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| 12/12/1988 12:00:00 AM

LA QUIMICA DEL DESEO

La testosterona puede mucho más que cualquier alimento o poción para estimular la libido.

LA QUIMICA DEL DESEO LA QUIMICA DEL DESEO
El hombre ha buscado el vigor sexual en las más diversas fuentes. Hongos, ajos, mariscos, pasando por la jalea real y el milenario ginseng han servido como estimulantes de la libido. Sin embargo, una reciente investigación demuestra que todo se reduce a una cuestión de hormonas .
Cada época de la humanidad parece tener su propio afrodisíaco. El Génesis menciona la mandrágora, a la que se le atribuyen propiedades estimulantes del deseo sexual; la literatura griega erótica refiere las virtudes fortificantes de los huevos, las habas y los crustáceos; en la oriental las recetas incluyen la cebolla, el ajo y los puerro como alimentos de alto poder afrodisíaco. El Kamasutra cita una mezcla de leche, miel y semillas de ajonjolí.
Como una precursora de nuestra "machaca", en la Edad Media fue utilizada la cantárica, insecto coleóptero europeo que, disecado y triturado, era el ingrediente para preparar pociones que si bien tenían poderes exitantes también podían producir la muerte.
Hoy se le atribuyen efectos estimulantes al germen de trigo, a algunos hongos, a los mariscos y al legendario ginseng. Lo que pocos saben es que el afrodisíaco más eficaz no es una sustancia que se pueda adquirir en el mercado o en una farmacia. Es la testosterona, una hormona que está presente en el organismo masculino y en el femenino, aunque en menor cantidad. Un estudio realizado hace pocos meses en la Universidad de Pensilvania en los Estados Unidos, comprobó que mientras más alto sea el nivel de testosterona presente en el organismo, mayor será la necesidad sexual.
La mayor innovación de este estudio consiste en que, por primera vez, se analizó el deseo sexual y no solamente el comportamiento durante el acto sexual. "El deseo sexual es algo extraordinariamente complejo y es además muy diferente en cada persona", explicó al New York Times el doctor Harold I. Lief, profesor de psiquiatría de la Universidad de Pensilvania. Esta diferencia entre las necesidades de cada persona quedó comprobada con numerosos experimentos que se realizaron para complementar el estudio. Un grupo de estudiantes universitarios debía oprimir una cinta, que se les colocó en una muñeca, cada vez que sintieran deseos sexuales o tuvieran una fantasía sexual. Mientras algunos lo hicieron más de 300 veces, otros sólo una o dos.
Con el estudio se confirmó el papel que juegan las hormonas en la vida sexual y quedó claro que la testosterona es la hormona que regula el deseo sexual en el hombre. Lo que todavía no se sabe con certeza es cómo influye esta hormona en el comportamiento sexual femenino. La testosterona varía en las mujeres en el transcurso del ciclo menstrual. Y aunque algunos experimentos demostraron que cuando el nivel de esta hormona es mayor, en la mitad del ciclo, el deseo sexual aumenta, los investigadores, sin embargo, no han podido establecer la razón.
El equipo del doctor Lief se concentró en dos problemas. Por una parte, en los individuos que posiblemente por un desbalance hormonal o por problemas psicológicos sienten poco deseo sexual. Por otra, en la interacción de la pareja a nivel psicológico y emocional que puede influir en la frecuencia con la que se tienen relaciones sexuales.
"En general, los hombres expresaron un mayor deseo sexual que sus esposas. Más del 12% de los hombres entrevistados para el estudio aseguraron que prefieren hacer el amor más de una vez al día, mientras solamente el 3% de las mujeres estuvo de acuerdo con esta preferencia. Pero en la realidad las cosas funcionan de otra forma: solamente el 2% de hombres logra tener relaciones más de una vez al día, y solamente el 1% de mujeres. Lo más común son las parejas que tienen relaciones tres o cuatro veces a la semana. Aunque parezca incréíble, el 12% sólo tiene relaciones una vez cada dos o tres semanas", concluye el doctor Lief.
Otro factor que influye en la vida sexual, y que tiene poco que ver con el nivel hormonal del organismo, es el estado emocional. Los conflictos matrimoniales son devastadores para las relaciones sexuales. "La depresión y la ira, acaban con el deseo erótico", afirman los terapistas. En el hombre la ira tiene un efecto mucho más fuerte e inhibe los deseos sexuales; en la mujer, en cambio, es la depresión la que produce con mayor frecuencia este efecto.
Lo que este estudio parece dejar claro es que no existe ningún alimento o poción mágica capaz de estimular directamente el impulso erótico. Lo que en realidad sucede es que una persona tiene deseos sexuales más frecuentemente que la otra.

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