| 1990/07/09 00:00

YO SE QUIEN SABE...

Un nuevo y revolucionario concepto sobre la inteligencia rescata del grupo de los "brutos" a los estudiantes malos en matemáticas.

YO SE QUIEN SABE...

Muchos estudiantes que pasaron su vida en un rincón del salón de clases, tildados de "brutos" y "cerrados", habrían salvado su ego en esta época en que los científicos reconocen que la inteligencia tiene múltiples caras. El concepto tradicional ha sido revaluado. Aquella definición que interpretaba la inteligencia como un pequeño grupo de habilidades mentales, medibles en el famoso I.Q. cuociente intelectual-, y que convertía automáticamente en "no inteligente" a una persona, no funciona más. Quedaron atrás las épocas en que grandes grupos de población, por cuenta de un test, quedaban marginados o con pocas posibilidades de acceder a niveles superiores de educación.

Desde hace algunos años la nueva definición de inteligencia ha venido ganando aceptación. Esta incluye una gama mucho más amplia de habilidades que puede ser considerada cuando se trata de calificar a un ser humano. Dentro de este orden de ideas, no necesariamente quien no tiene habilidades matemáticas es bruto. Este cambio supone importantes repercusiones sociales y educativas.

La idea de que la inteligencia es una sola "cosa", una especie de poder mental que puede ser medido por un test, de la misma forma que la electricidad puede ser medida por un galvanómetro, ha sido definitiva en el mundo académico y de investigación durante la mayor parte de este siglo.
Aunque el sicólogo francés Alfred Binet -creador en 1905 del primer testconcebía la inteligencia como el ejercicio de una variedad de habilidades mentales, su discípulo Charles Spearman, un sicólogo inglés, le agregó un principio que vino a cambiar el rumbo del concepto original y que pronto fue ampliamente aceptado: hay un factor común a todas esas diversas funciones. El lo llamó "inteligencia general" y lo simbolizó con una G. Según Spearman, toda actividad cognitiva requería acceso a ese factor.

Pero las cosas no eran tan claras y la polémica estaba siempre al rojo vivo. No había acuerdo en torno a si ese factor era básicamente innato o más o menos susceptible a la influencia del ambiente. Sin embargo, los sicólogos que siguieron a Spearman continuaron creyendo en el factor G y trabajaron para desarrollar nuevos y mejores test de medición.
En 1912, William Stern, un sicólogo alemán, inventó el concepto de cuociente de inteligencia, que dividía la "edad mental" de una persona (descubierta a través de un test ) por la edad cronológica. Cuatro años después se conoció la versión americana del test Binet, perfeccionada por el sicólogo norteamericano Lewis Madison Terman, de la Universidad de Stanford.

El test se conoce como BinetStanford. Pero hay muchas dudas sobre su confiabilidad para medir el I.Q. La experiencia ha demostrado que no hay mucha correlación entre los puntajes que obtiene la gente y su desempeño académico o inclusive su posterior éxito en la vida. El número de personas que en su infancia no se distinguieron propiamente por un I.Q. alto y que luego triunfaron en la vida es tan alto, como el de aquellos "genios" que después fracasaron rotundamente. Es evidente, pues, que lo del I.Q. es relativo. Lo que mide es apenas una parte de un conglomerado de elementos que conforman lo que se conoce como inteligencia humana, una parte de la cual puede muy bien no tener nada que ver con esas habilidades cognitivas que permiten a las personas desempeñarse exitosamente en variados campos.

Hoy el factor G ya no domina la discusión científica sobre la inteligencia. Ha tomado su lugar una visión mucho más amplia y, de lejos, más pluralista. La inteligencia se ve hoy más bien como un mosaico de muchas y muy distintas unidades.
Robert J. Sternberg, un sicólogo de Yale, ha construido una teoría "triárquica" de la inteligencia humana, que se enfoca en áreas como el sentido común. J. P. Guilford, por su parte, clasifica las actividades intelectuales en 120 categorías, mientras en una reciente reunión de sicólogos se sugirió que los seres humanos podrían tener 800 mil habilidades intelectuales.

