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| 8/5/2017 10:15:00 PM

Las redes sociales: Los reinos del odio

Europa ha dicho basta a las difamaciones y el matoneo político en internet. ¿Debería hacerse lo mismo en Colombia?

No en todas partes se puede pisotear la honra de un contradictor político desde Twitter. Alemania estrenó hace apenas un mes una ley que impone millonarias multas y hasta seis años de cárcel a quien utilice las redes sociales para propagar mensajes de odio, como han sido llamados los contenidos políticos que la extrema derecha europea mueve en internet contra los extranjeros, el islam, el comunismo y otros grupos que identifica como responsables de la situación económica actual. En la práctica, quedan severamente restringidas algunas banderas importantes del partido nacionalista AfD, principal adversario del CDU de Angela Merkel en la campaña electoral que cursa en ese país. Alemania no está sola en esta cruzada contra las campañas que incitan al odio y la violencia política. La Unión Europea estableció el año pasado un código de conducta de obligatorio acatamiento por parte de Facebook, Google, Twitter y Microsoft, que los obliga a eliminar de sus plataformas cualquier mensaje de odio en un plazo de 24 horas.

Tras los recientes y acalorados debates por el uso perverso de las redes sociales en nuestro país, se abrió la discusión acerca de cómo debería ser abordado este alarmante problema. Un vacío legal permite que las redes sociales sean convertidas en escenario de infamias, ultrajes, difamaciones y noticias falsas. No existe una legislación clara acerca de lo que puede y no puede decirse en la web, y aunque han sido proferidas sentencias judiciales alrededor de casos específicos, los ciudadanos se sienten con derecho a expresar en Facebook o Twitter cualquier tipo de sentimiento, acusación o estado de ánimo contra cualquier persona: un deportista, un personaje de la farándula o un adversario político. Y es este último punto el que ha elevado la temperatura de la internet colombiana a niveles preocupantes.

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El expresidente Álvaro Uribe no podría escribir en Alemania algunos de los trinos que lo han hecho célebre recientemente. Ningún político teutón puede difamar la honra de sus contradictores sin tener pruebas, por más excanciller que sea. La razón de las duras medidas europeas en contra de esta forma de utilización de las redes sociales en las campañas políticas es consecuencia del triunfo de Donald Trump. Para nadie es un secreto que los partidos de extrema derecha en todo el mundo están replicando la estrategia Trump: utilización de robots que crean cuentas falsas en las redes sociales y emiten sistemáticamente trinos y posts en contra de rivales políticos; portales que originan noticias falsas y escandalosas para desprestigiar a los contradictores ideológicos, y un uso intensivo de Facebook y Twitter como tribuna política de los líderes y cabezas visibles de estos partidos. Le funcionó al Partido Republicano el año pasado, y la Unión Europea, que enfrenta este año varios procesos electorales de gran trascendencia, decidió que no dejaría que en el Viejo Continente prosperaran estas mismas estrategias.

Mientras en Alemania Álvaro Uribe se vería enfrentado a una multa millonaria, a la clausura de su cuenta y a pena de prisión de hasta seis años si es que la justicia halla especialmente grave una injuria contra un contradictor político, en Colombia el expresidente recibió el año pasado un amable llamado de atención por parte de la Corte Suprema para que modere su lenguaje, tras la demanda que interpuso el periodista Daniel Coronell después de que Uribe lo acusara de tener nexos con la mafia. Ya sabemos que el expresidente decidió no moderar su uso de las redes sociales.

Pero no solo un partido político en Colombia está apelando a esta estrategia. Millares de internautas escriben a diario amenazas de muerte, acusaciones falsas y toda clase de improperios contra figuras públicas. Contra Nairo porque no ganó el Tour; contra Piedad Córdoba por sus posiciones políticas; contra cualquiera por cualquier diferencia. Nadie reconoce límites legales, pero… ¿debería haberlos? Carolina Botero, de la Fundación Karisma, cree que “el potencial de internet para dar voz a cualquiera (muchos a muchos frente al modelo pocos a muchos de todos los medios precedentes como radio o televisión) obliga a ser especialmente cuidadosos sobre las medidas que puedan prevenir la posibilidad de que la gente se exprese libremente”. Su posición es compartida por un buen número de defensores de las libertades en internet, que temen una cacería de brujas si se establecen leyes que permitan a los gobiernos controlar las redes. De hecho, la izquierda europea, los verdes y los liberales alemanes se opusieron a la medida porque la consideran una amenaza a la libertad de expresión, aunque todos coinciden en que hay que hacer algo para frenar los mensajes violentos y las noticias falsas.

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La experta se pregunta, además, si tiene poder el Estado colombiano para controlar a compañías tan poderosas como lo son las propietarias de las redes más populares del mundo digital. “Siendo realistas, puede ser aún peor en países como el nuestro saltar a legislar en caliente, sin un proceso de discusión amplio y, especialmente, sin considerar el poco poder para hacer cumplir las medidas”, afirma Botero. En eso tiene razón. Facebook, Twitter, Google y Microsoft aceptaron las restricciones de la Unión Europea y las más fuertes aún de Alemania, porque esa región del mundo tiene el peso político y económico suficiente para hacerse escuchar por estas grandes corporaciones. Tras conocerse el triunfo de Donald Trump, Angela Merkel amenazó con clausurar la operación de las grandes tecnológicas si no establecían compromisos serios para controlar las noticias falsas, y el mismo Mark Zuckerberg viajó hasta Berlín a reunirse con ella para calmar los ánimos. En Colombia, Twitter ni siquiera se tomó la molestia de responder las preguntas que formulamos alrededor del conflicto de uso de esta red que se vive en el país.

Las medidas de la Unión Europea han comenzado a rendir frutos. Acaba de conocerse el más reciente informe sobre la aplicación del código de conducta contra los mensajes de odio y los resultados muestran que las redes sociales eliminaron el 59 por ciento de los mensajes identificados durante el último año. Facebook lo hizo cumpliendo el plazo de 24 horas. Muchos de estos mensajes provenían de las campañas del partido nacionalista AfD o del Frente Nacional francés durante la campaña de Marine Le Pen.

El Ministerio de las TIC ha tomado cartas en el asunto, en la medida en que puede hacerlo por ahora. El viceministro Juan Sebastián Rozo se puso al frente de la recién lanzada campaña #BajemosElTono, una estrategia que busca fomentar la convivencia digital en Colombia y promover una cultura cívica en la red. “El mundo virtual es real; ser agresivo en internet implica ser agresivo también en la vida real. Lo que decimos y hacemos en el mundo virtual tiene efectos en la vida real”, dijo el viceministro Rozo. MinTic identificó los cinco temas que están generando más conversaciones violentas en las redes sociales en el país: política, fútbol, género, religión y animales.

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¿Educar al público?¿Con- trolar y censurar los trinos violentos? ¿Retirarse de Twitter? Una discusión, probablemente tan acalorada como es la conversación de los colombianos en las redes sociales, ha comenzado. 

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