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| 11/17/1986 12:00:00 AM

VITAMINAS A LA CARTA

Los "golpes vitamínicos" son buenos, pero cuidado: ni tinto, ni tanto...

Un ser raquítico, sin oportunidad de crecer y con graves trastornos nerviosos, probablemente ciego, loco y apático, estéril, anémico y deprimido. Víctima de cardiopatías, convulsiones, hemorragias, al que se le aflojan los dientes, puede quedar calvo y hasta es propenso al cáncer, entre otras cosas.
Así sería el hombre sin esas sustancias, las mismas que ya eran prescritas hace 3.500 años -siglos antes de ser descubiertas- por culturas tan disímiles como la china y la egipcia.
Al menos, fue lo que sucedió con algunas de ellas, según lo registra el papiro de Eber, documento que contiene una de las recetas más antiguas del mundo: "Comer hígado crudo para tratar la ceguera nocturna, los problemas de alta sensibilidad a la luz y otras afecciones oculares".
Lo que no sabían los prehistóricos galenos era que estaban prescribiendo "vitaminas", y en altas dosis. "Especialmente la A -que cumple una reconocida función en la visión- pero, también la E, la D y la B12", dijo a SEMANA el especialista de la Unidad de Medicina Social y Preventiva de la Universidad de Basilea, Suiza, y autor de siete libros sobre las vitaminas, Alfred Hanck.
De esta manera, las vitaminas pasaron de incógnitas -en los más variados alimentos- durante generaciones. Sin embargo, las enfermedades que ocasiona su deficiencia sí se manifestaron desde un principio; incluso se han encontrado esqueletos de la era de las cavernas que sufrieron deformaciones típicas del raquitismo -una de las manifestaciones características de la falta de vitamina D. Mucha historia y conocimientos fue necesario acumular hasta que a comienzos del presente siglo (1912) el científico norteamericano Casimire Funk, investigando el origen del beriberi (b-b) -enfermedad que se caracteriza por trastornos motores, de sensibilidad y lesiones del aparato cardiovascular- encontró en el extracto de cascarilla de arroz una sustancia que identificó como "amina esencial para la vida o vitamina".
El b-b era muy frecuente en la nobleza china, cuya alimentación básica consistía en arroz "pelado" -símbolo de distinción. Entre tanto, los plebeyos también consumían grandes cantidades de arroz- sin pelar y parecían protegidos por los dioses ya que no los acechaba esa terrible afección.
El hallazgo de Funk logró desentrañar el misterio, pues la despreciada cascarilla de arroz es una fuente directa de vitamina B, sustancia que evita el b-b.

Y SON SORPRENDENTES
Más adelante se identificaron otros compuestos indispensables para el funcionamiento normal del cuerpo humano que estaban presentes en los alimentos, en muy pequeñas cantidades. Estos fueron "bautizados" con letras del alfabeto y recibieron también el nombre de vitaminas, por su carácter vital, aunque no necesariamente son aminas.
Y en sólo tres cuartos de siglo han demostrado sus múltiples propiedades que... evitan la ceguera nocturna, protegen de infecciones, de la depresión y otros trastornos nerviosos, suavizan los síntomas del catarro, evitan la anemia, el raquitismo, protegen de los efectos nocivos del tabaco y la contaminación y hasta mejoran el rendimiento laboral, entre otras muchas cosas.

"COMO EL ACEITE"...
"En primera instancia las vitaminas se encuentran en los alimentos, nuestras fuentes naturales de energía para crecer, caminar, hablar, pensar y existir", señaló Hanck y agregó: "Para poder transformar esa energía del alimento en energía corporal se necesitan enzimas que regulen las reacciones del metabolismo y la mayoría de las vitaminas, especialmente las del complejo B, son la parte esencial de esas enzimas".
Así, explicó a SEMANA el investigador, "mientras las proteínas y los carbohidratos de los alimentos proporcionan energía -como lo hace la gasolina para los carros- las vitaminas asumen la función de lubricar, hasta cierto punto como lo hace el aceite con los carros".
Es necesario ingerir los alimentos mencionados, porque la carencia de una o varias vitaminas es capaz de originar peligrosas afecciones e incluso la muerte. Por este motivo, el especialista John Marks, director de estudios médicos del Girton College de Cambridge decidió identificar los primeros síntomas que pueden alertar a una persona con deficiencias vitamínicas.
Estos son: fatiga, malestar, apatía, depresión (debido particularmente a falta de vitamina B) y también puede ser notoria la anorexia o falta de apetito. Así mismo, se pueden presentar dolores de cabeza, entumecimiento o adormecimiento, picazón en la piel, dolores de espalda (falta B12 y ácido fólico) o cambios en la personalidad (deficiencia de niacina).
Posiblemente, la visión se torna borrosa (falta A y B1), las encías sangran (deficiencia vitamina C), aparecen llagas en los labios (falta B1) y el sentido del gusto es cada vez más pobre (carencia de B2 niacina, etc.).
En su libro -recién publicado en los Estados Unidos-, "Las vitaminas y su papel en la práctica médica" (The Vitamins and their Role in Medical Practice) Marks asegura que también se pueden presentar desórdenes gastrointestinales (por deficiencia de niacina), alteraciones cardiovasculares y dificultad de respirar. Poco a poco los síntomas se hacen más notorios y complejos. "Si usted empieza a sufrir algunos de estos síntomas es aconsejable visitar a un especialista para suplir la deficiencia en el menor tiempo posible y proteger su salud", resalta Marks.

