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| 5/13/2006 12:00:00 AM

Voz de esperanza

Soraya, la cantante que dedicó sus últimos años a luchar contra el cáncer de seno, quiso dejar un legado que trasciende el arte: la conciencia sobre la prevención de esa enfermedad.

"Casi se me acaba la fe.Casi se me escapa el amor. Casi se me quiebra la inocencia, se me agota toda la fuerza para luchar un día más. Casi me rendí...". Con estas palabras convertidas en canción, Soraya demostró que, además de la música, la lucha por la prevención del cáncer de seno se convirtió en el motor de su vida. Sus letras reflejaban su fortaleza para superar la muerte y ayudar a otros en el mismo camino. Y aunque su cuerpo, al final, fue vencido por la enfermedad, no sucedió lo mismo con su empeño, que hoy es su mayor legado. "Sólo me queda pedirles humildemente que continúen apoyando nuestra misión, no se dejen vencer.. . hay mucho camino que recorrer y esta lucha vale la pena", fue el mensaje que la artista escribió a los medios de comunicación días antes de su muerte el 9 de mayo, en Miami, a sus 37 años.

Como su canción, a ella nunca se le acabó la fe, pese a las circunstancias. En julio de 2000, con apenas 31, años recibió la terrible noticia: le diagnosticaron cáncer de mama. Lo más difícil de su situación era que su madre había muerto recientemente víctima de la misma enfermedad y, paradójicamente, a raíz del hecho, Soraya se había convertido en la portavoz para las mujeres latinoamericanas de la fundación del Cáncer de Seno Susan G. Komen. En ese momento decidió retirarse de los escenarios y los estudios de grabación, para dedicarse por completo a su curación. "Con cáncer, la muerte no es que esté más cerca, sino que está más presente. Lo que tuve que hacer fue aceptarlo. Pensé que lo único que podría controlar era la calidad de cada uno de mis días". Eso le dijo en una entrevista a la revista Fucsia en agosto de 2003, a pocos meses de haber grabado su cuarto álbum, titulado Soraya, que le valió un Grammy latino como mejor cantautora y que estaba completamente inspirado en su propia experiencia. Para ella fue como iniciar una nueva vida, una sensación similar a la que sintió en 1996, cuando grabó su primer disco, En esta noche, que hizo que el mundo conociera a la cantante norteamericana de origen colombiano, de voz dulce y angelical. Pero esta vez la satisfacción era más grande.

En julio del año pasado visitó la tierra de sus padres para promover su último disco, El otro lado de mí. También participó en eventos para promover la lucha contra el cáncer de mama y hablar a los medios para concientizar a las mujeres a partir de su propia experiencia. Era un asunto que había estado siempre presente en su vida. Además de su madre, su abuela y su tía también murieron víctimas del mismo mal.

La historia familiar es uno los mayores factores de riesgo de esta enfermedad. Una persona cuya madre, hermana o hija haya sido diagnosticada con este mal tiene mayores probabilidades de desarrollar también un tumor maligno. El riesgo es aun más grande si esa familiar fue diagnosticada antes de los 40 años.

La edad también es un factor importante. Las mujeres son más vulnerables a medida que van envejeciendo. De hecho, la mayoría de los casos se da en mujeres mayores de 60 años. Estudios recientes han demostrado que las mujeres que sufren de cáncer de seno presentan mutaciones en dos genes: el BRCA1 y el BRCA2. Actualmente existen tests genéticos para determinar con anterioridad si la persona presenta dicha mutación. Sin embargo, este procedimiento de detección es polémico, pues aún no hay una manera de corregir el error genético y se puede angustiar a la paciente o tomar decisiones drásticas como hacer una mastectomía radical para evitar la enfermedad, aún sin saber si se va a desarrollar en el caso específico. Otros riesgos son el sobrepeso u obesidad, la falta de actividad física y el consumo de alcohol. No haber tenido hijos, o demorar el momento para tenerlos a una edad muy avanzada, aumenta las posibilidades.

Lo que sí se sabe es que tocarse los senos no da cáncer. Al contrario, hacer el autoexamen una vez al mes puede ayudar a que este mal sea descubierto a tiempo, lo cual hace que el pronóstico y el tratamiento de la enfermedad sean menos agresivos. Las mujeres mayores de 40 años deben practicarse también la mamografía una vez al año y llevarla a su ginecólogo para la revisión anual. Si, en efecto, se llega a encontrar alguna masa sospechosa o cambio físico en la forma del seno, el médico debe hacer una biopsia para poder comprobar si se trata de un tumor maligno. Es importante tener en cuenta que no todos los tumores son malignos y cualquier anomalía no significa que la paciente tenga cáncer. De todas maneras, es muy importante que ante cualquier sospecha se consulte a un médico.

Lo importante es detectarlo en las primeras etapas, idealmente en la fase precancerosa. Y esto sólo se puede lograr si se practican rigurosamente los exámenes y se visita anualmente al ginecólogo. En resumen, si se toma conciencia de los riesgos de la enfermedad. Esta fue, justamente, la gran campaña que promovió Soraya durante los últimos 10 años de su vida, y que no acabará con su muerte. Como la misma artista dijo: "La esperanza no se va conmigo".
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