Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1987/08/17 00:00

SOL DE MEDIANOCHE

Los soviéticos estudian proyecto para convertir la energía solar en electricidad.

SOL DE MEDIANOCHE

Un ambicioso plan para convertir la energía solar en electricidad a través de satélites, ha comenzado a abrirse paso en la Unión Soviética, después de años de investigación silenciosa. Aunque inicialmentre la idea fue desarrollada por los norteamericanos en los años 60 y 70, fue desechada por demasiado costosa. El plan implica la utilización de un nuevo cohete gigante, "Energía", que pondría en órbita los satélites de conversión. El proyecto soviético, aunque no se han divulgado aún los detalles, tendría varias etapas. Según investigadores y científicos occidentales, la primera supondría la localización de reflectores solares en el espacio, básicamente espejos gigantes, para hacer rebotar la luz del sol a la Tierra y así poder iluminar de noche ciudades y fincas. La segunda etapa consistiría en poner en órbita los inmensos satélites que convierten la luz solar en energía eléctrica. La tercera contemplaría la construcción de antenas terrestres que recibirían la energía de los satélites para alimentar las redes eléctricas.
Se estima que las primeras fases podrían estar listas en los aríos 90, pero que su desarrollo total sólo se podrá lograr a comienzos del siglo entrante. Según científicos occidentales, el programa soviético marca una nueva etapa en la carrera para conquistar el espacio.
Uno de los pioneros de la idea de un satélite para recoger energía solar, Peter E. Glaser, afirma que "la energía es el prerrequisito para cualquier cosa que uno haga en el espacio. Hacerlo con satélites de energía solar les dará a los soviéticos múltiples opciones".

CON BENEFICIO DE INVENTARIO
William R. Graham, el asesor científico del presidente Reagan, ha dicho que la iniciativa soviética podría no ser completamente pacifica. "No hay una tajante división entre sus proyectos civiles y sus proyectos militares", afirmó, y añadió que "una sustancial capacidad de energía en el espacio es algo que podrían utilizar de varias maneras". Algunos expertos sostienen, por su parte, que los satélites de energía solar podrían constituir una amenaza para las armas espaciales y los sensores propuestos por Reagan dentro de su plan para la defensa antimisiles.
Los satélites solares en discusión van más allá de las pequeñas series de células utilizadas corrientemente en naves espaciales. Serán inmensas plataformas flotantes cublertas de células que convierten la luz solar en electricidad. Teniendo en cuenta que la iniciativa no pasa aún de las palabras, los expertos sostienen que tomará años saber qué tan firmemente persiguen los soviéticos sus metas solares.
Si lo hacen vigorosamente, el plan solar podría convertirse en la principal justificación para el nuevo cohete gigante "Energía", cuya razón fundamental han mistificado algunos expertos occidentales. Estos piensan que el cohete puede ser usado no sólo para lanzar vehículos y grandes estaciones espaciales o sondas planetarias, sino que también puede portar armas.
El cohete (de 27 metros) puede llevar carga superior a las 100 toneladas, cuatro veces más que los transbordadores espaciales norteamericanos. El vuelo de prueba del "Energía" se llevó a cabo el 15 de mayo pasado en Baikonur, una base espacial en Kazakhstan. Días después de la prueba, Guri I. Marchuk, director de la Academia de Ciencias Soviética, dijo que el nuevo cohete permitiría logros como "la puesta en órbita de plantas solares experimentales", lo cual abriría el camino para la "industrialización" del espacio.

