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| 12/10/1990 12:00:00 AM

EN BUSCA DEL AUTO FANTASTICO

La nueva era de carros japoneses se proyecta al siglo XXI


En Japón ya no basta que un carro sea excelente. Ahora, el concepto de moda es el atarimae hinshitsu o "la perfección implícita". El auto sin defectos, el ideal por el que los fabricantes estadounidenses han luchado por años, se ha convertido en la regla general en Japón. Ya no basta con que los consumidores encuentren carros de calidad. Un auto debe fascinar, deleitar y llevar al dueño más allá de las fronteras de su imaginación.

Un ejemplo es el caso de Toyota y su modelo de lujo: Lexus LS400. La estrategia para diseñar lo que un alto ejecutivo de Ford admite como "una obra de arte", tomó años de investigación e innovaciones tecnológicas. Para concebir este proyecto, lo primero que hizo la Toyota fue adquirir varios autos de la competencia -Mercedes Benz, Jaguar XJ6 y BMW-, someterlos a rigurosas pruebas de carretera y luego desmantelarlos para estudiarlos minuciosamente. Entonces decidió que podría crear un carro tan confiable como lujoso pero a un precio bastante menor. El Lexus LS400 mantuvo el peso en 3.759 libras, menor que el de su competencia germana, y ahorra más combustible que cualquier otro modelo. Debido a las paredes de acero especial y a una capa de plástico que sirve de amortiguador de ruido, goza de mecanismos silenciadores más efectivos. Y a diferencia de muchos autos innovadores, éste no trajo consigo defectos contraproducentes. Cuando la Toyota pensó en un modelo para venta en los Estados Unidos, enfatizó en complacer el gusto de los compradores. Además de un interior con mucho confort, el Lexus arranca más rápidamente, como a los americanos les gusta y su tablero de instrumentos, con sus lucesitas de neón que parecen flotar en el espacio, deslumbra a los compradores.

El caso Honda presenta un escenario más místico. La compañía se puso por meta crear un carro que personificara el llamado "gusto adquirido" y que durara toda una vida. Para obtenerlo, 15 representantes invirtieron un año intentando conceptualizar una imagen de su comprador ideal. ¿El resultado? Un jugador de rugby vestido de corbata. El siguiente paso era suponer que el jugador de rugby buscara liberarse del estrés. Este deseo significaba la exploración de nuevas sendas tecnológicas para aislar el ruido. De esto resultó un nuevo montaje para el motor del vehículo y una gama de papel absorbente en el techo, para dar más solidez y disminuir el ruido exterior. Por algo el Accord es el mayor carro de venta en los Estados Unidos.

Estas estrategias de mercadeo surgen de minuciosas investigaciones realizadas por los fabricantes japoneses. No en vano, Steve Barnett, director de producción de la Nissan, tiene un doctorado en antropología y dirige equipos de especialistas que entran en los hogares estadounidenses, entrevistando y fotografiando hasta el último gabinete de cocina, para conseguir ideas que luego son transformadas en novedades tecnológicas en sus autos. Estos esfuerzos son los que llevan a que Japón busque -y encuentre- el "más allá" de la perfección automotriz. No es de sorprenderse si los americanos, estén alarmados por estos avances. Aunque los tres grandes de la industria automovilística en Detroit - Ford, General Motors y Chrysler- han logrado mejorar su rata de errores con respecto a los japoneses, sólo desde hace poco tiempo se comienza a aplicar la filosofía japonesa. El mes pasado, General Motors lanzó una camioneta con láminas exteriores de plástico que protegen contra choques en los parqueaderos congestionados. Por su parte, los nuevos Cadillac traen palanca que ajusta la posición de los asientos en la parte interior de la puerta, en vez de bajo la silla. Esta modificación hace que cada carro cueste 13 dólares más, pero los consumidores están satisfechos, ya que dicen que les "impresiona tener que meter la mano en sitios oscuros y desconocidos". Mientras tanto la Chrysler estudia la posibilidad de que su LH porte silenciadores que controlen el sonido que hace el auto, para conseguir la optimización del efecto musical que prefieren los clientes.

Pero alcanzar a Japón es difícil. En parte porque los japoneses tienden a sacar nuevas versiones con más frecuencia: en promedio, un modelo cada cuatro o cinco años, contra siete u ocho años en Detroit. Y aunque por años, Mercedes Benz y BMW han sido pioneros en detalles y lujos, el mercado de autos japoneses viene presentando una amenaza a su competencia alemana, por sus precios. El Lexus LS 400, que tiene un valor de 38 mil dólares, dispone de muchos detalles que no se encuentran en un Mercedes de lujo, cotizado en 47.200 dólares. Respondiendo a esta tendencia, Mercedes y BMW han lanzado modelos a precios moderados. Pero aun así, el BMW se acerca al precio de un Lexus de talla menor al LS400, y un consumidor que quiera igualarse al precio del LS400 deberá contentarse con un Mercedes de más baja calidad.

A pesar de sus esfuerzos en la década de los 80, a Detroit aún le queda mucho camino por recorrer. Un comercial de televisión de Chrysler muestra a Lee Iaccoca, su presidente, diciendo: "Nuestros carros no tienen nada que envidiarle a los japoneses" . Pero una encuesta de la revista Business week revela que únicamente el 61 por ciento de los norteamericanos piensa que los carros nacionales son mejores que los japoneses. Además, la firma investigadora de autos, J.D. Power, no incluye más de cuatro marcas norteamericanas en su lista de los 21 mejores. Y de los 54 vehículos que la revista Consumer Report calificó de inadecuados, 53 provienen de Detroit. Es decir, los tres grandes fabricantes norteamericanos tienen dos alternativas claras: o se ponen las botas o no sobreviven. En el mercado automotor los japoneses están definiendo nuevas y revolucionarias pautas.
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