Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 1988/04/25 00:00

DESTINO: MARTE

Los soviéticos llevan la delantera en la nueva etapa de la carrera espacial al planeta rojo

DESTINO: MARTE

Desde los tiempos de las antiguas civilizaciones mesopotámicas, cuando viejos sacerdotes gozaban del monopolio de la religión y de la ciencia y comenzaban a levantar sus ojos para tratar de leer el firmamento, ningún planeta ha despertado más la imaginación de los hombres.
Lo primero que casi todas esas culturas hicieron fue asociar el color rojo de la estrella con el Dios de la guerra de cada una de ellas. Así, el astro fue Nergal para los sumerios, y siglos después, Ares para los griegos y Marte -como se le conoce hoy- para los romanos. En épocas mucho más recientes, los astrónomos creyeron, después de pacientes observaciones telescópicas del planeta, que en su superficie había huellas de canales que sólo podían haber sido construídos por mentes inteligentes. La expectativa de la vida en Marte llevó entonces a los autores de ficción a soñar invasiones de seres verdes y enanos.
Hoy en día, Marte sigue siendo un indiscutible foco de atracción. Pero ahora, el mito y la ficción han dado paso a la exploración científica más rigurosa. Naves no tripuladas han fotografiado Marte, despejando las principales dudas sobre los marcianos, pero descubriendo a la vez un mundo mucho más dinámico que el lunar y mucho más hospitalario que Venus o cualquier otro de los planetas del sistema solar.
La primera fase de la exploración de Marte se llevó a cabo en la década pasada. Los vehículos Mariners enviados por la NASA permitieron trazar el mapa de la totalidad de la superficie marciana y, más tarde, en el verano de 1976, 2 naves llamadas "Vikingos", aterrizaron en la polvorienta y roja planicie de Marte, analizaron muestras recogidas con sus brazos-robot, pero no lograron hallar evidencia de vida. Después de los informes de estas naves, Marte fue literalmente abandonado.
EL RETO DE MOSCU
Ahora, más de diez años después, una nueva y mucho más ambiciosa era marciana está a punto de comenzar. Esta vez, los soviéticos han tomado la delantera, y ya tienen preparadas dos naves que serán lanzadas hacia el planeta rojo en julio próximo.
Funcionarios especiales de la URSS, entusiasmados por los éxitos que alcanzaron en la exploración de Venus y del cometa Halley, hablan en forma confidencial y a veces abiertamente, de planes para una serie de expediciones que en la próxima década, habrán de recorrer la superficie marciana con cámaras, globos y vehículos manejados a control remoto. Los soviéticos esperan que antes de terminar este siglo, un cohete suyo vaya a Marte y regrese a la Tierra con una completa muestra de suelo marciano.
Esta vez, como dijera recientemente un articulista del New York Times, ya no se trata tanto de buscar vida en Marte, como de llevar vida a Marte.
En efecto, los soviéticos sueñan desde ya con llevar cosmonautas a ese planeta en la primera década del siglo XXI.
Los Estados Unidos, por su parte, han decidido aceptar el reto de Moscú. Políticos y científicos han dicho en varias oportunidades que antes del 2010, es necesario enviar una nave tripulada a Marte, no sólo por razones científicas, sino también por razones políticas y económicas, relacionadas con el liderazgo que la potencia occidental no debe perder. El mes pasado, en una declaración sobre el futuro de la política espacial, el gobierno de Ronald Reagan planteó el asunto con toda claridad, al afirmar, por primera vez, que el objetivo a largo plazo de esa política era "la presencia y actividad humanas más allá de la órbita terrestre en el sistema solar". Y como no todo han de ser palabras, el gobierno de Washington presupuestó para este año 100 millones de dólares, que deberán ser invertidos en desarrollar tecnologías que permitan establecer una estación humana en la luna, que sirva como escala en la ruta a Marte.
Para Michael B. Duke, supervisor de buena parte de los estudios que la NASA está efectuando sobre la cuestión marciana, le otorga gran importancia a esta declaración. "Hace dos años, ningún funcionario hablaba de misiones a Marte -cuenta Duke-, y ese panorama en el que todo el mundo veía eso como algo muy lejano, definitivamente está cambiando. Después del accidente del Challenger, nos criticaron por ser poco seguros, pero también por ser poco atrevidos. Hemos empezado a aceptar que debemos explorar y no solamente transportar, y vamos a dedicarnos más a los objetivos de exploración".
Por el lado ruso, también hay nuevos vientos. Cada vez es más claro que, a diferencia de lo que sucedía en el pasado, los soviéticos quieren contar con otros países, incluídos los Estados Unidos, para cooperar en proyectos espaciales. La invitación se hizo explicita durante la reciente cumbre Reagan-Gorbachov. "Podemos ir a Marte juntos", dijo en un artículo de prensa publicado en EE.UU. Roald Z. Sagdeyev, el influyente director del Instituto de Investigaciones Espaciales de Moscú.
Pero esta invitación, que los científicos de EE.UU. consideran sincera, no deja por ello de ser también un reto. Sin un desarrollo similar de las investigaciones sobre Marte, ¿cómo podrían los norteamericanos convertirse en socios igualitarios de los soviéticos? "Es un motivo más -asegura Duke- para avanzar por nuestro lado".
EN BUSCA DEL AGUA
El futuro de la exploración de Marte puede ser observado ya en un terreno árido y pedregoso, en las afueras de Pasadena, California, que simula la superficie del planeta rojo. Una vez por semana, bajo la acuciosa mirada de los ingenieros, un extraño vehículo apoyado en tres pares de llantas con ejes de gran flexibilidad, recorre el área. Arranca, se detiene, vuelve a avanzar, mientras supera toda clase de obstáculos y evita, gracias a sus propios sensores caer en un precipicio. Es una versión de dos y medio metros de largo del "saltamontes" americano que deberá recorrer las llanuras marcianas.
Hasta ahora, la única misión espacial aprobada por Estados Unidos es el Observer, que según los planes será lanzado en 1992 y estará en órbita de Marte durante varios años. Sus equipos registrarán los ciclos climatológicos del planeta, analizarán sus tormentas de arena y estudiarán la superficie. Una pregunta clave que tendrán que tratar de contestar esos sensores es, ¿dónde está el agua? Los imponentes cañones de la superficie marciana, que evidencian la existencia de lechos de ríos que ya se secaron, así como otras erosiones observadas, le hablan a los científicos de un húmedo pasado. Algunos geólogos creen haber visto las huellas de antiguos lagos en los sedimentos del hemisferio norte de Marte. Pero el paisaje actual es seco, a excepción de algo de hielo en el polo norte, y de una delgada capa de dióxido de carbono en el aire, único indicio de la existencia de vapor de agua. Según los geólogos planetarios, la mayoría del agua marciana se evaporó en el espacio hace millones de años, pero según se cree una profunda capa de escarcha aún permanece bajo la superficie. Los científicos tratarán de hacer que el "saltamontes" perfore la planicie marciana y obtenga muestras del subsuelo, no sólo en busca de restos de agua, sino de algo que todavía no han perdido la esperanza de hallar: vida. O por lo menos, fósiles de organismos que indiquen que alguna vez hubo vida y que luego se extinguió.
LA LUNA Y MUCHO MAS
En octubre pasado, durante la celebración en Moscú de los 30 años del lanzamiento del primer Sputnik al espacio, funcionarios soviéticos describieron a sus invitados europeos y norteamericanos sus elaborados planes con respecto a Marte, y reiteraron la invitación que ya habían hecho a la cooperación en este campo. De hecho, la cooperación ya se está dando: las dos naves soviéticas que serán lanzadas en junio rumbo a Marte, estarán vigiladas por científicos de 14 países y llevarán algunas cámaras e instrumentos fabricados en Francia y Alemania.
Antes de penetrar la órbita marciana, las naves se concentrarán en el estudio de Fobos, las naves bombardearán su superficie con rayos láser y haces de partículas que vaporizarán algunos elementos del suelo, para que sean recogidos y analizados, con el fin de establecer la composición química del satélite marciano y tratar de determinar si, como lo sospechan los investigadores, se trata de un asteroide que hizo parte de la franja que gira alrededor del sol entre Marte y Júpiter, y que fue capturado en la órbita marciana.
Más ambiciosos son los planes soviéticos para la misión marciana que despegará en 1994. Esta incluirá un poco de todo: una cápsula que se mantendrá en la órbita del planeta efectuando sondeos a control remoto un módulo de aterrizaje con un pequeño vehículo todo terreno y una perforadora de superficie, instrumentos para lanzar globos que floten a la deriva sobre la planicie marciana y mucho más. Los soviéticos esperan que esa misión pueda enviar filmaciones del suelo de Marte, así como la información recogida. La idea de Moscú es enviar naves a Marte cada 26 meses, para hacerlas coincidir con el alineamiento orbital de la Tierra y el planeta rojo. Según los soviéticos, si todo va bien, entre 1996 y 1998 comenzarán a lanzarse misiones con capacidad de retorno que traigan a la Tierra muestras del suelo marciano.