EL PIONERO
Si bien los soviéticos se han apoderado de la iniciativa, la idea de los satélites de energía solar se originó en Estados Unidos a finales de los años 60 y su invención se atribuye al doctor Peter E. Glaser.
A mediados de los años 70, el plan contemplaba 60 satélites, cada uno del tamaño del área de Manhattan, en órbitas estacionarias a 35.680 kilómetros sobre la Tierra. Cubiertos de células solares, los satélites irradiarían la energía a la Tierra en la forma de microondas que serían recibidas por antenas y convertidas en electricidad, para alimentar la red nacional de energía. Un solo satélite solar o sunsat, se calcula que generaría similar energía a entre una y 10 plantas nucleares.
Después de investigaciones que costaron cerca de 20 millones de dólares al gobierno americano, y tras enormes críticas por parte de los ecólogos que advirtieron sobre el peligro de dañar la atmósfera terrestre y la vida silvestre, la idea se fue a pique a comienzos de los 80, en parte por el costo de la construcción del proyecto. La NASA calculaba una inversión que oscilaba entre los 500 y los 800 millones de dólares, mientras que la Academia Nacional de Ciencia estimaba que ascendería a tres trillones, llamándolo "de lejos, el más grande, costoso y complejo proyecto planeado por el hombre".
A medida que el entusiasmo por los satélites solares se fue debilitando en Estados Unidos, fue ganando terreno en la Unión Soviética, donde ingenieros y científicos trabajaron arduamente para investigar sus posibles opciones. En 1984, Pravda, el diario del Partido Comunista, informó que se adelantaban investigaciones para utilizar enormes reflectores en órbita para iluminación nocturna en las ciudades soviéticas y para combatir las heladas en las cosechas.
A comienzos de 1985, los soviéticos anunciaron un proyecto llamado "Electricidad de estrella", cuyo objetivo era la construcción al final del siglo de "una planta de energía en el espacio que trabajaría con energía solar". Los paneles de las baterías solares de esa planta serían colocados en un área igual a la de una ciudad pequeña. Las unidades de la planta serían llevadas al espacio por una nave y ensambladas por equipos de astronautas Leonid Leskov, un científico soviético, afirmó entonces que "no estamos listos aún para crear ese tipo de instalación" y agregó que era necesario adelantar más investigaciones sobre células solares. Pero anticipó que esas plataformas podrían ser comunes en el siglo 21.
En una publicación británica, en febrero del 85, el mismo Leskov explicó la razón del proyecto: "La operación de estos gigantes espaciales no requiere el consumo de recursos energéticos naturales y no afectará mayormente el medio ambiente: difícilmente cualquier radiación de microonda es absorbida en la atmósfera, y la eficiencia de su transformación en corriente eléctrica es del 90 por ciento". Además, sostuvo que "el éxito y la escala de la implementación del programa dependería del diseño de los cohetes trasportadores".
El mes pasado, cuando el doctor Marchuk de la Academia Soviética de Ciencias vinculó el nuevo cohete gigante con los satélites solares, apuntó hacia la meta más ambiciosa de los soviéticos: lanzar células solares en lugar de reflectores pasivos.

LOS PEROS
Científicos occidentales han dicho que el sistema debe desarrollarse en varias etapas antes de que los rayos puedan dirigirse a través de la atmósfera hacia las antenas terrestres. También insisten en que los satélites solares y los reflectores podrían tener un doble uso: pacífico y bélico. Se cree, por ejemplo, que los reflectores podrían iluminar un campo de batalla en la noche, y se recordó que en los 60 los norteamericanos contemplaron la posibilidad de lanzar reflectores espaciales para utilizarlos durante la guerra de Vietnam. El doctor Glaser señaló que sin la participación internacional en el proyecto soviético, Occidente no podrá saber nunca si algunos satélites solares portan poderosos rayos láser ocultos, apuntados en dirección a las estaciones antimisiles.
Otros expertos aún más suspicaces, sostienen que es un plan de locos tanto desde el punto de vista económico, como desde el punto de vista ambiental y que Occidente dio pruebas de sabiduría al abandonar la búsqueda.
El gran obstáculo en Estados Unidos para los sunsats fue el hecho de que no había ninguna institución civil que pudiera asumir tan enorme riesgo o planificar a tan largo plazo. Era demasiado largo para la NASA y demasiado riesgoso para las utilidades privadas. Los soviéticos, por el contrario, tienen más amplios horizontes, y los grandes proyectos están más acordes con su tradición. Con un gobierno centralizado se pueden asumir proyectos que van más allá del ámbito privado en sociedades descentralizadas como Estados Unidos.




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