Por ahora, sin embargo, la aproximación que parece más satisfactoria es la teoría de las múltiples inteligencias de Howard Gardner. Echando mano a datos derivados de los campos de la neurología, la antropología, la sicología y la patología, Gardner ha considerado siete áreas de competencia intelectual -que él llama inteligenciasque son relativamente independientes las unas de las otras. En el desarrollo de esta teoría, Gardner va más allá de lo teórico y ofrece evidencia sicológica de que cada una de esas siete inteligencias existe con su identidad relativa.

Gardner da numerosos ejemplos de pacientes que han perdido todas sus habilidades lingüísticas, como resultado de una lesión en los centros del lenguaje en el hemisferio izquierdo del cerebro, pero quienes, sin embargo, conservan la habilidad de ser músicos, artistas visuales y aún ingenieros. La mayoría de las habilidades musicales parecen estar localizadas en el hemisferio derecho, y por eso las lesiones en los lóbulos frontal y temporal causan dificultad para distinguir los tonos. Destaca que las lesiones en ciertas áreas del hemisferio izquierdo afectan dramáticamente las habilidades lógicas y matemáticas.
Para apoyar su teoría de que existe una inteligencia corporal-quinestésica, Gardner describe pacientes que han perdido sus capacidades lógicas y lingüísticas, pero que no muestran mayores dificultades para llevar a cabo actividades motoras difíciles. Y cita casos de pacientes con lesiones del hemisferio derecho que tienen dificultades con la representación espacial y otras tareas visuales, pero a quienes nos les fallan las habilidades lingüísticas. Aun para las elusivas inteligencias personales, hay datos neurológicos que las soportan. Mientras una lobotomía apenas si causa daño a aquellas habilidades mentales que se pueden medir con el test de I.Q., el impacto ruinoso de ese procedimiento quirúrgico en varios aspectos de la personalidad, es de sobra conocido.
Según Gardner, su principio metodológico es mirar la mente a través de varias lentes -desarrollo, material cultural cruzado, datos evolutivos-. Y estas diferentes lentes apoyan la existencia de múltiples inteligencias. Lo que hace atractiva esta teoría es la creencia de que individualmente se nace con ciertas fortalezas y ciertas debilidades en cada una de las áreas cognitivas, y que reforzando el desarrollo de las fuertes, las débiles se van fortaleciendo. Esta revolucionaria teoría he permitido empezar a ver la educación como algo más que la tarea de sacar adelante a unos pocos niños para volverlos líderes. De lo que se trata es de desarrollar talentos latentes de toda la población en sus diversas formas.

Desde luego a la teoria no le faltan críticos. Para algunos no es otra cosa que el resultado de un falso optimismo. "Es una teoría que llama inteligencia a cualquier cosa buena del comportamiento humano", dicen algunos especialistas. "Es una teoría de los talentos, no de la inteligencia", señalan otros. Una habilidad es un componente de la inteligencia cuando no se puede salir adelante sin él, y un talento es cuando no necesariamente su ausencia significa una desventaja notoria. Gardner se defiende afirmando que, aunque respeta la tradición y el desarrollo de las habilidades básicas, cree que hay que estimular la creatividad. En la medida en que se ha trabajado con un estrecho concepto de la inteligencia la definición escolástica muchos niños han llegado a pensar que son estúpidos o brutos, porque no son buenos para las matemáticas, por ejemplo, y no se han dado cuenta de que tienen otras aptitudes que pueden desarrollar y que pueden ser importantes para un futuro éxito en la vida.

Ampliar el concepto de inteligencia y darse cuenta de que la gente puede no tener "inteligencia" para llenar los requisitos escolares tradicionales, pero sí para otros campos de similar importancia, es de enorme valor: puede evitar la frustración de millones de personas en el mundo.-

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