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| 4/23/1990 12:00:00 AM

LA CASA EN EL AIRE

A pesar de grandes dificultades, los soviéticos continúan su programa de laboratorios científicos espaciales.

A pesar de sus dificultades políticas, pero sobre todo económicas, la Unión Soviética sigue; la cabeza en muchos aspectos de la carrera espacial. Otra demostración de ello es el lanzamiento, que se realizará en pocas semanas, de un módulo de 20 toneladas que completará la primera fase del laboratorio espacia MIR, la única estación tripulada que existe actualmente en órbita alrededor de la Tierra.

En opinión de los observadores científicos internacionales, ese lanzamiento confirmará la delantera de la URSS en el campo que más interesa la ciencia a corto y mediano plazo esto es, el de la investigación y experimentación en medio ingrávido. Desde que iniciaron su programa de estaciones espaciales, los soviéticos han acumulado una experiencia inigualable, entre otros aspectos, en el del comportamiento del organismo humano en largas permanencias en el espacio. Una opinión muy diciente es la de B. J. Bluth, investigador de la NASA con sede en Washington, quien declaró al respecto que "con el MIR, los rusos nos han tomado años luz de ventaja en la tecnología para colocar al hombre en forma permanente en el espacio".

Pero lo que en otras épocas hubiera servido para engrosar la carpeta de los propagandistas del régimen, hoy tiene una utilidad internacional mucho más amplia. El mes pasado regresó del MIR la primera carga científica encargada por los Estados Unidos. Se trató de un experimento de 56 días diseñado para determinar si la ingrávidez contribuía a la formación de cristales en 112 contenedores de proteínas. Los primeros resultados indicaron que ello es efectivamente así, lo que abriría un amplio campo a la investigación sobre la exacta composición molecular de esas sustancias paso esencial para la creación de nuevas drogas y pesticidas.

Una cooperación científica internacional tan estrecha no se hubiera podido siquiera concebir cuando los soviéticos se embarcaron en el programa de estaciones espaciales. La primera, conocida como Salyut, fue lanzada en 1971. Esas primitivas estaciones constaban básicamente de un cilindro del tamaño del remolque de una tractomula, y carecían de facilidades de atraque para naves. Aunque sus posibilidades técnicas eran limitadas, la Salyut y sus sucesoras demostraron, por primera vez, que era posible permanecer largos períodos en el espacio.

El MIR (paz, en ruso) fue lanzado en febrero de 1986, días después del desastre norteamericano del Challenger. Desde ese momento se sabía que la historia de la explotación científica del espacio se estaba partiendo en dos. Su forma y estructura básica eran prácticamente las mismas de la Salyut. Pero a diferencia de esta, la MIR se equipó con un número mayor de computadores y, sobre todo, con una serie de "puertos de atraque" para el acople de módulos adicionales y de naves de transporte, además de mayores comodidades para los cosmonautas.

Pero casi cuatro años más tarde, los planes originales aún no se han completado. Las dificultades que han enfrentado los soviéticos para culminar el ensamble del proyecto completo se han convertido en una importante lección para los norteamericanos, quienes, sin tener la experiencia de los rusos en ese campo, planean lanzar, a finales de esta década, su propia estación, varias veces más grande que la MIR.

El primer módulo fue lanzado en abril de 1987. En un primer intento la nave pasó de largo ante el MIR, y en un segundo el acople fue imposible. Cuando los cosmonautas salieron al espacio a ver qué ocurría descubrieron que todo el programa estaba a punto de fracasar por cuenta de una bolsa plástica dejada fuera de lugar. En 1986, el programa estuvo a punto de tener una tragedia cuando dos cosmonautas que regresaban a la Tierra tras una larga permanencia debieron permanecer en su cápsula durante 26 horas mientras los operadores de control trataban frenéticamente de solucionar problemas de reingreso a la atmósfera.

En abril de 1989, los soviéticos abandonaron su política de mantenel al MIR permanentemente tripulado, y parte del programa era la falta de electricidad. Las células solares se habían venido degradando y la producción de las nuevas estaba demorada.
Sólo hasta septiembre del mismo año el MIR volvió a tener inquilinos, sólo que estos tuvieron que ingresar a la nave luego de hacer un atraque manual, tras la falla de los sistemas de llegada automática.

Todas esas dificultades, sin embargo, no le quitan mérito a los éxitos soviéticos en materia de estaciones espaciales. En particular, el módulo que será lanzado en breve tiene características de vanguardia, como una ducha y un inodoro y una cámara de aire para salir a caminatas en el espacio.
También dispone de una unidad tripulable que permitirá a los cosmonautas inspeccionar el exterior de la estación sin salir de la misma.

Pero, sobre todo, lo que más llama la atención de los observadores norteamericanos es la experiencia desarrollada por los soviéticos en cuanto a la construcción de estructuras complejas en el espacio. En los tiempos que corren, no sería extraño que los científicos de la URSS tuvieran mucho que ver en la forma final que tome la estación espacial norteamericana.-
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