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| 8/29/1988 12:00:00 AM

MICROMOTOR

El desarrollo de máquinas microscópicas cambiará la vida del hombre.

No es fácil imaginar un motor eléctrico tan ancho como el diámetro de un cabello humano; sin embargo, unos investigadores de la Universidad de California, Estados Unidos, han fabricado uno, que podría ser la máquina más pequeña producida por el ser humano en su historia. Se trata de una manifestación más de una nueva tecnología que busca la conquista de una dimensión casi desconocida, la microscopica.
Los micromotores eléctricos abren toda una gama de aplicaciones que hasta ahora eran consideradas imposibles, no sólo en medicina sino en la producción industrial de objetos que, por sus dimensiones y características hubieran sido imposibles. La micromecánica ha llegado ya a producir piñones del tamaño de glóbulos de la sangre y resortes, cigueñales y abrazaderas tan insignificantes, que pueden ser inhalados accidentalmente.
En esas dimensiones, es necesario recurrir a un esfuerzo conceptual para definir las cosas. Por eso, los entendidos dicen que los microscópicos objetos son máquinas por sus piezas móviles y su capacidad para realizar un determinado trabajo.
Solamente se están empezando a configurar algunas de las aplicaciones que parecen más sencillas, aunque el desarrollo mismo de la tecnología traerá muchas más. Lo primero que se puede imaginar es una nueva clase de instrumentos quirúrgicos para microcirugía, como por ejemplo en las operaciones de retina, y además, verdaderos molinos microscópicos podrían hacerse circular por las arterias para disolver por medios mecánicos las acumulaciones de grasas que amenazan la vida de los pacientes. Como si eso fuera poco, pueden desarrollarse "píldoras inteligentes", que mediante sensores administren las dosis necesarias, por ejemplo de insulina para los diabéticos, siempre que su nivel de glucosa alcance cantidades críticas.
Para hacer los micromotores, los investigadores están usando una tecnología diseñada esencialmente para la producción de microchips. Se trata de estructuras precisas que se elaboran al depositar capas supremamente delgadas de silicona en algunas áreas y eliminando el exceso en otras. Sin embargo, la miniaturización no se refiere solamente al tamaño de los aparatos en si sino también a su costo. Al respecto, uno de los investigadores, Kaigham Gabriel, declaró que "no sólo se pueden reducir las cosas, sino al mismo tiempo hacer millares de ellas". Eso abre además una posibilidad aún más amplia: la masificación, que puede llevar a consecuencias imposibles de imaginar. Esa circunstancia haría posible por ejemplo, construír televisores completamente planos en que la intensidad de la luz de cada milímetro cuadrado de la pantalla estuviera controlada por un microsensor mecánico.
Mientras las micromáquinas no tienen aún aplicaciones prácticas, sus hermanos mayores, los microsensores, que pertenecen a la misma categoría pero no tienen piezas móviles, ya son usados, en forma anónima, en muchos de los adelantos que hoy parecen maravillosos. Entre ellos están muchos de los aparatos de carburación electrónica de los automóviles y los sistemas modernos para medir la presión arterial, para citar solamente algunos.
El desarrollo de las partes móviles solamente ocurrió hace cerca de un año, por lo que aún está en etapa de investigación. Para lograr las piezas móviles en el interior, los investigadores aplicaron en algunas estructuras una clase especial de vidrio que, al final del proceso, desaparece. Una analogía adecuada para explicar el procedimiento sería imaginarse a un mecánico que construyera una máquina con unas piezas de metal y otras de hielo, y luego dejara derretir éstas. La diferencia está en que el rotor, en el caso de la máquina de California, mide 60 micras de diámetro, mientras que el de un cabello humano mide 100.
El objetivo ideal es producir un micromotor que tenga además capacidad como sensor. De esta forma, se podría llegar a un aparato que midiera las influencias externas y reaccionara de manera "inteligente". Sin embargo, aún falta mucho camino por recorrer. De hecho, algunas preguntas todavía no tienen respuesta. Muchas de ellas se plantean puesto que las fuerzas que a escala normal son insignificantes, en el mundo microscópico pueden resultar demoledoras. Como comenta uno de los científicos: "No sabemos lo que significa la palabra fricción a ese nível. El aire parece gelatina para turbinas tan pequeñas".
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