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| 9/5/1988 12:00:00 AM

LA CASA EN EL AIRE

La NASA acaba de diseñar habitaciones espaciales, que albergarán a los astronautas en misiones de larga duración.

El programa espacial norteamericano continúa, a pesar de sus inconvenientes, marchando hacia sus metas del siglo entrante. Por eso proyectos como la estación espacial siguen su largo camino hasta que, tarde o temprano, pero en todo caso antes de 1995, el diseño definitivo sea aprobado y se inicie la que podría ser la primera explotación comercial del espacio exterior.
Cualquier posibilidad de aprovechamiento de las condiciones espaciales requiere la permanencia allí de un grupo de astronautas durante períodos relativamente largos y en ese aspecto la Unión Soviética tiene una experiencia mucho más amplia que los Estados Unidos, pues ha acumulado una cantidad impresionante de datos sobre los efectos que tiene la ingravidez sobre el cuerpo humano. Con ese bagaje de conocimientos -hechos públicos gracias al glasnost (transparencia)- de Gorbachov, y con los avances norteamericanos en dirección a encontrar el diseño ideal para el hábitat humano en el espacio, el siglo venidero podria ser el de la industrialización de los cielos.
A pesar de su confort relativo, el módulo habitacional cuya maqueta se construye en Huntsville, Estados Unidos, poco o nada tiene que ver con las comodidades de una casa terráquea. Sus "alcobas" no son más que compartimentos parecidos a un closet, sus dimensiones son estrechas y tiene características tan extrañas como que la orina de los astronautas es reciclada para el lavado de platos y ropa. Pero para quienes han pasado más de unas horas fuera de la Tierra, es como una mansión de gran lujo.
La maqueta representa los esfuerzos de cientos de técnicos, sicólogos ambientales, arquitectos, ingenieros y diseñadores espaciales de la NASA y la Boeing Company, que tiene el contrato para construirla. El objetivo es diseñar un lugar para que ocho seres humanos de ambos sexos trabajen, duerman, coman, hagan ejercicio, descansen y hasta se diviertan en el ambiente hostil del espacio exterior. La forma, distribución y color de las áreas no sólo deben superar las limitaciones de espacio sino mantener el ánimo y la productividad de sus ocupantes durante misiones de larga duración, entre 3 y 6 meses. O al menos ese es el objetivo, que debe alcanzarse a toda costa.
Las exigencias del diseño son tales, que luego de casi cinco años de investigación la NASA y la Boeing apenas se acercan a un diseño preliminar, que en su argot representa solamente una "fidelidad mediana" del resultado final. Pero las perspectivas son optimistas. Como declaró uno de los responsables del proyecto al diario The New York Times, "estamos tratando de conectar la tecnología existente con la ciencia ficción, y lo estamos logrando".
Puede que ello sea así, pero el programa de la NASA sobre la estación espacial ha sido objeto de toda clase de controversias desde que el presidente Reagan lo anunció en 1984. Los comités del Senado no han dejado de sopesar los costos -US$14.500 millones- contra las ventajas de tener un laboratorio espacial a 350 kilómetros de altura, durante una vida útil de unos 30 años. Pero el esfuerzo no es solamente de los Estados Unidos. En efecto, la Agencia Espacial Europea y el Japón están encargados, cada uno, de otros módulos-laboratorio para la estación y Canadá de la grúa necesaria para su construcción en el espacio.
Sin embargo, los científicos de la NASA creen que sin importar el destino final del proyecto, ya han hecho contribuciones importantes al diseño de interiores de la Tierra. Afirman que su trabajo siempre ha tenido en mente encontrar soluciones aplicables en la vida diaria, y tras cinco años de trabajo en la mesa de dibujo y en la pantalla de las computadoras, ahora están confrontando sus resultados mediante la maqueta.
El módulo habitacional incluirá cerca de la quinta parte del área presurizada de la estación. Los módulos de los tres laboratorios y la parte de vivienda se comunicarán entre sí mediante corredores cilíndricos que tendrán puestos de observación y sitios de almacenamiento. Un módulo "logistico" será en realidad la despensa y el depósito de equipo cientifico: cada 45 días un trasbordador espacial lo remplazará por otro igual pero completamente reabastecido. La estación, en su conjunto, ocupará un área de 152 metros de largo por 62 de ancho.
La construcción será toda una obra de ingeniería. Los componentes individuales serán llevados al espacio en 19 misiones de trasbordadores en un período de tres años que comenzara en 1995. Allá arriba, los astronautas se encargarán de poner todas las partes del rompecabezas en su puesto.
El módulo habitacional costará varios miles de millones de dólares. Su dimensiones -13 metros de largo por 4.5 metros de diámetro- están determinadas por el tamaño de la bodega de los trasbordadores. Un corredor de 2 metros de ancho por 2 de alto atravesará el cilindro por su centro. Ocho compartimentos para dormir quedarán en uno de los extremos mientras en el otro estarán la cocina , el comedor y el área de ejercicio. En el centro, una ducha, el área de vestier, puesto médico y el centro de control de la estación, completan el apartamento sideral.
Muy pocas cosas allí serían reconocibles para un humano del montón. La cocina no tiene lavaplatos y se parece más a un computador. El área insignificante para la tierra, contiene 2 hornos microondas especiales, un terminal para controlar el inventario de alimentos, un lavaplatos interno , gabinetes de almacenamiento para 14 días de "comida de avión" como la llaman los técnicos. Los astronautas deberán flotar con sus bandejas hasta una mesa donde comerán mirando televisión de la Tierra o controlando el lavado de su ropa, que tendrá lugar directamente debajo, en el piso. La mesa será semi-oval, para promover buena "dinámica sicosocial".
Como no tendrán peso, los astronautas no necesitarán mobiliario, pues en esas alturas el descanso se logra simplemente asumiendo una "postura neutral", similar a la de flotar en el agua. Sus módulos de dormir, semejantes a closets, serán una verdadera maravilla. Una vez allí, el astronauta podrá tener video, un puesto de trabajo de computador y hasta teléfono para llamar a casa. Así, hay hasta quien piensa que cuando les llegue el momento de regresar, los curtidos astronautas dejarán correr una lágrima furtiva. ·
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