NI TINTO, NI TANTO
Claro que tampoco hay que exagerar. Desde la década del 50 se empezó a generalizar la administración de "golpes vitamínicos", bien llamados así porque han sido capaces de noquear a más de uno.
En la mayoría de los casos esto se debe a que piensan que "si poco es bueno, mucho es aún mejor", teoría desvirtuada en el ámbito de las vitaminas. En particular las vitaminas A, D y K se van acumulando en el hígado y diferentes órganos del cuerpo y si se suministran altas dosis por largos períodos, la intoxicación no se hace esperar.
De acuerdo con el especialista Agustín Caballero (revista Tribuna Médica), son frecuentes los casos de niños que experimentan náuseas, angustia, urticaria, edema, estado de deshidratación y a veces muerte por colapso, debido a dosis extremas de vitamina C. "La intoxicación de menores de 6 meses se presenta cuando las madres suministran en forma interdiaria más de 10 frascos (100.000 Unidades) de vitaminas a los pequeños pensando que así pueden curar bronquitis y otras afecciones", anotó.
El profesor de la Universidad Javeriana, Jaime Michelsen Rueda, por su parte, señaló cómo el exceso de vitamina A es capaz de causar trastornos visuales, irritabilidad, dolores de cabeza, de huesos, caída del cabello y fiebre. Así mismo, dijo, las sobredosis de vitamina B pueden anormalizar el funcionamiento del hígado, el exceso de vitamina C puede generar fuertes diarreas, mucha vitamina D lleva a una pérdida de peso y exceso de vitamina K, a una anemia. (Ver cuadro).

EL DILEMA ES "TOMAR O NO TOMAR"
El asunto es lograr el equilibrio, conservar la llamada "reserva de vida", de vitaminas, proteínas, carbohidratos y agua. Algunos la describen como una cuenta bancaria de recursos vitales que se pueden emplear de acuerdo con las necesidades; pero hay que balancear los retiros con los depósitos, de lo contrario se puede poner en bancarrota la salud, al igual que las finanzas.
Es así como año tras año de indiscreciones dietéticas, de anteceder el sabor al valor nutritivo de los alimentos, pueden minar la salud y acortar la existencia. Algunos afirman que una alimentación balanceada que incluya verduras, carnes y sobre todo muchas frutas, puede garantizar el abastecimiento adecuado de vitaminas y todos los nutrientes, pero otros lo ponen en duda.
Estos últimos sostienen que la calidad de los alimentos -debido a los pesticidas, los múltiples colorantes, preservativos, variados productos químicos y la deshidratacion que sufren por la congelación, destruyen los componentes naturales y deterioran su valor nutritivo.
Además señalan que los procesos culinarios también contribuyen a la destrucción de las vitaminas: "las vitaminas B y C se disuelven en el agua, el ácido fólico, la B1 y la B6 se pierden con el calor, la B2 desaparece por la acción de la luz y la C es destruida por el calor, la luz y el aire".
Es aconsejable, entonces, consumir alimentos frescos y no excesivamente cocinados. Así mismo, algunos países tienen como política enriquecer alimentos de consumo popular como el azúcar y la leche con vitaminas -y se ha comprobado, por ejemplo, que la vitamina C puede mejorar la calidad de la harina, su rendimiento y disminuir el tiempo de cocción.
Como conclusión, los científicos consultados por SEMANA señalan que la base es una buena alimentación y el resto -los "golpes vitamínicos"- se deben dar por añadidura y preferiblemente con asesoría médica. No lo olvide.




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