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| 7/20/1987 12:00:00 AM

LAS MENTES DEL FUTURO

Un cinetífico austríaco pronostica que la era del hombre electrónico está más cerca de lo que se creía.


El supervisor de mantenimiento de la gran planta industrial japonesa ingresó solitario a una de las cadenas de producción. Su mente probablemente estaba distraída y por eso no vio cómo se desplomaba sobre su cabeza el brazo soldador de uno de los robots encargados de armar los automóviles.

Aunque varias de las muertes reportadas en circunstancias semejantes no han sido suficientemente explicadas, sería extremo afirmar que el caso anterior, constituye una soterrada revancha del robot, motivada por el poco cuidado que su víctima ponía todas las mañanas al aceitarlo. Eso resultaría demasiado.

El Armagedón
Las proyecciones que hacen hoy los científicos sobre el desarrollo de los computadores y de la cibernética, superarían hasta la mente calenturienta del más loco de los escritores de ciencia ficción.

Uno de los profetas de las posibilidades de la inteligencia artificial es el austríaco Hans Moravec, director del Laboratorio de robots móviles de la Universidad de Carnegie Mellon, de Pittsburg, Estados Unidos. El científico preconiza, sin ninguna clase de timideces, que la tecnología de los computadores está avanzando a un ritmo tan sostenido que no hay nada que hacer para evitar un mundo del futuro controlado por robots superinteligentes. Según él, en un tiempo sorprendentemente corto, alrededor de 50 años, la ciencia será capaz de transferir los procesos mentales humanos a una computadora, haciendo, de paso, inmortal el pensamiento. ¿Qué hubiera pasado? por ejemplo, si Albert Einstein hubiera sufrido ese proceso?

En un libro que está a punto de publicar, Mind Children (Hijos de la mente), Moravec dice que "la competencia económica por el desarrollo de sistemas de procesamiento de datos está forzando a la raza humana a diseñar su propio Armagedón". La evolución natural ha terminado, dice mesiánicamente Moravec. La raza humana diseña sus sucesores.

Las proyecciones de Moravec resultan en cierto modo sencillas. Su investigación muestra que el costo de computación se ha reducido, en promedio, a la mitad cada dos años, si se tiene como punto de partida la aparición, al final del siglo pasado, de las primitivas máquinas sumadoras. A ese ritmo, desde el comienzo del siglo XX ha habido una disminución alucinante de varios miles de millones de veces en el costo de la computación, considerada en unidades básicas de información, o bits, por segundo. Como si esto fuera poco, el ritmo se acelera con nuevos desarrollos como los circuitos de computador del tamaño de una molécula y los recientes avances en los superconductores. Los computadores se acercan a la biología.

El hombre biónico
Moravec explica el lento desarrollo de la inteligencia artificial en los últimos 20 años con el hecho de que hasta ahora los científicos se han visto seriamente limitados por la capacidad y velocidad de cómputo del equipo disponible, pues, aunque parezca extraño, las supercomputadoras de hoy apenas rivalizan con el cerebro de un ratón. Pero hacia el año 2010, siempre y cuando el ritmo de avance se sostenga, las máquinas serán al menos mil veces más capaces que las actuales y podrán compararse con la mente humana. En el 2030, según Moravec, los costos de computación se habrán reducido a tal extremo, que el computador personal, para entonces un poderoso robot pensante, podría ser el mejor amigo de su dueño.

"Supongamos que usted está sentado al lado de su mejor amigo, pero usted es diez veces más inteligente que él. (...) Ya que no podemos vencer a los computadores, se abre otra posibilidad. Podemos sobrevivir asumiendo su forma". Tan extremo pensamiento se apoya, para Moravec, en las diferentes formas mediante las cuales se puede "digitalizar" la mente humana. Esto implica algo que pone los pelos de punta: "Se podría conectar una computadora superpoderosa al "corpus callosum", el nudo de nervios que conecta los hemisferios del cerebro. El computador podría controlar el flujo de información que pasa por allí y, poco a poco, aprender a pensar como el cerebro. Con el paso de los años, el computador iría tomando imperceptiblemente el lugar del cerebro envejecido. Además, partes decrépitas del cuerpo se irían reemplazando gradualmente por repuestos cibernéticos hasta que nada quedara del original. La inmortalidad ".

Esta escena sólo podría hacerse realidad a finales del Siglo XXI, pero aun así resulta inimaginable para las anticuadas mentes de las postrimerías del segundo milenio después de Cristo.--
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