Jueves, 27 de noviembre de 2014

| 1990/03/05 00:00

TODO EN FAMILIA

La paternidad es una de las actividades más estresantes del mundo moderno.

TODO EN FAMILIA

"Es como subirse a la montaña rusa", señala uno de los personajes de la película Todo en familia", en la que varias parejas intentan encontrar la fórmula ideal para hacer de sus hijos esos adultos equilibrados, exitosos y maduros que ellos no lograron ser. Y tal vez sea la mejor expresión para definir hoy la paternidad. La época en que las historias terminaban en "tu vieron muchos hijos y fueron muy felices" ha quedado atrás. La fiebre del niño, una mala nota en matemáticas, el riesgo de un accidente, la amenaza de la droga, son motivos cotidianos de angustia. Según los expertos, ser padre es una de las tareas más estresantes del mundo moderno.
Aunque la tarea nunca ha sido fácil, la nueva fórmula de Libertad + Responsabilidad parece tener un primer resultado = Angustia. Muchas cosas han cambiado en el libreto familiar. Por una parte, hoy más que nunca los padres son conscientes de la verdadera dimensión de su papel en el desarrollo emocional e intelectual del niño. Por otra, se enfrentan problemas más complejos que hace diez años. Ya no se trata solamente de dar una adecuada y oportuna orientación sexual o de hacer cumplir una serie de normas de obediencia y disciplina ."Los conflictos van más allá de la rebeldía y el pelo largo. La amenaza de la droga y la promiscuidad sexual son hoy parte importante de las preocupaciones cotidianas de los padres", señala el sicólogo Edgardo Levisman, especialista del Instituto de la Familia.
Como si fuera poco, mientras en la familia tradicional los padres parecían encontrar su proyección exclusivamente en la felicidad y el bienestar de sus hijos, la pareja moderna busca también su propia realización personal. Y está busqueda genera no pocos conflictos frente a sus hijos: el sentimiento de culpa de una madre que trabaja o del padre separado, puede llevar al estrés familiar a alcanzar niveles de tragedia griega.
Lo cierto es que preocupaciones tradicionales, como el desempeño escolar, la relación con el adolescente la transmisión de valores, se han convertido en puntos ultrasensibles que generan ansiedad. Hasta hace unos años, las relaciones familiares se basaban en una serie de normás estrictas, donde los preceptos a respetar eran evidentes e indiscutibles. Pero la sociedad actual ofrece pocos modelos que sirvan de apoyo a los padres. Y una fuente permanente de angustia es que la tarea realizada en el hogar se vea amenazada por influencias externas que pueden parecer más seductoras. En un medio donde nadie parece tener claro lo que es bueno y lo que es malo, los padres deben establecer sus propias normas. Y mientras con un ojo vigilan a sus hijos, con el otro tratan de saber que pasa en el hogar del hijo del vecino. "Mucha de esa angustia se evitaría si los padres comprendieran mejor la adolescencia. Los padres se preocupan porque su hijo, que hasta hace un año era un niño obediente y aplicado, se haya convertido en un ser rebelde que presta poca atención al estudio. Es sólo el reflejo del paso normal de la infancia a la adolescencia. El deseo de independencia hace que tenga más en cuenta al grupo de amigos que a los padres. Pero sin duda, los valores sociales y morales aprendidos en el hogar y reforzados en el colegio serán los que primen en la edad adulta", señala el sicólogo.
Otra fuente cotidiana de angustia son los resultados escolares. A la extenuante tarea de tomar lecciones y revisar tareas en busca de una mejora en las calificaciones, se agrega un estrés suplementario: "muchos padres asocian el éxito en el colegio con el éxito en la vida futura, dice el doctor Levisman. El desempeño escolar es mirado como una especie de predicción del futuro económico y la busqueda de la excelencia lleva a muchos padres a ser demásiado exigentes con sus hijos". Detrás de esta actitud hay una presión social. En un mundo competitivo como el de hoy, una carrera no es por si sola la garantía del éxito. Para triunfar se necesita ser el mejor. "Cambiar la forma de ver las cosas es una de las estrategias más eficaces contra el estrés. Algunas creencias, como por ejemplo considerar que una nota por debajo de 10 es un fracaso, aumentan la dosis de angustia de los padres. Pero el problema puede no estar en el rendimiento de niño sino en el concepto del padre sobre la eficiencia".
La creencia tradicional de que lo padres son los únicos culpables de lo problemas de los hijos, señala el especialista, contribuye a aumentar esta tensión. Inevitablemente, los padres tienden a repasar y corregir todos los comportamientos del niño en función de su historia pasada y presente.Y una de las consecuencias de este ejercicio mental es tomar las fallas del niño como una confirmación de su propia ineptitud."Y un padre que se siente culpable, no aporta una ayuda efectiva en la solución de problemas".
Al parecer, los hijos modernos, planificados y deseados, han aumentado las expectativa de los padres. Y todo ese bagaje de esperanzas y ambiciones ya no recae, como antes, en seis o siete hijos, sino en uno o dos. Aunque no puede afirmarse que una familia numerosa sea un seguro antiestrés, cuando el grupo familiar es mayor, la intensidad de la angustia parece disminuir. Los problemas de un hijo, por ejemplo, pueden ser compensados por el éxito de los otros. "Por otra parte, dice el doctor Levisman, la familia actúa como un grupo de apoyo natural, si es pequeña, hay lógicamente menos recursos.
Y si la unión hace la fuerza, hay que decir que el padre sólo es el más estresado, al tener que asumir sobre sus espaldas toda la responsabilidad. "Pero eso no quiere decir que el hijo que vive con un sólo padre sea un niño con problemas. Esa imagen negativa de la separación es uno de los muchos mitos que hoy aumentan el estrés paterno".
El estrés no es tan negativo como lo pintan. Es simplemente una respuesta de adaptación y la actitud más positiva es la de hacerle frente sin dejarse desbordar por la angustia."El arma antiestrés más eficaz es el diálogo. Una especie de "consejo de familia" donde en forma demócratica se discutan las cosas que molestan o angustian y se propongan soluciones. Lo que sucede es que los padres tienden a compartir sólo los aspectos positivos y a ocultar los negativos". Concluye el doctor Levisman.
Negar el estrés no es más sano que hacer de esa angustia todo un drama. En el sube y baja de esta especie de montaña rusa en que se ha convertido la paternidad, sin duda sigue siendo una tarea gratificante y enriquecedora. "Mucho más atractiva que la monótona alternativa que ofrece un tiovivo",concluye el personaje de la película.

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