Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 2008/09/27 00:00

Saltarse la fila

Los colombianos no aprovechan las ventajas del gobierno electrónico.

Saltarse la fila

Muchos dolores de cabeza relacionados con trámites y filas se podrían evitar si los colombianos tuviesen una mayor vocación digital. Es cierto que Colombia se halla en lugares medios de la tabla en cuanto a penetración de las tecnologías de la información, pero hay más cosas buenas disponibles de las que el país aprovecha. En materia de gobierno electrónico (o eGovernment), el país ocupa el lugar 52 entre 192 países del reporte 2008 de Naciones Unidas y es tercero en Latinoamérica en avances en esta materia Todas las instituciones públicas y todos los municipios tienen un sitio web –algo que tomó muchos años conseguir– y ahora la meta es que pasen cosas interesantes en dichos sitios.

Lo que se conocía como Agenda de Conectividad, una estrategia de adopción de tecnologías que hizo célebre al país, continúa ahora bajo el nombre de Gobierno en Línea y como parte de la nueva estrategia Plan TIC del gobierno actual. La directora de Gobierno en Línea, María Isabel Mejía, se ha propuesto que las cuantiosas inversiones realizadas en infraestructura y formación de recursos humanos para gobierno electrónico ayuden de veras a solucionar problemas cotidianos de los colombianos, como las filas o la poca participación ciudadana en los asuntos públicos. Un reto difícil, sin duda.

Se destacan Proexport, la Comisión de Regulación de la Telecomunicaciones e Icetex entre las más pilas en implementar el gobierno en línea.

Pero no es sólo un asunto de evitar filas en las oficinas públicas al hacer trámites a través de Internet. La participación ciudadana se puede ejercer con el apoyo de las tecnologías. La población y los periodistas podrían tener acceso a los documentos y a la vida interior de las corporaciones públicas sin tener que recurrir a tutelas y derechos de petición. Hay países –poquitos, es verdad– en los que los sueldos de los funcionarios y los presupuestos detallados de cada institución oficial están publicados en la red, como gesto de envidiable transparencia. Aquí todavía hay que luchar contra alcaldes y funcionarios que no quieren publicar los pliegos de contratación en sus páginas oficiales, por conocidas razones. He allí la importancia del trabajo que la señora Mejía se ha propuesto: llegar en algún momento a rasgos de ‘e-democracia’, lo cual siginifica que ya no sólo hay transacciones, sino verdadera veeduría civil y ejercicio político ciudadano en la red. Es un camino que tendrá que transitar cualquier gobierno en adelante, de la línea ideológica que sea.
 

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