Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 1998/09/28 00:00

REVOLUCION SILENCIOS

Hace 10 años nació el IAC, el instituto que trajo a Colombia la tecnología del código de barras.

REVOLUCION SILENCIOS

En 1988, cuando Rafael Flórez daba sus primeros pasos como promotor del uso del código de barras en Colombia, fueron pocos los que creyeron en la utilidad de dicha tecnología. Sin embargo eso no fue motivo suficiente para desanimar a este administrador de empresas, conocedor de la informática. En junio de dicho año, con los pocos que creyeron en sus planteamientos y compartían su interés por el código, fundaron el Instituto Colombiano de Codificación y Automatización Comercial (IAC).
Cuando el IAC inició sus actividades prácticamente no había productos colombianos que llevaran las célebres barritas negras y blancas. Dieciocho meses más tarde poco más de 40 empresas estaban afiliadas al IAC y en 1990 el tarro de Choco Listo de 500 gramos se convirtió en el primer producto colombiano en llegar a los supermercados con las barras puestas. Así el sueño de Flórez se hacía realidad y el código de barras _inventado en Estados Unidos en 1973_ finalmente hacía su debut en Colombia.
Desde entonces todo ha evolucionado vertiginosamente. Hoy ya no hay que rogarle a nadie para que crea en las utilidades del sistema. El código de barras aparece en más de 200.000 productos nacionales.
Y aunque ya prácticamente forma parte de cada artículo, el código de barras no es obligatorio en ningún país. Sin embargo es usado por 850.000 compañías en el mundo, en más de 100 naciones, incluidas todas las de América Latina. "Su adopción se debe principalmente a la necesidad de mejorar la eficiencia para mantener los márgenes de rentabilidad, ya que es un modo más eficiente, productivo y seguro de manejar información que hacerlo en papel. Además es muy económico", señala Flórez. Y así parece confirmarlo el hecho de que por lo menos un 70 por ciento de las afiliadas al IAC son empresas medianas o pequeñas.
Más allá de las creencias sobre su uso para determinar el precio de los productos, el código de barras es una importante herramienta para hacer un completo seguimiento de cada artículo, desde que se fabrica hasta que llega a manos del consumidor final. Así se optimiza el manejo de inventarios y el proceso de reabastecimiento de los supermercados.
Según Flórez, "toda la información del código de barras gira alrededor de las necesidades del consumidor. Esta herramienta involucra a fabricantes, mayoristas, transportadores y minoristas para que los consumidores encuentren siempre lo que necesiten a la hora de hacer sus compras". Al cabo de una década quedó atrás la principal dificultad que en un principio se le atravesó a Flórez: la incredulidad. A ésta se sumaron la poca cercanía de la mayoría de los líderes empresariales del país a las tecnologías de información y la dificultad de adaptarse al cambio. Pero eso es historia y hoy casi cualquier empresa está muy cercana o familiarizada con el código de barras. Y el IAC, que empezó con cero empleados, tiene ahora una moderna sede en Bogotá, con 30 personas que trabajan en cinco dependencias y cuenta con 7.000 empresas inscritas. Lo que hace 10 años para algunos era una necedad hoy es una necesidad. Flórez tenía razón.

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