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| 6/20/1988 12:00:00 AM

LOS JAPONESES NO ESPERAN

A punto de lanzarse sistema revolucionario que convierte en obsoletos todos los televisores existentes.

La televisión, maravilla del siglo, está a punto de sufrir un avance semejante al que experimentó el sonido grabado cuando llegaron la alta fidelidad y el estéreo. Los actuales televisores, con sus orgullosos adelantos electrónicos, quedarán de un día para otro tan obsoletos como las viejas vitrolas que ayudaron a las abuelas a conquistar caballeros engominados, y la imagen que hoy se considera perfecta será un ejemplo de la anticuada tecnología del siglo XX.
Se trata de la televisión de alta resolución, conocida por su sigla inglesa HDTV (High Definition Television). Por lo pronto, esta nueva tecnología podrá remplazar la película de 35 milímetros en la producción de filmes para televisión, pues su nitidez no tiene nada que envidiarle y es más fácil de editar. Hasta ahora, el video tape solamente se había usado para producir las telenovelas y algunas comedias. Sin embargo, la introducción del video tape HDTV abrirá las puertas para que hasta las superproducciones de la televisión, inicialmente, y luego del cine, se puedan realizar por ese sistema.
Pero el verdadero impacto mundial, que tendrá repercusiones sociales, económicas, y hasta geopolíticas, se presentará en la próxima década, cuando las transmisiones empiecen a llegar al grueso público. Pero antes, la nueva televisión deberá enfrentar múltiples dificultades, que más que con sus aspectos tecnológicos, tendrán que ver con las implicaciones económicas de su introducción.
La televisión actual tiene dos sistemas en el mundo. El norteamericano conocido como NTSC, funciona con 30 imágines por segundo, cada una de ellas formada mediante 525 líneas horizontales. El sistema europeo, tiene sólo 25 imágines por segundo, pero cada una se compone de 625 líneas, lo que le da como resultado una imagen que, en opinión de muchos, es superior a la del NTSC.
El nuevo sistema, llamado en Japón Hi-Vision, ha establecido la pauta de la televisión del futuro. Aunque el número de imágenes por segundo es igual al del norteamericano, cada una de ellas se forma en 1.125 líneas, casi el doble de los otros sistemas. Se trata de la mayor innovación en la TV desde que se perfeccionó la trasmisión a color, y como dice un funcionario de la Comisión de Comunicaciones de los Estados Unidos, "no es una evolución, sino una revolución. Esta es la T. V. del siglo XXI". Pero no se habla solamente de la extraordinaria claridad de la imagen, ni del sonido, que será tan bueno como el de los discos compactos: otra ventaja del nuevo sistema será la corrección de la diferencia existente hoy entre el cuadro usado para la filmación de películas y el de la pantalla de televisión.
En efecto, y aunque parezca increíble, una de las mayores fallas de la televisión actual es la relación existente entre el largo y ancho de la pantalla. La mayoría de las películas están filmadas para presentarse en pantallas que tienen una relación de ancho contra altura de 1.66 a 1, mientras que la televisión funciona con una relación de 1.33 a 1. Eso significa que una parte de las películas presentadas y hasta de las videocintas que se alquilan aparecen, necesariamente seccionadas en la pantalla televisiva. Aunque se trata de un ajuste que parece insignificante, desde el punto de vista técnico tiene importantes repercusiones.
Sin embargo, las evidentes ventajas de la nueva televisión no han alcanzado a superar la dificultades económicas que significa su puesta en marcha en el mundo. La razón es que el sistema no es compatible con el actual por lo que será necesario hacer cuantiosas inversiones en las emisoras, lo que de todos modos no resulta tan complicado como el hecho de que todos los televisores actuales quedarán convertidos en dinosaurios. Por eso, tanto en los Estados Unidos como en Europa se vive una especie de pánico televisivo ante lo que se considera la próxima invasión comercial japonesa de grandes proporciones
Particularmente en Europa, la recepción a la nueva tecnología ha sido fría. Una de las razones que se aduce para ello es que allí, a diferencia de lo que ocurre en Estados Unidos, la mayoría de los millones de televisores en funcionamiento son producidos por países del Mercado Común Europeo. Por esa circunstancia, en el Viejo Mundo se ha anunciado la intención de establecer el standard europeo de televisión de alta definición, incompatible con el japonés. Aunque aún ese standard no ha sido descrito, es claro que la decisión tiene connotaciones económicas. Como dice el gerente de la gigante electrónica holandesa Phillips, de abrírsele las puertas al sistema japonés, "seríamos barridos del mercado ".
En los Estados Unidos la conmoción no ha sido menor, con el agravante de que aún no hay decisión sobre la forma de adoptar el nuevo sistema. Al menos seis comités conformados por los interesados en el tema, desde las grandes cadenas hasta los productores de repuestos, trabajan para emitir sus recomendaciones a la Comisión Federal de Comunicaciones, pero las perspectivas de acuerdo son remotas.
Pero si desde el punto de vista estatal la cuestión es compleja, no lo es menos desde el ángulo del consumidor. Los nuevos televisores serían, al menos en los primeros años, muchísimo más caros que los del viejo sistema -US$3.500- y la incompatibilidad entre éste y el tradicional va a llevar a la situación sin precedentes de una televisión para pobres y otra para ricos, lo que hará necesaria la revisión de todos los principios conocidos de publicidad y mercadeo.
Con o sin acuerdo, los japoneses esperan comenzar a comercializar el nuevo sistema hacia 1991, basados, en un principio, en video-grabadoras y televisores del nuevo formato. Como el que pega primero pega dos veces, su irrupción en el mercado tal vez les signifique alguna ventaja en su objetivo de ganar la estandarización mundial. Pero aunque no se logre un acuerdo internacional, pocos dudan de que de una u otra forma,la nueva televisión terminará abriéndose paso en el mundo y de que las celebraciones por el cambio de siglo serán vistas en muchos países con una nitidez desconocida hasta ahora.




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