Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 1987/10/19 00:00

EL TREN FANTASTICO

Nuevo proyecto japonés corre a más de 400 kmsh. sin el acelerador a fondo

EL TREN FANTASTICO

Resulta difícil imaginar un medio de transporte terrestre que pueda llegar a competir en algunas rutas con el avión tanto en velocidad como en costo. Sin embargo este es uno de los casos en que la realidad supera a la fantasía. En el imperio de Hirohito, país de ciencia ficción por excelencia, el tren super rápido alcanza desarrollos que dejan atrás proyectos tan importantes como el de Alemania Federal.
El último paso adelante que han dado los japoneses en esta materia ha sido la construcción de un prototipo que, en los 7 kilómetros de largo que tiene la vía, ha alcanzado velocidades de 416 kilómetros por hora, más que corriendo, deslizándose silenciosamente como por un tobogán. Como si eso fuera poco, la velocidad del prototipo nuevo es esa, y no mayor, porque al llegar a la mitad de la pista el aparato debe empezar a frenar. Para entender la magnitud del avance japonés, debe tenerse en cuenta que un ferrocarril más convencional, el famoso "Tren Bala" consigue "apenas" 208 kmh y el orgullo de Francia, el TGV (Train a grand vitesse), alcanza la que se considera la velocidad máxima posible para un tren de rieles, 270 kilómetros por hora.
Se trata de la más reciente aplicación de la novedosa tecnología de los materiales superconductores que pierden toda resistencia a la electricidad a temperaturas muy bajas. Por ahora los electroimanes superconductores de a bordo deben enfriarse con helio líquido mediante un proceso costoso que limita su uso a trayectos cortos.
Pero con la próxima aparición de materiales superconductores de temperatura de operación comparativamente más alta, el principio podrá aplicarse en una escala mucho mayor.
Estos trenes de nueva generación han sido llamados "maglev" o "magnéticamente levitados". Por la falta de fricción de las ruedas, su velocidad se limita principalmente por factores como la resistencia al viento, las curvas y los túneles. El tren es propulsado por la fuerza que hace que dos imanes de la misma polaridad se repelan entre sí, y que dos de diferente, se atraigan. El movimiento se produce por la interacción de los imanes o magnetos superconductores instalados en el tren, con electroimanes situados a lo largo de la vía. Cada imán de a bordo es simultáneamente halado por un imán de una polaridad contraria, y empujado por el siguiente de polaridad igual. La polaridad de los imanes en la ruta cambia constantemente y la frecuencia de ese cambio es lo que determina la velocidad del aparato.
El tren corre sobre ruedas hasta que llega a una velocidad de 160 kilómetros por hora. En ese momento resortes superconductores a bordo del vehículo inducen un magnetismo de la misma polaridad en otros imanes "de levitación" situados en el piso de la vía. Los imanes situados allí repelen a los del tren, con lo que éste se eleva unos 10 centímetros del suelo así que el convoy literalmente "vuela".
El nuevo tren recordará muy poco a sus antecesores de vapor, que llenaban de romanticismo los viajes de otras épocas. Ni siquiera habrá un conductor que salude a los pasajeros como el capitán de un barco terrestre, puesto que el nuevo tren se manejará a control remoto desde una central, a la manera de los de juguete. Y quién sabe a cuántos años luz pueda estar Colombia de ver algo siquiera medianamente parecido, a cargo de los Ferrocarriles Nacionales.

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