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| 9/26/1988 12:00:00 AM

EL CEREBRO ARTIFICIAL

La teoría de la red neural podría ser la clave para entender cómo se crea el pensamiento.

Los científicos enamorados de la teoría de la red neural sueña con construir un computador capaz de aprender y hasta pensar en la forma en que lo hacen los seres humanos. Para lograrlo, se basan en la imitación electrónica de la estructura biológica del cerebro humano. Sin embargo, los pocos visionarios que aún quedan en esa disciplina debieron atravesar durante casi 20 años una etapa oscura de incomprensión ,incredulidad, que amenazó con que su sueño fuera finalmente abandonado por completo.
Sin embargo, en los últimos tiempos su sueño ha tenido un verdadero renacimiento, pero no sólo porque los medios tecnológicos hacen que el objetivo esté más cerca que nunca, sino porque en ámbitos más amplios de la ciencia se ha descubierto que las máquinas desarrolladas a partir de la teoría de la red neural, podrían ser el instrumento clave para resolver una de las preguntas más antiguas de la humanidad: ¿Qué es el conocimiento y cómo es posible? O puesto de otra forma ¿cómo surgen el pensamiento y la mente de esa masa orgánica llamada cerebro?
Por supuesto, muchos de los promotores de la teoria son inversionistas e ingenieros cuyo objetivo es la producción de computadoras más inteligentes que las actuales, pero el mayor interés está de parte de cientificos y filósofos que persiguen objetivos más amplios. La red neural ha levantado una polvareda interdisciplinaria como no se observaba desde que, luego de la Segunda Guerra Mundial se descubrió la estructura del DNA y se explicó la forma como la vida surge de moléculas aparentemente inanimadas.
Todo el asunto se basa en que las neuronas, o sea las células del cerebro, funcionan en forma parecida a interruptores. De hecho, una nueva generación de científicos ha logrado imitar aproximadamente algunos circuitos cerebrales y hacer que sus máquinas sean capaces de entender algunas de las ambiguedades del lenguaje hablado y aprender, como lo hace la gente, a través de la inducción.
A diferencia de las computadoras convencionales, que deben recibir instrucciones paso a paso a través de la programación, las redes neurales son capaces de reconocer la voz y la forma de hablar de su interlocutor, que no corresponden a una serie de reglas explícitas. Las posibilidades son prácticamente ilimitadas, desde automóviles que solamente funcionan si se lo pide su dueño y son capaces de corregir sus órdenes equivocadas,hasta sistemas bancarios capaces de reconocer la firma de los cuentahabientes y máquinas para interpretar electrocardiogramas.
Pero más que las aplicaciones prácticas, que aún están en la infancia, lo importante de la teoría de la red neural es que las redes artificiales de "neuronas" pueden ser la herramienta clave para que biólogos y sicólogos, actuando de común acuerdo, puedan descubrir los principios que explican cómo piensan los seres humanos. Esa conjunción de disciplinas no ha sido posible históricamente, puesto que los biólogos han tenido muy poco que decir a los filósofos y aún a los sicólogos y cada grupo ha trabajado por su lado, sobre presunciones y postulados diferentes.
El problema hasta ahora era que el comportamiento y estructura de una sola neurona es tan complejo, que reproducirla podría requerir todo el poder de una sola supercomputadora. Sin embargo, la teoría de la red neural se basa en la creencia de que no es necesario reproducir cada paso de las reacciones que ocurren en las células cerebrales. Por el contrario, sus promotores consideran la neurona en abstracto, como un dispositivo que recibe mensajes de otras neuronas, los evalúa de acuerdo con ciertas reglas y produce su propia respuesta. De esa forma, los científicos conectan cientos de esas "células" simplificadas hasta producir redes que, dispuestas de determinada manera, son capaces de efectuar ciertas funciones parecidas a las del cerebro.
Una investigación típica interdisciplinaria comienza con el diseño de una teoría sobre cómo se aprende un concepto. A partir de ahí, los científicos tratan de diseñar una red que opere de esa forma. Así, el doctor David Runelhart y su equipo de la Universidad de Stanford, han creado una red capaz de aprender, a partir de los ejemplos, a generar el tiempo pasado de los verbos. Si ese esfuerzo es definitivamente exitoso, los neurobiólogos podrían tratar de encontrar arquitecturas similares entre la maraña de conexiones del cerebro humano.
"Las redes neurales sirven como medio o lenguaje matemático para describir todos esos fenómenos biológicos", declaró a The New York Times el investigador Terrence Sejnomski, de la Universidad de Johns Hopkins. "Todavia existe una gran brecha entre la sicología y la neurología, pero al menos ya se encuentran en el mismo campo matemático". En esa dirección, a medida que las redes neurales se hagan más complejas, cada vez estarán más fuera del alcance de los matemáticos que quieren explicar su comportamiento. Entonces, los investigadores deberán convertirse en sicólogos de las máquinas, en la búsqueda de comprender su comportamiento. Si los detalles de esta biología artificial pueden ser puestos en blanco y negro, podria emerger una Teoria General de la Inteligencia. Cuándo se llegue a cumplir este objetivo, es difícil pronosticarlo, pero todo parece indicar que, tarde o temprano, los filósofos podrán responder las preguntas que se hicieron Platón y sus discipulos, mucho antes de que se conociera siquiera la existencia de las neuronas.


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