de erección en el caso del hombre o de falta de orgasmo en el caso de la mujer. Su incapacidad sexual se convierte en una nueva preocupación, que a su vez aumenta su presión arterial, cerrando así el círculo vicioso. Estos medicamentos afectan sólo los órganos sexuales y no la libido.

Medicamentos sin prescripción médica:
Algunas sustancias que son objeto de automedicación para aliviar molestias comunes y que se compran en las droguerías sin prescripción médica no están exentas de producir efectos secundarios sobre la vida sexual La etiqueta del Benadryl, por ejemplo, un medicamento muy popular para aliviar la rinitis, no advierte que esta droga puede secar el interés sexual tanto como el flujo nasal. Los investigadores aseguran que las drogas que incluyen en el frasco la advertencia de "no utilizar equipo pesado" o "no conducir bajo sus efectos", tienen la clave de que existen posibles efectos secundarios sobre la vida sexual.

Marihuana:
Aunque no tiene un efecto directo sobre los órganos sexuales, la marihuana, altera la percepción subjetiva del sexo. En un experimento en el que se monitoreó la actividad sexual de varias personas, antes y después de fumarla, los participantes juraban haber tenido más largos e intensos orgasmos bajo el efecto de la droga, mientras los instrumentos no registraban ninguna diferencia orgánica. Al poco tiempo de fumarla, produce excitación y euforia, pero después se convierte en un sedante. Esta secuencia de efectos puede dar al traste con su reputación como amante.

Drogas para tratar úlceras:
Algunas de las drogas de uso común para tratar úlceras estomacales o duodenales, como el Tagamet, bloquean los nervios que controlan la respuesta vascular de los órganos genitales. Sus efectos colaterales pueden eliminar la erección y reducir incluso el tamaño de los testículos. Se ha comprobado que otras drogas de uso común para el tratamiento de las úlceras tienen efectos menos nocivos sobre la vida sexual.

Los afrodisíacos:
La gente siempre ha estado dispuesta a tomar toda clase de afrodisíacos con la esperanza de mejorar su desempeño sexual. Lo que no todos saben es que gran parte de los productos que se venden como"afrodisíacos"lo que producen es una ligera irritación urinaria que la gente confunde con una excitación sexual. Pero muy pronto se darán cuenta de que el ardor no es tan placentero como parecía.

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