Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

| 9/24/2004 12:00:00 AM

El TLC y la tacañería

Con la amenaza de las patentes, a la industria nacional no le queda otro remedio que invertir en innovación.

El TLC se negocia contra un país que nos lleva distancias cósmicas en ciencia, tecnología e innovación. El 0,3 por ciento del PIB que invierte Colombia en estas materias resulta irrisorio, no solamente si se compara con Estados Unidos sino incluso con algunos vecinos como México, Cuba, Brasil o Argentina. ¿A qué puede aspirar un país en el que hay apenas -cifras oficiales- 2.400 doctores trabajando en investigación científica? Ese es el número de doctores que suele haber en un puñado de proyectos de la Nasa o en un par de universidades norteamericanas.

Y aquí viene el problema principal derivado de esta situación: el de la terrible desventaja de Colombia en materia de propiedad intelectual y patentes, columna vertebral de un acuerdo de comercio con el que se busque seriamente el desarrollo del país. La directora de Colciencias, María del Rosario Guerra, convencida de que "es posible generar en Colombia un conocimiento que sea patentable", tocó el hombro de los empresarios nacionales para advertir -con sobrada razón- que no es el Estado el único responsable de tal desventaja. En realidad, la mayoría de los empresarios colombianos, muchos de los cuales se ufanan de su habilidad para acumular riqueza, han preferido por décadas comprar patentes a los científicos de otros países en lugar de invertir en la investigación propia, lo que hubiese dado la competitividad y diferenciación de la que carece la industria nacional.

Con excepciones, la regla de los exitosos empresarios colombianos es comprar tecnologías foráneas: semillas mejoradas en Holanda, fertilizantes químicos en Estados Unidos, recetas de productos alimenticios en Europa, fórmulas de medicamentos en Norteamérica, y hasta formatos de reality shows en Inglaterra. Poco y nada se inventa en suelo patrio porque el Estado se gasta la plata en otras urgencias -como la guerra o las campañas electorales-, y los empresarios prefieren no complicarse con el apoyo a investigaciones cuyos frutos tardan años en germinar. (Ignorando que cuando dichos frutos germinan la cosecha es notablemente más generosa que la obtenida en la actualidad con su tacañería). Y no es que no haya incentivos: una empresa colombiana que invierte en investigación científica para mejorar un producto propio recibe: 1) deducción del IVA en la compra de equipos, 2) financiamiento del 50 por ciento vía Colciencias-Bancoldex (es decir, por cada peso el Estado le pone otro peso); 3) deducción de hasta el 125 por ciento del valor de la inversión; 4) Diez años de exención de impuesto a la renta para un producto con alto valor científico agregado. Amén de las exenciones tributarias para quien haga donaciones a proyectos de investigación.

Felipe García, delegado de Colciencias ante la mesa de negociación del TLC, admite que los mayores riesgos se hallan en el sector de los medicamentos, en donde "la asimetría y la desventaja con Estados Unidos es notable". Se rumora que los norteamericanos quieren patentar hasta procedimientos quirúrgicos, lo que podría resultar, si se lleva al extremo, en que se tendrían que pagar licencias hasta por una operación de juanetes, para no mencionar el aumento que se padecerá en el precio de las medicinas especializadas, que ya no podrán producirse en laboratorios colombianos porque las patentes pertenecen a la industria farmacéutica de Estados Unidos. No parece existir otro camino que la reconversión tecnológica completa del país, pero alguien tendrá que meterse la mano al bolsillo.
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 1829

PORTADA

Gran encuesta presidencial

Vargas Lleras arranca fuerte, Petro está estancado, Fajardo tiene cómo crecer y los partidos tradicionales andan rezagados. Entre los uribistas, Ramos se ve fuerte. Y Santos tiene 35 por ciento de aceptación. Gran encuesta de Invamer para Caracol Televisión, Blu Radio y SEMANA.