Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 2008/11/29 00:00

Un golpe a la cabeza

Irónicamente, un derrame cerebral no suele estar en la mente de nadie. Pero es un evento cada vez más frecuente que causa el 28 por ciento de las muertes en el país.

Un golpe a la cabeza

El 15 de octubre de 2007, María Teresa Flórez de Pinzón sintió un agotamiento inusual. Se encontraba de visita en Los Angeles, Estados Unidos, en casa de su hija. Ese día, alzar a su nieta y bajar corriendo las escaleras desde el segundo piso con la menor en sus brazos, un esfuerzo que en otras condiciones habría sido normal, le produjo una fatiga fuera de lo común. María Teresa se empeñó en seguir haciendo labores, pero dos horas después el malestar aún no cesaba. Cuando se detuvo a hablar con su esposo y su hija sintió que las palabras ya no le salían con fluidez, la lengua no le respondía y un letargo se apoderaba de ella. Totalmente consciente, advirtió la reacción desesperada de sus familiares, aunque no se percató de que el rostro se le contraía y de que la expresión le cambiaba dramáticamente.

Gracias a la ayuda de su yerno, que conocía de primeros auxilios, pudo ser asistida mientras llegaba la ambulancia. Un día después, en plena recuperación en el hospital, le sobrevino un infarto. El derrame cerebral que había tenido estaba íntimamente ligado con el taponamiento de las arterias de su cuerpo. Un altísimo nivel de colesterol había impedido la fluida circulación de la sangre y había desembocado en un doble ataque: cerebrovascular y luego cardiovascular. Su médico de cabecera no la había prevenido sobre el riesgo que corría y apenas la sometió a una audiometría antes de salir de viaje. Ahora, consciente del riesgo, toma drogas para la tensión, el colesterol y para liquidificar la sangre. De ese momento amargo le quedan dificultades visuales.

Según el doctor Jesús Alberto Diazgranados, neurólogo del Centro Médico Imbanaco de Cali, el éxito del tratamiento y la disminución de las secuelas depende de si el paciente llega al hospital en las dos primeras horas posteriores al ataque cerebral, tal y como le ocurrió a María Teresa. Más tarde, las posibilidades de tratamiento son mínimas y las secuelas o la muerte son más frecuentes.

El suyo no es un caso aislado. Hay cerca de 250.000 personas afectadas cada año por ataques cerebrales o derrames, según la Asociación Colombiana de Neurología, y este mal cobra la vida de 40.000 personas anualmente, con lo cual se ha convertido en la cuarta causa de muerte en la población adulta del país. En los países desarrollados el panorama es casi similar: es la tercera causa de defunciones más frecuente después de las enfermedades coronarias y del cáncer.

Las enfermedades cerebrovasculares son las que afectan los vasos de este órgano debido a una alteración de la circulación. Y se produce, por lo general, cuando se forma un coágulo en una de las arterias que irrigan esta zona. Cuando esta se obstruye, el suministro sanguíneo se interrumpe y sobreviene el accidente. La hipertensión también dispara el riesgo del mal. Cuando se da un sangrado dentro del cerebro, la hemorragia es causada casi siempre por una tensión alta no controlada, al igual que cuando suceden infartos de vasos pequeños. Las mujeres son las más afectadas por este grupo de enfermedades.

Casi siempre silenciosa, la enfermedad se desarrolla velozmente, aunque presenta síntomas previos como dificultad para hablar o caminar, pérdida de fuerza, de equilibrio o de visión, confusión repentina y dolor de cabeza inusual. Sin embargo, su letalidad es tal, que cuando sobreviene puede llevar a la muerte en menos de 24 horas.

El riesgo de este tipo de accidentes se puede reducir con una vida sana en la que se elimine el consumo de tabaco y alcohol, se reduzcan la sal y las harinas, y se aumente el consumo de verduras, frutas y grasas poliinsaturadas, además de mantener el control de la tensión arterial, el colesterol y la diabetes.

Aunque cerca del 90 por ciento de quienes sufren un ataque cerebral logra sobrevivir, sus secuelas casi siempre van de la inmovilidad permanente a dificultades de comunicación.
 

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