Lunes, 23 de enero de 2017

| 1990/01/22 00:00

DESDE LO ALTO

En el futuro serán los satélites los que vigilarán a los volcanes.

DESDE LO ALTO

Cuando el volcán nevado del Ruiz hizo erupción en la noche del 13 de noviembre de 1985 murieron 25 mil personas atrapadas en la avalancha del lodo que se precipitó sobre la población de Armero.
Mucho se ha hablado de que esa era una tragedia anunciada, puesto que los instrumentos emplazados en la montaña habían detectado los tremores desde semanas atrás y habían notificado de ello a los funcionarios competentes. Pero la tecnología disponible, que sólo es capaz de producir una advertencia demasiado vaga, no logró convencer a los pobladores de la urgencia inminente de abandonar sus viviendas.

Eso, probablemente, hubiera pasado en cualquier lugar del mundo, pues la incredulidad de los hombres ante la proximidad de un desastre natural es tan antigua como la humanidad misma. Pero los científicos han seguido trabajando para conseguir un sistema de detección de erupciones suficientemente confiable como para que la tragedia de Armero nunca se repita.
Una de las claves para efectuar predicciones más precisas es hacer la observación de cada volcán en forma continua durante un largo período.
Los científicos esperan poder hacerlo mediante el uso de satélites. La razón es clara. Un satélite flota sobre las montañas y las selvas y, contrariamente a los instrumentos situados en la superficie terrestre, puede analizar el volcán en forma integral. Así, el artefacto podría registrar el flujo total de calor emanado del fenómeno, y tal vez indicar en qué momento el asunto está pasando de castaño a oscuro .

Esa es la idea que algunos científicos norteamericanos están desarrollando en el Instituto Planetario y Lunar de Houston, Texas. Se trata del doctor Peter Francis y sus colaboradores, quienes calcularon la cantidad de calor irradiada por el volcan Lascar de Chile, para lo cual usaron imágenes infrarojas hechas por el satélite Landsat entre 1985 y 1986. Durante ese lapso, las imágenes mostraron que Lascar era el único volcán--entre los 50 de los Andes centrales que se encuentran en actividad--que mostraba un "punto calienle" en su cráter.
Este punto podría haber sido un sector de roca incandescente o un depósito de lava. En cualquier caso, se trataba de una señal de algo que estaba a punto de presentarse: ello quedó confirmado cuando el Lascar fue estremecido por una pequeña erupción el 16 de septiembre de 1986.

"Landsat nunca permitirá hacer predicciones precisas sobre la posibilidad de una erupción", declaró Francis la semana pasada, "porque analiza el mismo punto de la superficie terrestre solamente cada 16 días, y porque sus siete canales de ondas sólo son capaces de mediciones muy aproximadas de las ondas de calor".

Ello entusiasma a los investigadores sobre las posibilidades de la observación espacial en la prevención de los desastres volcánicos. Al final de los años 90, como parte de un programa de NASA llamado "Misión al planeta Tierra", se está planeando lanzar satélites que contendrán instrumentos capaces de mediciones mucho más precisas, no sólo del flujo de calor, sino de la cambiante forma del volcán respectivo y de los gases expulsados por el cráter. Algunos de esos satélites estarán en órbita geoestacionaria, desde donde podrán mantener constantemente un ojo sobre las zonas de peligro.

Con un sistema de tal magnitud los pobladores de las vecindades de un volcán podrían tener un sistema confiable que les convenciera de la urgencia de abandonar a tiempo el lugar. Pero falta aún saber si esos pobladores del siglo XXI tendrán más fe en su tecnología que los actuales.-

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