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| 4/25/2004 12:00:00 AM

País sin innovación

Por enésima vez un gobierno colombiano promete invertir en serio en ciencia y tecnología.

Tremendo palazo el que dio Rodolfo Llinás a los gobiernos colombianos que por décadas, uno tras otro, han prometido resolver la histórica deuda que el país tiene con la ciencia y la tecnología. "Es vergonzoso; hace 10 años se nos prometió el 1 por ciento del PIB para ciencia y tecnología, ¡y no nos cumplieron!", dijo el científico colombiano más notable, durante su intervención en el Foro Conciencia Abierta, convocado por Maloka, Colciencias y el Convenio Andrés Bello. La inversión colombiana en estos campos alcanza a duras penas el 0,3 por ciento del PIB, una de las más bajas del hemisferio occidental.

En todos los indicadores de ciencia y tecnología estamos tan abajo como en la eliminatoria al Mundial de Alemania: número de científicos, número de gente trabajando en el sector, patentes registradas, capacidad innovativa, inversión pública, inversión privada. La inversión per cápita en tecnología en Estados Unidos es de 1.000 dólares y en Colombia, de menos de seis dólares, mientras que en Argentina es de 35; en Chile, de 24 y en Cuba, de 30 dólares por habitante, para compararnos con vecinos igual de pobres. "Cómo es posible que nos den tan poquita plata", decía Llinás.

Es claro que Colombia no puede darse el lujo de pensar en el desarrollo científico cuando tiene urgencias más trascendentales como invertir en la guerra, mejorar la imagen en el exterior, cubrir el déficit fiscal o comprar el avión presidencial, pero también está probado que cualquier estrategia de desarrollo de un país exige mínimo el 1 por ciento del PIB para promover la ciencia y la tecnología.

También es cierto que no toda la responsabilidad cae en hombros públicos. Salvo excepciones dignas de destacar como la agroindustria azucarera, que ha puesto sumas importantes para la investigación en tecnologías que mejoren su competitividad, la mayoría de empresarios colombianos todavía no saben para qué sirve la ciencia; y si saben, se hacen los que no, lo que explica la modesta capacidad de la industria nacional para agregar valor a sus productos y servicios. En el mismo foro, la presidenta de la Cámara de Comercio de Bogotá, María Fernanda Campo, informó que la mitad de las empresas de Bogotá y Cundinamarca no conocen o no utilizan en absoluto los centros de investigación de la región.

Por fortuna, como en el fútbol, los buenos jugadores surgen a pesar de los flojos directivos, y hay un número creciente de científicos y tecnólogos colombianos llevando a cabo programas dignos de admiración. En el foro fueron presentadas las experiencias de Parquesoft, en Cali y el suroccidente; Corpogen, creada por científicos que trabajaron con Patarroyo hasta cuando le fue retirado el apoyo en Bogotá, y Maloka, el más importante programa de apropiación social de la ciencia y la tecnología con que cuenta el país.

La directora de Colciencias trató de incrementar el optimismo con la presentación de la nueva 'Política dinámica de apropiación social de ciencia y tecnología 2004-2006' y prometió que el país invertirá hasta el 1,5 por ciento del PIB en ese campo.
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