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| 9/14/1987 12:00:00 AM

POLVORA EN GALLINAZOS

A veces los inventos que se anuncian para el futuro, resultan ser tan sólo espejismos.

Aviones de energía nuclear autopistas automatizadas centrales portátiles de energía, minería submarina, trasplantes rutinarios de órganos, cura para el cáncer. Estas son sólo algunas de las innovaciones que los fufuristas de hace 20 años prevenían como lugar común para 1987. Muchas de estas ideas se desecharon, mientras otras fueron superadas. También hay algunas que se mantienen como un mero destello en los ojos de un científico. Pero muy pocas han hecho a alguien rico, o tan rico como los futuristas llegaron alguna vez a pensarlo.
¿Puede predecirse la tecnología? Una gran cantidad de compañías gasta su dinero en el intento, por una razón muy buena: el costo de fallar en entender o predecir el cambio puede ser colosal. Como ejemplo están los 125 mil millones de dólares despilfarrados en plantas nucleares en los últimos 15 años. O los miles de millones gastados y perdidos en la explotación y procesamiento del uranio, con miras a abastecer el boom nuclear. Pero también deben tenerse en cuenta los millones de dólares que muchas compañías electrónicas pudieron haber ganado, pero no lo hicieron por no haber previsto la existencia del computador personal.

NI TANTO QUE QUEME AL SANTO
Ignorar el cambio tecnológico puede significar meterse en graves problemas. La compañía Friden solía hacer dinero con las calculadoras mecánicas. En otra época la Western Union hizo unas buenas ganancias con la entrega de telegramas. A la aeronáutica Curtiss-Wright, por entonces tan grande como la Boeing y la Douglas sumadas, le iba muy bien con motores de pistón, y miraba con desprecio el advenimiento de la propulsión a chorro.
Pero entusiasmarse demasiado con la tecnología puede ser tan grave como ignorarla. Ejemplos de ello los constituyen la ya larga búsqueda del automóvil eléctrico, los robots, los videotextos o los jets supersónicos. También figuran en esa lista los costosos errores cometidos por aquellos ejecutivos convencidos en algún momento de que la tecnología era la llave para conquistar cualquier horizonte: en los sesenta se llegó a pensar, por ejemplo, que los resultados eran infalibles por el solo hecho de que los problemas empresariales habían sido resueltos mediante computadores.
Si la tecnología fuera simplemente un problema científico, su predicción sería bastante sencilla. Varios componentes de aquella lista de tecnologías futuras que circulaba a finales de la década de los sesenta resultaron ser científicamente válidos: vuelos hipersónicos, holografía, superconductividad, alimentos irradiados, hidroplanos, termoelectricidad, control climático. Pero estas tecnologías no llegaron a vivir lo que se esperaba de ellas. Han resultado, por el contrario, inversiones desperdiciadas. La explicación puede estar en que el mercado no estaba listo, las legislaciones no daban el ancho, los costos eran demasiado altos o algún competidor inesperado las dejaba prematuramente obsoletas.
Al mismo tiempo, los futurólogos de 1967 tampoco mencionaron en aquella época dos descubrimientos científicos cuyos efectos económicos serán cataclísmicos: la ingeniería genética y las fibras ópticas.
El problema está en la oportunidad. Entre la aparición de una novedad y el desarrollo de un producto fácilmente puede pasar un lapso de 40 años. Por ejemplo, el láser de rubí no fue desarrollado hasta 1960, a pesar de que Albert Einstein describió sus principios en 1917. Watson y Crik desentrañaron el código genético en 1953, pero las drogas producidas genéticamente no llegaron al mercado hasta 1982.
El presidente de los laboratorios AT&T Bell, Ian Ross, dice: "El videotexto es el bello ejemplo de una tecnología que es accesible, pero que aún no tiene un mercado fuerte. Y esto es sorprendente. Nuestros laboratorios crearon hace 20 años los primeros teléfonos con imagen, pero no los pudimos ofrecer a un precio suficientemente atractivo".
La holografía, o sea la técnica para proyectar imágenes tridimensionales, se promovió como una forma de televisión tridimensional, pero las compañías que se establecieron para explotar este concepto se quebraron en cinco años. La televisión en color apareció por esa época y satisfizo al consumidor.
Algunas veces los científicos no se imaginan qué tan poderosos resultan ser sus descubrimientos. Los chinos inventaron la pólvora, pero nunca la explotaron. En 1943, el presidente de Zenith Radio criticó el optimismo con el que muchos recibieron la aparición de la televisión, afirmando que "es técnicamente viable, pero desde el punto de vista económico, no suena posible". Cuando se desarrolló el rayo láser a todo el mundo le pareció muy bonito pero los científicos no sabían qué hacer con él.
No fue sino hasta 1970 que se pensó en el mercado que los rayos láser tendrian en las telecomunicaciones, cuando la fábrica Corning Glass inventó un proceso para hacer fibras ópticas. Hoy se han invertido miles de millones de dólares en las redes de fibras ópticas, en una aplicación que nadie imaginó en un comienzo.
Algunas veces, sin embargo, los científicos han exagerado las perspectivas de sus invenciones. Se recuerda el anuncio de una bateria tan poderosa que posibilitaría la construcción de un automóvil eléctrico de un radio de acción de 200 kilómetros sin recargue. El "oso" fue de la firma Gulf & Western, que en 1985 abandonó el proyecto, cinco años después de haber anunciado la novedad. Por la misma época, General Motors anunció el desarrollo de su automóvil eléctrico, pero su centro de investigaciones para tal efecto en ese campo tan sólo sobrevivió 3 años.
En el campo de la superconductividad hay un caso bien representativo: La firma Energy Conversion Devices ha reclamado el mérito de muchos de los desarrollos conseguidos, pero lleva 27 años absorbiendo dinero de los inversionistas sin que hasta el momento haya producido un solo dólar de utilidades.
Resulta lógico preguntarse si pueden evitarse esos errores históricos. Algunos piensan que no. Esa es la opinión del director de investigación de la IBM, Ralph Gomory, quien afirma que "la investigación es dirigida por lo que uno pueda hacer en el laboratorio. Eso significa que una aplicación puede tardar mucho tiempo en aparecer, y que incluso muchos de los hallazgos nunca se usen ".

