Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 1990/11/19 00:00

El hueco siniestro

Aumenta él tamaño del hueco de la capa de ozono y se anticipa que habrá 1.5 millones más de cánceres de la piel cada año.

El hueco siniestro

Científicos y ecólogos están con los pelos de punta. Hace pocos días, el satélite Nimbus 7 de la NASA envió a la tierra un gráfico nada halagador sobre el hueco que existe en la capa de ozono que protege a la tierra de los temibles rayos ultravioleta.
El fenómeno, que sólo se había visto con intérvalos de dos años por esta misma época sobre la región de la Antártida, se repitió está vez por segundo año consecutivo. Y la preocupación de los expertos es que el siniestro hueco en la estratosfera implica una amenaza para la salud del mundo entero, pues permite que se filtren las radiaciones ultravioleta del sol.
En los últimos años, unos químicos sintéticos llamados clorofluorocarbonos, utilizados en sistemas de aire acondicionado, neveras, productos de icopor y, sobre todo, aerosoles, sehan acumulado en el extremo sur de la tierra y han destruido la capa de ozono. Un informe publicado por la organización International Wild Life sostiene que los clorofluorocarbonos han destruido entre el tres y el cinco por ciento del ozono de la tierra y que este daño es irreparable.
Con una mayor radiación ultravioleta en el planeta, también aumentarán los casos de cáncer de la piel a razón de 1.5 millones cada año, así como la incidencia de cataratas y depresiones del sistema inmunológico que abrirán la puerta a más infecciones. Otras consecuencias se verán en la reducción de la producción de las cosechas y en la vida bajo el mar. El Worldwalch Institute, con sede en Washington, reveló que en 1987 el hueco en la capa de ozono sobre la Antártida era tan grande como dos veces el tamaño de los Estados Unidos.
De acuerdo con el más recionte informe de la NASA, los gráficos del satélite muestran que en un área de cerca de 18 kilómetros sobre la atmósfera de esa zona polar se detectó que no hay una sola partícula de ozono. El estudio y seguimiento de la capa de ozono en la Antártida se viene haciendo desde 1979 con sofisticados equipos que incluyen un espectrómetro de ozono instalado en el satélite Nimbus 7, instrumentos en tierra que miden las radiaciones ultravioleta y globos de alta lalitud que recorren los cielos de la región polar sur.
El hueco en la capa de ozono, que fue detectado por primera vez en 1987, normalmente aparece en agosto y se dispersa en octubre. Muchos científicos habían creido que el fenómeno solamente se daba en los años pares y que era menos severo en los impares, teoría que fue revaluada con la aparición del hueco el año pasado.
Hoy por hoy, científicos de todas las nacionalidades desarrollan nuevas teorías sobre el preocupante fenómeno y han agregado datos como la velocidad de los vientos, las temperaturas y el clima del planeta, para encontrar alguna relación con lo que está pasando. Mientras tanto, se adelantan campañas más o menos agresivas para detener la producción y el uso de clorofluorocarbonos. Sin embargo, siendo optimistas y confiando en que el mundo entero reaccione y continúe el proceso de transferencia a otras tecnologías para remplazar los peligrosos químicos que amenazan la capa de ozono que protege a la tierra, el daño ya está hecho. Para el próximo siglo se anticipan desde ya los estragos que los rayos ultravioleta causarán en la salud de millones de personas en el mundo entero.
En junio pasado, representantes de 90 naciones firmaron en Londres un acuerdo para detener la producción de esos químicos, mientras que las grandes potencias crearon un fondo para ayudar económicamente a los países del Tereer Mundo que resulten afectadas por la prohibición.
Por lo pronto, las organizaciones ecológicas y de protección del medio ambiente recomiendan a los consumidores que, en lugar de aerosoles, utilicen atomizadores; en lugar de vasos y platos de icopor, usen de cartón y que no compren neveras que funcionen con gases que contengan clorofluorocarbonos. Según los expertos, buena parte de la solución está en mano de los consumidores. Sólo con su ayuda se podrá ponerle freno al deterioro de la capa de ozono que amenaza la salud de millones de habitantes en el planeta. De sus manos depende la calidad de la vida en el siglo que se avecina.

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