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| 8/8/1988 12:00:00 AM

CUENTA REGRESIVA

El Discovery, sucesor del Challenger, esta listo para reiniciar la carrera espacial norteamericana.

Como un ave fénix que renace de sus cenizas, el programa del trasbordador espacial norteamericano está a punto de retomar el camino que había perdido tras el desastre del Challenger en enero de 1986. Si las cosas salen como está previsto, el Discovery, uno de los tres trasbordadores que restan hoy en la flota--los otros dos se llaman Columbia y Atlantis--se remontará al espacio a finales de agosto o comienzos de septiembre. Pero esta vez los millones de espectadores que se reunirán en los alrededores del Centro Espacial Kennedy y los que verán el lanzamiento por T.V. tendrán el corazón en la mano, pues del éxito o el fracaso de la misión, dependerá el futuro de la participación de los Estados Unidos en la conquista del espacio exterior.

Lo que motiva las preocupaciones, no sólo de la opinión pública norteamericana sino de la NASA, son las 600 modificaciones que recibió el diseño básico de la astronave, que, si bien están dirigidas individualmente a evitar que se presenten fallas como la que ocasionó la explosión del último shuttle, pueden ser a su vez motivo de nuevos problemas. Por lo pronto, el proceso anterior al lanzamiento ya se realizó, cuando el lunes de la semana pasada el Discovery salió por primera vez en varios meses a la luz, desde su hangar de 52 pisos, para ser transportado en posición vertical, sobre gigantescas orugas, a la plataforma de lanzamiento.

La misión del Discovery será, en esas condiciones, esencialmente un vuelo de prueba. Por esa razón, a bordo ya no irán sino astronautas experimentados, capaces de enfrentar debidamente cualquier sorpresa que se presente. Los cambios más importantes del trasbordador se han efectuado en el diseño del cohete de combustible sólido que provee el empuje necesario para abandonar la atmósfera, cuya falla ocasionó la explosión del Challenger. Pero al lado de esta modificación principal, se llevaron a cabo cientos en la nave en si, sus sistemas y también en el equipo de soporte en tierra.
Los riesgos de salir al espacio en una nave que ha sufrido tantas modificaciones no escapan a nadie, y menos a los científicos de la NASA.
Richard Colonna, jefe de la oficina de proyectos orbitales con sede en Houston, Texas, afirmó a The New York Times que "hay un cierto grado de riesgo en todo esto, pero estamos trabajando para minimizarlo".

Esas palabras se refieren esencialmente a las pruebas que se han realizado en tierra, en busca de puntos débiles en cualquiera de las partes del trasbordador. El equipo alterado ha sido sujeto a tumbos, vibraciones, tensiones, se ha encendido y vuelto a apagar, armado y desarmado hasta llegar a la máxima certeza posible sobre su funcionamiento. Pero la gran prueba, la única que puede dar total certeza, es el vuelo en sí mismo.

Hasta ahora, el costo de modificar el trasbordador Discovery y sus sistemas de tierra va en US$2.400 millones, de acuerdo con fuentes de la NASA. Pero cuando todas las alteraciones estén listas, la cuenta no habrá bajado de US$3.500 millones, una cifra que hace temblar a los responsables del presupuesto para el caso de que algo vaya mal. Con esa cantidad de dinero se han realizado, entre otros, los siguientes trabajos:

-Los cohetes de combustible sólido, de 44.7 metros de altura, han sido rediseñados de pies a cabeza en un proceso que envuelve 145 cambios en los componentes, incluidos las juntas y sellos entre los segmentos, que causaron el desastre de 1986. También han sido cambiados el aislamiento interno, el sistema de ignición del combustible, la tobera de escape, y el soporte gigante que mantiene en su lugar al cohete. Como refuerzo, se ha añadido un sistema de calentadores externos para evitar el congelamiento de algunas piezas, que se consideró clave en el desastre.

-Los tres motores principales de combustible líquido han recibido 30 cambios en su estructura, el más importante la modificación de las aspas de la turbobomba para evitar la formación de grietas a grandes presiones. También se fortaleció el anclaje de la válvula principal de combustible y las salidas de la cámara principal de combustión.
-El tanque externo de combustible, de 46 metros de largo, que almacena el oxígeno líquido y el hidrógeno para los motores principales, ha sufrido 8 modificaciones, de las cuales son especialmente importantes el uso de una batería más confiable y el rediseño de una carga explosiva que desconecta ciertos cables eléctricos en el momento del lanzamiento.
-La nave espacial, de 36 metros de largo, ha recibido al menos 220 cambios, principalmente en el cablaje, los frenos y los sistemas de control. También se ha fortalecido el diseño del tren de aterrizaje, la estructura de las alas y se ha mejorado el aislamiento de calor que recubre la superficie de la nave para evitar su recalentamiento al reingresar a la atmósfera terrestre.
Un par de válvulas de combustible, que conectan la nave con el tanque externo han sido rediseñadas para asegurar que se mantengan abiertas durante el lanzamiento. Pero la modificación más importante para el público es la que incluyó un sistema de escape para los astronautas, que brinda diferentes soluciones según la etapa del vuelo en que se presente la emergencia.

Esos cambios en la nave en sí misma fueron complementados con modificaciones en los equipos de tierra, entre los cuales se destaca la instalación de un sistema de seguridad para el caso de un incendio en el lanzamiento, que incluye una trampa de acero que sirve de mampara para los tripulantes, y la modificación de los programas de computador para añadir nuevas seguridades.

Pero a pesar de las pruebas en tierra, que incluirán, antes del lanzamiento, el encendido de los motores durante 30 segundos, la expectativa se centra sobre el vuelo real, y sólo entonces se podrá determinar en realidad los norteamericanos están vivitos y coleando en la carrera por la conquista del espacio. --
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