Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2003/05/12 00:00

La muerte del culto Mac

Apple sobrevivió, pero ahora viste traje y corbata.

Probablemente el mayor fanatismo tecnológico en la era informática fue el culto Mac. Durante varios años Steve Jobs mantuvo convencidas a muchas personas de que sus computadores Macintosh venían de otro mundo. Jobs fundó Apple cuando apenas comenzaba la historia de la computación personal para ofrecer un producto dirigido a las élites del consumo, dispuestas a pagar por lo mejor de la tecnología del momento. "Piense diferente" fue el eslogan publicitario que asociaba a Apple con la contracultura, el espíritu contestatario y la imaginación creativa de los años 60 y 70 frente a IBM y Microsoft, que representaban el establecimiento. Un tipo inteligente como Umberto Eco llegó a decir que los Mac se la llevaban bien con la corriente apocalíptica en tanto que los PC representarían a la intelectualidad integrada al sistema y hubo en el mundo una ola 'macníaca' que incluía museos y colecciones de computadores Macintosh, afiches, camisetas y toda una iconografía alrededor de la famosa manzanita. No fue una simple estrategia publicitaria. Steve Jobs parecía entonces creer en las cosas que decía y construyó su imperio empresarial alrededor del culto a su figura. Dirigía Apple como un semidios, se paseaba descalzo por los pasillos de la compañía, recibía a importantes ejecutivos de la industria informática con los pies sobre el escritorio y dirigía discursos mesiánicos a sus empleados en reuniones masivas junto al mar. Vestía de negro, llevaba el cabello largo y hablaba mirando al infinito como un profeta que vaticinaba el advenimiento de un nuevo mundo tecnológico basado en el diseño hermoso e inteligente de sus máquinas. Los usuarios de Mac creían de veras que poseían un computador diferente, superior a los enclenques PC de entonces, que con modestia se vendían por una tercera parte del precio de un Apple. Tardarían varios años en descubrir que la arquitectura de ambos era la misma y que las verdaderas supermáquinas estaban más allá de la bizantina pelea entre Mac y PC. El modelo de Jobs -que fabricaba en exclusiva bajo la marca Apple todos los componentes- hizo crisis ante el éxito comercial del modelo IBM, que liberó la patente y facilitó el torrente de clones o 'compatibles' gracias al cual fue posible masificar el computador en el mundo. Vino a saberse después que las tremendas innovaciones introducidas en los computadores Macintosh, como el sistema de ventanas y el ratón, no se las inventaron los ingenieros de Apple sino que las pirateó Steve Jobs de los laboratorios Xerox. Y como los hippies que regresaron desencantados de su peregrinación hasta el Tíbet en los años 60, el público Mac inició la desbandada al mundo del PC, en donde por la mitad del precio se consigue una máquina el doble de potente aunque menos bonita. Mac sigue siendo preferida entre ciertos públicos especializados, como los diseñadores gráficos, algunos músicos y medios impresos, que aún prefieren armar sus páginas en entornos Apple, y por Vladdo, quien se niega a abandonar la trinchera, no obstante que la industria de software y hardware gráfico y multimedia está volcada hacia el mercado PC y descarga en plataformas Windows lo mejor de sus baterías. Steve Jobs es en la actualidad un ex rebelde integrado al sistema, que prácticamente trabaja a órdenes de Bill Gates, su archienemigo de juventud, viste Armani y trata de sacar a Apple del 5 por ciento del mercado mundial de computadores personales que posee en la actualidad. Eso sí, iMac todavía es la máquina más hermosa que haya creado jamás la industria informática.

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