UN PIE EN MARTE
Obviamente, el objetivo que persiguen todas estas misiones exploratorias es que, algún día, el hombre pueda pisar la superficie marciana. Valery Barsukov, uno de los más importantes investigadores soviéticos, dijo hace pocos meses que "ninguna nave automática logrará comportarse como un autómata, y la mente humana sigue y seguirá siendo por muchos años, simplemente irremplazable, lo que nos obliga a pensar en acelerar nuestros estudios con el fin de enviar naves tripuladas a Marte".
Eso deberá suceder en las primeras dos décadas del siglo XXI, no sólo en los planes soviéticos sino también en los americanos, que consideran que el año 2010 puede ser la fecha indicada. Moscú prefiere reservarse en vez de fijar una fecha, pero sus investigadores saben que le llevan una buena ventaja a sus colegas norteamericanos.
De hecho, como lo han reconocido algunos científicos norteamericanos vinculados a la NASA, los soviéticos ya tienen un programa para llegar a Marte y han establecido incluso un cronograma muy completo. Saben por ejemplo que el cohete que lleve cosmonautas a Marte tendrá que ser modular, que deberá ser ensamblado en la órbita terrestre y que tendrá que incluír 10 plataformas o módulos de lanzamiento e impulso que irán entrando en operación a medida que la nave avance hacia Marte. También saben que esa nave llevará entre 10 y 12 tripulantes, incluídos dos físicos y que parte de esa tripulación descenderá en el planeta y tendrá que recorrer grandes distancias en un aeroplano marciano.
Todo esto sigue sonando más a ficción que a ciencia. Todo esto sigue pareciendo una fábula de Julio Verne de los ochenta, Steven Spielberg. Pero la verdad es que, por primera vez desde cuando comenzó la carrera espacial, Marte parece estar al alcance de la mano, o mejor, del pie.