PROBLEMA DE TIEMPO
¿Y qué es lo que los observadores prevén para los próximos años? Para algunos lo que se está viendo es un nuevo florecimiento de la inventiva luego de unos años desafortunados. Para el economista F.M. Scherer, "con la habilidad de sintetizar el DNA, las múltiples manifestaciones de la revolución microelectrónica y el tercer gran factor, la superconductividad, (...) nos encontramos en el momento clave de un gran salto cualitativo". Para Robert White, presidente de la Academia Nacional de Ingeniería de Estados Unidos, la clave del futuro estará en la fusión de la tecnología informática con la biotecnología y con otros campos, que crearán un universo nuevo de recursos y procesos. "Estas áreas tendrán una influencia que superará a cualquier descubrimiento de los últimos dos siglos. Es sólo un problema de tiempo".
Lo que parece claro, después de todo, es que la explotación económica de la tecnología no es tanto el resultado de andar adelante sino el del sentido de la oportunidad, aunado a un importante ingrediente de buena suerte. Para la muestra un botón: quien creó la industria de la televisión de Estados Unidos, Allen Du Monto, vio quebrar su compañía, mientras que la gente del cine, por quien nadie daba cinco centavos cuando apareció la televisión, a las diez y últimas resultó siendo la principal beneficiada, no sólo con la reprogramación de los viejos clásicos, sino con la producción de grandes películas especiales para la televisión, una "enemiga" que finalmente se reveló como la mejor de las amigas.




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