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| 12/17/1990 12:00:00 AM

SIN QUERER QUERIENDO

Un desequilibrio químico podría explicar porqué algunas personas son más vulnerables que otras a la drogadicción.

Durante años los científicos han sospechado que algunos drogadictos sufren desequilibrios en la química del cerebro que los hace más vulnerables a la depresión o la ansiedad. Para esas personas, la adicción se convierte en una especie de automedicación, en la cual las drogas aportan cierto alivio. En la actualidad, los investigadores están comenzando a identificar desequilibrios particulares, asociados con las adicciones a ciertas drogas específicas como la cocaína, la heroína o el alcohol. Estos descubrimientos podrian ser la explicación de porqué ciertas personas se vuelven adictas más rápidamente que otras, o porqué algunas son más difíciles de curar.
La idea de los especialistas es que muchos de estos desequilibrios son heredados. Por ello, están buscando identificar marcadores genéticos y otro tipo de evidencias, como signos de comportamiento, que indiquen anticipadamente que una persona es vulnerable y susceptible de volverse adicta.
La teoría de una base biológica de la adicción viene a sumarse a la de una personalidad adictiva, que se ha estudiado en los últimos años, pero que sin embargo no permite predecir con certeza quién se transformará en adicto o porqué. Este enfoque biológico en cambio, ya se ha ensayado con éxito.
Recientemente, una investigación similar tuvo sorprendentes resultados, cuando los investigadores anunciaron que habían identificado un gen específico que podía jugar un papel clave en algunas formas de alcoholismo y otras adicciones. El gen ha sido vinculado con la dopamina, un químico del cerebro que se relaciona con las sensaciones de placer.

Esta vulnerabilidad biológica ayudaría a descifrar el enigma de porqué algunas personas pueden experimentar con drogas poderosas y nunca volverse adictas, mientras otras sucumben de un día para otro. Los científicos señalan que en las personas biológicamente predispuestas, el primer trago, o dosis de droga, las hace experimentar una forma de bienestar que otras personas no experimentan.
Muchos adictos que se han recuperado, cuentan que cuando ingirieron su primera dosis de droga se sintieron "normales" y se estabilizaron sicológicamente en un corto plazo. Este hecho podría actuar como una especie de estímulo para continuar consumiendo drogas.
Aunque los científicos aún expresan algunas dudas sobre los detalles biológicos específicos de esa vulnerabilidad, docenas de estudios han revelado prototipos derivados de desequilibrios de la química del cerebro, el temperamento y la historia genética, que tipifican a quienes son propensos a ciertas drogas.
Aunque en este momento algunas condiciones que conducen a la adicción, como la depresión, pueden ser tratadas con drogas, lo cierto es que determinadas sustancias utilizadas en el tratamiento de rehabilitación de los adictos, como la metadona, son ellas mismas científicos buscan diseñar nuevas drogas que corrijan los desequilibrios sin causar otras adicciones. Y en este enfoque sería clave la comprobación de la hipótesis planteada por los investigadores, según la cual para cada adicción hay irregularidades específicas de los neurotransmisores cerebrales.

Pero no todos son buenos augurios en lo que se refiere a la investigación biológica. El nuevo enfoque ha despertado también algunas reacciones adversas. Muchos científicos estiman que es un error enfocar la investigación sólo desde ese punto de vista biológico, ignorando el papel que juegan los factores sociales, culturales y ambientales. En sus objeciones señalan que, aun si la evidencia científica es muy sólida, las personas identificadas con desequilibrios en su-química cerebral, podrían llegar a ser víctimas de una discriminación.
Los críticos señalan que es indispensable analizar el costo social y emocional que significaría para una persona ser identificada desde la infancia como un alcohólico o un drogadicto potencial. Pero quienes apoyan la teoría genética de la adicción sostienen que son conscientes de estos problemas, pero que, dados los inmensos costos sociales de la adicción, los beneficios superan los riesgos. El descubrimienlo de esos marcadores biológicos no sólo haría posible la identificación de personas con un alto riesgo de convertirse en adictas, sino que permitirá desarrollar más eficaces tratamientos de prevención.
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