Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2006/02/12 00:00

Cumbre intrascendente

No pasó lo que tenía que pasar en Túnez. El mundo continúa esperando una solución de fondo para la brecha digital.

Cumbre intrascendente

En la Cumbre Mundial de la Sociedad de la Información que tuvo lugar en Túnez la semana pasada podían ocurrir dos cosas: cambiar la historia de las TIC y de la brecha digital en el planeta o podía no ocurrir nada. Ocurrió lo segundo. Estados Unidos mantuvo el control técnico de Internet y salvo un gaseoso compromiso de consultar a los demás países en los casos en los que ICANN (la entidad que administra los dominios en la red) tome decisiones que afectan a otras naciones, las cosas quedaron como estaban. La amenaza europea de fracturar Internet en dos si Estados Unidos se negaba a compartir la administración de la autopista, no pasó de eso, puras palabras. Un foro será convocado el año próximo para discutir mecanismos multilaterales de consulta sobre temas como cibercrimen, spam y virus, y allí Estados Unidos se comprometió a tener en cuenta la opinión de otras potencias tecnológicas. Eso fue todo en materia de "gobernanza de Internet". En cuanto al espinoso tema de cómo va a financiarse la lucha contra la brecha digital, la cosa quedó como estaba previsto: Un Fondo de Solidaridad Digital, propuesto por Senegal hace algún tiempo, tendrá carácter voluntario nada más; quiere decir, pone plata el que así lo desee, pero ningún país rico ni el sector privado, que se lucran a fondo con las TIC, está en la obligación de meterse la mano al bolsillo. Y el más urgente de todos los objetivos de esta reunión, el de los compromisos de cada Estado miembro de Naciones Unidas en materia de conectividad e inclusión digital, quedó también en llamados protocolarios para que los gobiernos del mundo lleven a la práctica los mandatos de la Cumbre, que entre otras cosas, se construyeron en la primera parte de ella, realizada hace dos años en Ginebra. Túnez no logró crear un mecanismo que obligue a nadie a cumplir con lo pactado en Ginebra en 2003 y sólo queda esperar que los gobiernos del planeta tengan la voluntad de ocuparse de tales temas. El llamamiento de Kofi Annan resume la angustia que produjo la falta de resultados del evento: "Los obstáculos son más políticos que financieros. Los costos de la conectividad pueden reducirse y pueden hacerse accesibles universalmente, pero tenemos que mostrar la voluntad para conseguirlo". La Cumbre fue escenario de interesantes debates, especialmente alrededor del tema de las libertades de información y comunicación, más que sobre brecha digital. Hay muchas quejas sobre el viejo vicio de los gobernantes de reprimir las voces disidentes, que ahora buscan en Internet el espacio del que suelen carecer en los medios tradicionales. Internet ha sido hasta la fecha un espacio de expresión libre, y varias influyentes organizaciones de la sociedad civil se pronunciaron en favor de mantener ese perfil. Por eso la Cumbre decepcionó a muchas de ellas: "La falta de compromiso de esta cumbre en implantar principios fundamentales de libertad de expresión, confirma la idea de muchos de que esta cumbre no creará un entorno posibilitador de una sociedad de la información basada en los valores democráticos", dijo en su intervención en plenaria el Secretario General de la Federación Internacional de Periodistas, Aidan White; se refería claramente a la presencia en la Cumbre de numerosos gobiernos famosos por su control y censura sobre Internet y su persecusión a los ciberdisidentes, incluido el propio gobierno del país sede. Finalmente, uno de los hechos más destacados de la Cumbre fue la presentación, de viva voz del propio Nicholas Negroponte, director del Media Labs del MIT, del Computador de 100 dólares, una notable iniciativa de reducción de la brecha digital basada en regalar a los niños pobres del mundo un poderoso e innovativo portátil.

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