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| 11/14/1988 12:00:00 AM

FLIPPER, EL RECLUTA

La Armada gringa entrena delfines con fines militares.

En la parte norte del golfo Pérsico hay una gran base flotante de la Marina norteamericana, que aloja a más de 200 hombres. En un región tan conflictiva, es difícil imaginarse un blanco más atractivo de sabotaje para cualquiera de los países beligerantes en la región. Por eso, la base tiene a su servicio el sistema de vigilancia submarina más sofisticado que existe: un equipo de delfines.
Desde que fueron enviados a esas aguas, con un personal de mantenimiento de 25 hombres, cinco delfines han trabajado en la detección de minas y nadadores enemigos. Se trata de parte de los graduados del Programa de Mamíferos Marinos que desarrolló la Marina de Estados Unidos en instalaciones secretas de La Florida, California y Hawaii.
Aunque los detalles sólo se han conocido recientemente, el programa no es nada nuevo. Desde hace por lo menos 28 años los militares de Estados Unidos han tratado de explotar la maestría que los delfínes tienen en el manejo del mundo submarino. Gracias a su forma alargada y a la textura de su piel, los delfines pueden alcanzar velocidades extraordinarias de hasta 40 kilómetros por hora. Con su sonar de alta sensibilidad, pueden distinguir las características de los objetos más pequeños a grandes profundidades. Se ha logrado, por ejemplo, que un delfín con los ojos vendados localice píldoras en el fondo de un tanque, distinga entre el cobre y el aluminio y detecte a 90 metros de distancia, la presencia de una esfera de acero de pocos centímetros de diámetro.
Son 110 los delfines "enlistados" en el programa militar. Los voceros oficiales insisten en que su entrenamiento se refiere solamente a labores de "vigilancia y detección". Pero para horror de los ecologistas, muchos científicos y entrenadores civiles han revelado que desde los años 60 la Marina pasó de estudiar las características físicas del nado y el sonar de los delfines, para caer en la tentación de entrenarlos como arma de guerra, para detectar, atacar y capturar -o eliminar- buzos enemigos.
Según reveló la revista Discover, los trabajos comenzaron en 1960. Inicialmente, se trataba de estudiar la hidrodinámica del cuerpo de los delfines, para usar esos conocimientos en el diseño de torpedos más eficientes. Pero pronto sus excepcionales cualidades para recibir órdenes y obedecerlas en forma "inteligente" llamó la atención de los investigadores. Luego de descubrir que era posible entrenar a los animales para asociar un sonido con un comportamiento determinado, se abrió el camino para un entrenamiento mucho más complejo. El trabajo con un delfín llamado Tuffy fue el pionero. En agosto de 1965, Tuffy fue llevado a La Jolla, California, donde se había instalado un hábitat submarino humano llamado Sealab II, a más de 60 metros de profundidad. Pronto, Tuffy estaba llevando y trayendo mensajes y herramientas entre la superficie y los investigadores en las profundidades, desarrollando un trabajo que hubiera sido físicamente imposible para un hombre rana.
Muchos de los investigadores civiles, que no se habían opuesto a la utilización de los animales como vigilantes, se retiraron del programa cuando comenzaron a circular chismes sobre la posibilidad de convertirlos en instrumentos de combate. Otros, que persistieron en el programa, fueron retirados cuando la Marina lo convirtió en tema de alto secreto y resolvió asumir exclusivamente los trabajos, sin contratistas externos.
Uno de esos contratistas era James Fitzgerald, físico acústico que desde 1964 hasta 1968, cuando fue excluído del programa, trabajó en la posibilidad de usar los delfines como "sistemas navales armados". En Key West, Florida, Fitzgerald desarrolló un "sistema antihombre rana para protección de buques" y uno para búsqueda de minas. En su léxico técnico, Fitzgerald, quien es uno de los pocos hombres dispuestos a hablar sobre el tema, dice que los delfines podrían definirse como "vehículos autopropulsados con computador a bordo y capacidad operacional. Todo lo que hay que hacer es programarlos".
Fitzgerald afirma que la Marina empezó a usar los delfines en la guerra del Viet Nam en 1971, específicamente en la bahía de Cam Rahn. Un oficial en servicio en esa época, que pidió mantener su anonimato, confirmó a Discover que los delfines fueron usados efectivamente como vigilantes, sobre todo en la noche, pero negó que se hubiera llegado a usar los animales para matar a los hombres rana enemigos. Ello se contradice con una historia ampliamente difundida según la cual una investigación del senado conoció que los delfines se habían equipado con una aparato semejante a una gran jeringa que inyectaba dióxido de carbono en el atacado, para hacerlo literalmente explotar. Lo que parece claro es que la extraordinaria inteligencia de los delfines se ha convertido en su mayor riesgo.-
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