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| 2/12/2006 12:00:00 AM

Porvenir incierto

La Cumbre de la Sociedad de la Información, que comenzará en Túnez el próximo viernes, tiene en sus manos el futuro de Internet.

El viernes y el sábado de la presente semana podrían ser días trascendentales para la historia de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC): en Túnez tendrá lugar la Cumbre Mundial de la Sociedad de la Información, reunión convocada por Naciones Unidas para definir las políticas globales en materia de brecha digital, masificación de las telecomunicaciones y control de Internet. Tres temas centrales están en cocción desde hace un par de años -cuando se realizó en Ginebra la primera parte de la Cumbre- y que posiblemente estallarán en Túnez este fin semana: uno, el gobierno de Internet. Varios países exigen que Estados Unidos ceda el control que tiene sobre la red y encuentran inaceptable que un país controle unilateralmente una plataforma tan crucial para todo el mundo. La organización que administra Internet se llama Icann y hace su tarea por mandato del Departamento de Comercio de Estados Unidos. La razón tiene que ver con el origen de Internet, que nació en ese país por iniciativa de universidades y centros militares norteamericanos. Pero Internet es en la actualidad un instrumento esencial para las comunicaciones en todos los países y hasta la Unión Europea amenazó con fracturarla en dos, y crear una red aparte si Estados Unidos se niega a ceder el control. Como siempre, el gobierno de George W. Bush dijo tajantemente que no cederá ni compartirá la administración de Internet y entonces no se sabe si Europa será capaz de llevar a cabo su amenaza -y el mundo tendría dos Internet o más- o terminará reconciliándose con el gobierno norteamericano, como lo hizo, por ejemplo, tras sus desacuerdos sobre la invasión a Irak. El segundo tema conflictivo es quién va a financiar la lucha contra la brecha digital, es decir, cómo hacer para que en 2015 todas las escuelas, hospitales y las comunidades más pobres del planeta entero estén conectadas a Internet y accedan a las tecnologías de la información y la comunicación. La industria informática quiere que las leyes del mercado se hagan cargo, lo que significa, en términos sencillos, que los consumidores paguen de su bolsillo el acceso a las TIC. Este enfoque comercial, por fortuna, no fue recibido con simpatía y los gobiernos reconocen que la brecha digital requiere subsidios y apoyo público y privado fuerte. No se puede hacer negocio con el derecho de los pobres a la comunicación y el desarrollo. El problema es que la idea de crear un fondo mundial para financiarlo no le cayó bien a los países industrializados, a los cuales les agradaría un mundo más justo siempre y cuando no sean ellos quienes lo paguen. El tercer tema chispeante será el 'marco político' para desarrollar la lucha contra la brecha digital. La Cumbre de la Sociedad de la Información se diferenciaba de las demás cumbres de Naciones Unidas en que por primera vez la sociedad civil tenía un asiento oficial en las deliberaciones. Por eso en los primeros borradores de marco político se incluían los derechos humanos, el derecho a la comunicación, el papel de las comunidades, las redes alternativas y el software libre en el desarrollo de Internet y de las TIC. Parece que Estados Unidos perdió la paciencia con estos arrebatos democráticos y en septiembre pasado, durante la última de las reuniones preparatorias, la sociedad civil y el sector privado fueron excluidos de la redacción de los textos finales que serán aprobados en Túnez. La propuesta de la delegación de India para que el software libre sea acogido como plataforma para el desarrollo de las TIC en los países pobres fue descartada. El próximo viernes se podría celebrar una reunión trascendental que modifique y democratice el acceso de los humanos a los beneficios de las telecomunicaciones y las tecnologías de la información; o podría no ocurrir nada, como pasó en Rio de Janeiro en 1992, cuando Estados Unidos dijo "no" a todas las cosas interesantes que allí se propusieron en materia de sostenibilidad ambiental del planeta. Pero aún queda la esperanza de que después de Túnez, los gobiernos de todos los países intenten poner en práctica los compromisos que han adquirido.
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