¿HAY VIDA EN MARTE?
Esta pregunta le fue planteada hace algún tiempo al historiador y científico Isaac Asimov, quien la contestó así en su libro "Cien preguntas básicas sobre la ciencia":
En realidad, no lo sabemos todavía. Y quizá no lo sepamos hasta el día en que amarticen allí los científicos e investiguen.
Pero, a juzgar por lo que sabemos hoy día, parece probable que exista vida en Marte. Cierto es que la sonda Mariner IX colocada en órbita a unas mil millas sobre la superficie de Marte, no observó ningún signo de vida, pese a que rastreó todo el planeta.
Pero la Tierra, vista desde la misma distancia y con los mismos métodos, tampoco revelaría ningun signo de vida.
La atmósfera de Marte está muy enrarecida, es cien veces menos densa que la de la Tierra, y lo poco que hay es casi todo ello anhídrido carbónico. Por otra parte, Marte dista del Sol vez y media más que la Tierra, de módo que de noche la temperatura alcanza cifras antárticas y en las regiones polares hace suficiente frío para congelar el anhídrido carbónico.
El hombre no podría sobrevivir en ese medio sin una protección especial. Ni, para el caso, ningún animal terrestre. Los colonizadores de Marte (colonizadores terrestres, se entiende) tendrían que vivir en cúpulas o en cavernas subterráneas. Pero ¿quiere eso decir que en Marte no puedan existir formas complejas de vida, adaptadas a las condiciones de este planeta? Puede que las posibilidades sean escasas, pero tampoco podemos eliminarlas del todo.
¿Qué decir, por ejemplo, de formas de vida muy simples, plantas del tipo de los líquenes o microorganismos parecidos a las bacterias? Aquí las posibilidades son ya mejores, incluso bastante buenas, diríamos.
Admitimos de entrada que también había esperanzas de que en la Luna existiesen formas simples de vida y que todo ello quedó luego en nada.
Pero es que Marte ofrece un medio ambiente mucho más favorable que la Luna. Marte está mucho más lejos del Sol y tiene una atmósfera que ofrece cierta protección, de modo que está mucho menos sometido a la radiación del Sol, que rompería las complejas moléculas necesarias para la vida.
Además, al ser Marte más frío y más grande que la Luna, es también capaz de tener las sustancias volátiles que sirven como puntos de arranque fundamentales para la vida. Marte es rico en anhidrido carbónico y, sin duda alguna, tiene agua. A partir de ahí puede formarse la vida. Si, como se ha comprobado, ciertas formas de vida terrestre sumamente simple son capaces de sobrevivir en condiciónes marcianas simuladas, tanto más cierto será esto en el caso de formas de vida adaptadas desde el principio a las condiciones de ese planeta.
Las fotografías tomadas por el Mariner IX demuestran que las condiciones en Marte no tienen por qué ser tan rigurosas como las que imperan hoy día. Hay regiones volcánicas, así como un volcán gigante, el Nix Olympica, que es dos veces mas ancho que cualquier volcán de la Tierra. Lo cual significa que Marte es un mundo geológicamente activo, capaz de experimentar cambios.
La faz de Marte muestra además marcas ondulantes que tienen todo el aspecto de cauces fluviales y cuyas caracteristicas, según conjeturas de algunos astrónomos, demuestran que no hace mucho (geológicamente hablando) llevaban todavía agua. Es más, los casquetes polares de Marte parecen pasar por periodos alternados de crecimiento y recesión.
Es posible que Marte alterne entre una especie de largo invierno, durante el cual se hiela casi toda la atmósfera y el resto está muy rarificada (como ocurre en la actualidad), y una especie de largo verano, durante el cual casi toda la artmósfera se derrite y adquiere una densidad parecida a la de la Tierra.
Así, pues, es posible que en el suelo marciano yazgan latentes ciertas formas de vida y que, cuando llegue el verano y la atmósfera se espese y el agua corra, la vida florezca en mayor medida de lo que cabría hoy esperar.

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.