Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 1988/07/18 00:00

EL EFECTO INVERNADERO

La polución y otros factores hacen que el planeta esté calentándose, con resultados catastróficos.

EL EFECTO INVERNADERO

Las malas noticias siguen llegando. Como si los habitantes de este planeta no tuvieran suficiente con el peligro de guerra nuclear, el SIDA o las hambrunas, un nuevo peligro se está sumando a la azarosa vida del hombre moderno: el calor.
Así de sencillo es el veredicto de los expertos que han venido mirando la evolución de las temperaturas mundiales desde finales del siglo XIX fecha en la cual se empezaron a llevar estadísticas confiables. Los números demuestran que el año pasado fue el más cálido hasta ahora y que en esta década se han registrado los cuatro años de más altas temperaturas en la época moderna. Si las cosas siguen así, todo el sistema ecológico mundial podría verse alterado. Los más alarmistas hablan de una descongelación paulatina de los polos que elevaría el nivel de los mares, inundando las ciudades costeras, y de males por el estilo.
La causa de tantas preocupaciones se resume en una sola palabra: las fábricas. Según los expertos, la aparición de factorías que comenzaron a contaminar la atmósfera desde hace un siglo y medio aproximadamente, es la culpable de todo.
La explicación radica en lo que los conocedores identifican como el "efecto invernadero", el cual es propiciado por los volúmenes de dióxido de carbono que se genera cuando se queman diferentes combustibles. La acumulación del CO2 ha creado una especie de "cobija química" que permite el paso de los rayos del sol, pero que impide que el calor que genera la tierra salga de la atmósfera. El resultado es similar al que se tiene cuando se construye un invernadero y se ponen placas de vidrio en el techo: el calor entra, pero no todo sale.
Claro que nadie sabe con certeza qué tanto se puede seguir calentando el globo terraqueo. Al fin y al cabo, la temperatura en la tierra no ha cesado de cambiar desde el mismo momento de la creación del planeta, hace unos 4.500 millones de años y el fenómeno de las glaciaciones -cuando buena parte de la superficie estuvo cubierta de hielo- es relativamente reciente (unos 2 millones de años). Incluso en este milenio las cosas han variado. Entre los siglos XIII y XVIII se vivió un período de enfriamiento que hizo más duras las condiciones de vida y que ocasionó no pocas hambrunas y migraciones.
Fue con el objeto de comprender un poco ese proceso que a finales del mes de mayo se reunieron en Lovaina, Bélgica, 130 especialistas de una veintena de países. Invitados por la Universidad Católica de Lovaina y con la ayuda de la OTAN y la Comunidad Económica Europea, los expertos sostuvieron acaloradas discusiones sobre el tema del clima.
El resultado fue prometedor, pero no demasiado. A pesar de que hubo consenso en torno a que algo raro está sucediento, nadie tiene en claro lo que puede,pasar en el futuro.
El problema consiste en que no se cuenta con información suficiente. La historia de las temperaturas en la tierra es lo suficientemente completa para saber que ha habido grandes cambios, pero lo suficientemente parcial para impedir saber cómo son los ciclos climáticos. Se conoce, por ejemplo, que hace unos 2 millones de años la temperatura promedio era de unos 5 a 10 grados centígrados, cifra bien inferior a los 15 grados de hoy en día.
Se sabe también que la tierra se encuentra cerca de su perihelio (el punto de la órbita más cercano al sol) y que sólo en 10.500 años llegaremos al afelio, la circunstancia contraria. Ese hecho se conjuga con un cambio menor en la órbita del planeta que parece influir en que haya condiciones dadas para que éste se caliente.
A todo esto se agrega el lío del dióxido de carbono. En 1850 la proporción de CO2 en la atmósfera era de 280 partes por millón (ppm), cifra que subió a 350 ppm en esta década. Ese aumento ha sido acompañado por la profusión de otros químicos como el metano, los sulfatos, los nitratos, los óxidos nitrosos, los clorofluorocarbones, etc.
Según un estudio reciente hecho por dos entidades francesas, la cantidad de CO2 en la atmósfera ha seguido fielmente las variaciones en las temperaturas mundiales desde hace 160 mil años. A menor cantidad de CO2, más frío y viceversa.
La dificultad consiste en saber cómo funcionan las proporciones.
Aparte del CO2, otros componentes como el vapor de agua participan también en el efecto invernadero y éste también ha variado. Por ahora, los científicos están formulando complejos modelos matemáticos pero a pesar del avance en los elementos de ayuda, como los supercomputadores, los resultados concretos todavía se demoran.
Mientras tanto, habrá que seguir aguantando calor. La semana pasada se confirmó que buena parte de los Estados Unidos está viviendo una de las sequías más fuertes del siglo y que este invierno en Europa fue uno de los más suaves jamás registrados. Si las cosas siguen a este ritmo, hay gente que piensa que los cambios se avecinan ya y que por lo menos uno de los cuatro jinetes del Apocalipsis ya tiene su caballo de batalla: el clima.






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