Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2009/12/26 00:00

La revolución tecnológica no se detiene

La tecnología modifica el mundo a pasos agigantados. Lo que hace diez años era impensable, hoy hace parte de la cotidianidad.

La revolución tecnológica no se detiene

Diez años atrás, era impensable tener un teléfono celular con más memoria y capacidades que las computadoras personales de la época, con cámaras y programas que permiten manejar todos los aspectos de la vida de una persona. Dentro de diez años, el iPhone y los demás aparatos de su tipo serán antigüedades.
 
En la próxima década continuará la evolución de las computadoras y la internet y se producirán aparatos cada vez más rápidos y con más capacidades. Muchas más cosas contendrán sensores y computadoras que registran nuestras actividades, arman archivos digitales que aumentan nuestra memoria y nos ayudan a tomar decisiones y a procesar un exceso de información.
 
Se puede decir que esos son pronósticos exagerados. Es sabido que rara vez estos pronósticos se cumplen. Las predicciones a corto plazo tienden a dar por sentado que se producirán cambios muy rápidos y los pronósticos a largo plazo subestiman la posibilidad de un viro súbito y profundo.
 
Sin embargo, esta visión de aparatos interconectados que producen y filtran enormes cantidades de información son una progresión lógica de la web, de las computadoras y de los chiches que surgieron en la década del 2000.
 
Las computadoras del 2000 tenían una velocidad que es un sexto la de las de ahora. La iMac de Aple de 1999 tenía 64 megabytes de memoria RAM, que ayuda a cambiar de programas. La iMac de hoy es 60 veces más rápida. La vieja iMac tenía 10 gigabytes para almacenar fotos digitales y otros archivos. La de hoy tiene 500 gigabytes.
 
¿Recuerdan el discado? Otra cosa obsoleta. Hoy se impone la banda ancha.
 
Y la gente pasa cada vez más tiempo frente a la computadora. En Estados Unidos, una persona promedio pasaba 52 horas al mes en la computadora de su casa, según la firma Nielsen. Hoy pasa 68 horas.
 
Llenamos la memoria de los hard drives con música y fotos, y aumentan la cantidad de hogares con cámaras digitales y reproductores musicales.
 
Surgen nuevas formas de comunicarse. La mayoría de nosotros tenemos teléfonos móviles, teléfonos con cámara, aparatos telefónicos de usos múltiples o el iPhone. Adquirimos computadoras portátiles y queremos contar con conexión de internet en todos lados.
 
Las páginas personales dieron paso a los blogs, que se pueden preparar en segundos y dan a toda persona con una computadora y acceso a la web la posibilidad de alcanzar una audiencia más grande que la de muchos diarios. Una primera generación de redes sociales fue reemplazada por sitios como Facebook y Twitter, donde podemos colocar textos, fotos y videos.
 
En la internet, nos cuesta fijar el límite entre lo que es público y lo privado. Contamos cosas íntimas a nuestros "amigos" virtuales y a veces nos pasamos de la raya, publicitando datos que mejor no se entere nuestro jefe.
 
Todos estos cambios fueron posibles por la explosión de la capacidad de las computadoras y de las conexiones.
 
Al ir por la vida, dejaremos más y más pedacitos de nosotros mismos en el mundo digital. Parte de ello será lo que distribuimos online. Pero también habrá información suministrada por aparatos. Muchos teléfonos, por ejemplo, pueden revelar dónde nos encontramos.
 
Dispondremos además de más información del mundo a nuestro alrededor al instante: cotizaciones en la bolsa, estadísticas del gobierno, bases de datos científicos y muchas cosas más.
 
El analista de Forrester Research James McQuivey dice que la información estará disponible de inmediato. Se imagina que podrá encontrarse con una conocida en una conferencia y disponer en segundos de sus últimas investigaciones y del nombre de su marido.
 
Programas de software recordarán todo lo que McQuivey compra, lee online y mira en televisión. Un "filtro" analizará sus gustos y le sugerirá qué libro leer y qué comer en la cena.
Opina además que será importante usar toda esta tecnología simplemente para mantenerse a la par del resto. Recuerda que antes los profesores de matemáticas prohibían las calculadoras y ahora las exigen. Dejar el aparato en la casa representa una gran desventaja.
 
Craig Mundie, a cargo de investigaciones y estrategias en Microsoft, cree que estamos muy cerca de la era en que las computadoras responden a la palabra hablada, gestos y la caligrafía.
Según su visión, tendremos programas que harán de "asistentes digitales" que nos ayudarán a resolver problemas. Por ejemplo, si uno busca casa, habrá un "asistente de mudanzas" que escuchará lo que uno quiere de una vivienda, lo procesará instantáneamente y ofrecerá posibilidades.
 
Hay quienes se imaginan una "nube" de potentes redes de computadoras que ofrecen servicios a la distancia. Manny Vara, de Intel Labs, visualiza situacions como ésta: ves una mujer hermosa en un bar y le tomas una foto, que envías a la "nube" para que la analice. Si resulta ser la desagradable ex de un amigo tuyo, una voz te dirá al audífono que tienes en el oído que sigas de largo. El aparato portátil no tiene que ser tan potente para sacar fotos que puedan ser usadas en un programa de reconocimiento de rostros. Solo necesita una buena conexión a la "nube".

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