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| 11/19/1990 12:00:00 AM

Qué buena papa

La ingeniería genética convertirá a la papa en el alimento más importante del siglo XXI.

Cuando Cristóbal Colón llevó por primera vez la papa a Europa, el humilde tubérculo fue rechazado inicialmente con desprecio por las cortes del Viejo Mundo. Poco se imaginaban que la papa sería el verdadero tesoro de los Andes, una contribución americana mucho más valiosa que todo el oro de El Dorado. Versatilidad culinaria, adaptabilidad agrícola y excelente calidad nutricional, son las principales virtudes de un alimento que se ha convertido en el centro de la campaña para erradicar el hambre del mundo.
Por supuesto, no se trata de nada nuevo. Desde los incas, no han sido pocos los pueblos que han tenido a la papa como fuente principal de proteínas. El hecho es que en el presente , la papa es el cuarto producto agrícola del mundo, después del trigo, el arroz y el maíz, pero se espera que suministre un porcentaje mayor de calorías y nutrientes fundamentales. La razón es que los experimentos científicos, muchos de ellos mediante la manipulación genética, están en proceso de ampliar el ámbito cultivable y de erradicar algunas enfermedades que limitan la producción.
La importancia del esfuerzo aparece al considerar las cualidades de la papa. Lo cierto es que esa planta produce mayor cantidad de comida con menor utilización de terrenos, que cualquier otro cultivo en el mundo. A tiempo que casi no contiene grasa, su proteína tiene cualidades nutricionales parecidas a las de la leche, y esta acompañada por gran canlidad de vitaminas y minerales. Las buenas cualidades de la papa no han pasado inadvertidas para los chinos, quienes producen hoy en día la mayor cosecha mundial, detras de la Unión Soviética. En la actualidad, un tercio de la producción mundial (triplicada desde. 1950) es cosechada por los países en desarrollo.
Lo que está pasando con la papa, según algunos investigadores, es una verdadera "revoluci6n subterranea". Los adelantos que están a punto de producirse podrían lograr que la papa significara para el Tercer Mundo lo que significó para Europa en el siglo XVIII, cuando se convirtió en la fuente segura y estable de alimento que sirvió de base para la revolución industrial.
El Centro Intemacional de la Papa, con sede en Lima, Perú, es uno de los laboratorios de vanguardia en la investigación de la solanácea. Allí se conservan en medio estéril alrededor de 5.000 variedades diferentes, -clasificadas en 230 especies en forma de cultivos de tejidos. El objetivo de la colección es preservar la gran diversidad genética que caracteriza a la papa y servir como muestrario de características para mejorar las variedades que se siembran en cada región.
Lo que llena de optimismo a los promotores de la papa como alimento esencial, es que los investigadores ya no tienen que depender de la técnica tradicional de obtención de nuevas variedades, que tomaba en ocasiones hasta 25 años. Hoy, por cuenta de la ingeniería genética, es posible introducir genes sintéticos capaces de mejorar aún más la calidad alimenticia de la papa, a tiempo que la hacen más resistente a las enfermedades.
El Centro Experimental de Lima está trabajando en la introducción de una bacteria capaz de convertir los tumores de la planta en verdaderos ingenios genéticos. Se trata de la Agrobacterium tumefacierls, un microorganismo que en la naturaleza inserta un fragmento pequeño de su ADN en el núcleo de las células de la planta, las que aceptan como propio el nuevo material genético.
Al observar ese fenómeno, los cientificos dedujeron que esa Agrobacterium podría servir para insertar en las células de la planta los segmentos sintéticos de genes. Hasta ahora los investigadores han conseguido sintetizar alrededor de 80 genes, varios de los cuales son capaces de inducir en la planta características nuevas, como resistencia a climas diferentes, inmunidad contra ciertas enfermedades, etc.
Otra vertiente de la investigación es el mejoramiento de la forma como se siembra la papa. La planta produce flores de hermoso color, y múltiples semillas, pero su utilización para la siembra ha sido tradicionalmente desechada, puesto que no siempre produce plantas de la misma calidad de la original. El sistema más acostumbrado es sembrar el mismo tubérculo, de cuyos "ojos" sale una planta exactamente igual a la madre.
Pero según los cientificos, la siembra del tubérculo resulta poco práctica, costosa y hasta peligrosa, puesto que las papas son capaces de transmitir sin ninguna dificultad enfermedades que no se localizan en las semillas. De hecho, mientras para sembrar una hectárea se necesitan varios bultos de papa, si se usan las semillas, la cantidad requerida cabría en una pequeña bolsa.
Los investigadores piensan que ya en unos 40 países del Tercer Mundo, se están sembrando las semillas mejoradas.
Todo eso indica que la vieja papa, tantas veces vilipendiada, está a las puertas de convertirse en el alimento para el siglo XXI. Como diría Colón, el que ríe de último, ríe mejor.
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