Martes, 30 de septiembre de 2014

| 1987/07/13 00:00

UN CACHITO DE TU PELO

El cabello es el nuevo delator del drogadicto.

UN CACHITO DE TU PELO


La cruzada que se adelanta en Estados Unidos contra el abuso de las drogas, ha llevado a que para un sinnúmero de empleos, e incluso para ciertos ascensos se exija como requisito previo que el aspirante pase un examen que demuestre, contra toda duda, sus límpidos antecedentes en esa materia. Hasta ahora, la prueba más usada ha sido la del análisis de orina, que se considera de una precisión aceptable y que tiene un costo dentro de lo normal, esto es, tres o cuatro dólares.

Sin embargo, la prueba de orina tiene una serie de inconvenientes que han hecho que las autoridades norteamericanas dirijan la mirada hacia otras partes del cuerpo, en busca de trazas más indicativas de los gustos del individuo en materia farmacéutica. El turno le ha tocado al cabello, hasta ahora apreciado sólo por su capacidad de erigirse en artísticos peinados. Para los investigadores, como Werner Baumgartner, la estética producción filiforme guarda en su interior la historia de la conducta del individuo en materia de drogas. Baumgartner, un químico de Los Angeles, California, afirma que, con el análisis de cinco, o seis mechones de cabello, puede determinar no solamente si el individuo ha usado cocaína en los últimos meses, sino aproximadamente la fecha del pecado, y si se trata de un usuario ocasional, moderado o definitivamente "drogo".

Hasta ahora, la prueba del cabello no ha sido aceptada definitivamente por las autoridades norteamericanas, que esperan más investigaciones al respecto. Su alto costo lo hace poco competitivo frente a la de la orina. Baumgartner, quien ha fundado una compañía que aspira a generalizar la prueba del cabello, ha declarado que inicialmente el análisis para buscar una sola sustancia costaría alrededor de 50 dólares.

Las raíces del cabello absorben los residuos de drogas del torrente sanguíneo los cuales quedan depositados en el pelo a medida que crece, con lo que este se constituye en un archivo perfecto hasta que el interesado va a la peluquería. El cabello crece en la cabeza alrededor de dos o tres centímetros al mes, así que un mechón de diez centímetros representa una bitácora de vuelo hasta de seis meses atrás. Las pruebas de la orina solamente tienen una vigencia de algunos días.

Pero si hubiera pelo de cien años tampoco se escaparía a este archivo indeleble. Después de analizar algunos rizos del poeta inglés John Keats, quien vivió en el siglo XIX, Baumgartner dedujo que el bardo consumió hacia el final de su vida crecientes cantidades de opio, lo cual no era raro en esa época. De todas maneras el investigador no adelanta juicios de valores y disculpa a su involuntario conejillo de indias: "Estaba muriéndose de tuberculosis".

"El cabello tiene la ventaja de su larga memoria. Es un récord permanente, como los anillos de los troncos de los árboles", afirma Bernard Gropper, directivo del Instituto Nacional de Justicia, apéndice de investigación del ministerio del ramo en Estados Unidos. Tal vez por eso el Instituto ha designado 200 mil dólares para continuar los estudios a fin de adoptar las pruebas del pelo para la comprobación de la conducta de los convictos liberados bajo palabra.

Pero la permanencia de las trazas de droga en el cabello no es la única ventaja de esta prueba sobre la de la prosaica orina. En primer lugar, los resultados de esta se pueden distorsionar ingiriendo grandes cantidades de líquidos antes de entregar la muestra. Además para que el técnico pueda asegurarse de que la muestra de cabello corresponde realmente al investigado, le basta con cortarle él mismo un cachito de su pelo, mientras que en las pruebas tradicionales la única alternativa es observar al sujeto en el acto de orinar, con lo que, no solamente pasa un rato relativamente aburrido sino que puede bloquear sicológicamente al interesado. Por último, la verificación posterior del análisis de la orina resulta imposible, mientras el cabello permanece mucho más tiempo.

La prueba del cabello se realiza primero que todo, cortando un mechón apropiado, que se lava cuidadosamente para remover los químicos que puedan estar adheridos a su exterior. Inmediatamente el pelo se disuelve en sustancias químicas y luego, se aplica una técnica de medición de alta tecnología que se llama "radioinmunoensayo", que determina en forma precisa si quedan trazas de sustancias químicas y las identifica. Para determinar la época en que se incurrió en la infracción, los científicos cortan el pelo en segmentos cortos que analizan individualmente. Mientras más cerca están del cuero cabelludo, más reciente ha sido la última ingestión de droga.

No faltan las críticas de quienes esperan mayores precisiones: "No sabemos aún el nivel mínimo de consumo necesario para detectar las drogas en el pelo", dice Ronald Siegel, sicofarmacologista de la Universidad de California. Sin embargo, la mayor utilidad puede estar por el lado de los pacientes mentales a quienes las pruebas de orina no hayan revelado el uso de drogas. Con la prueba del cabello, se podrá aclarar su diagnóstico. Entre tanto, la expresión popular de tomarle el pelo a alguien, muy bien podría cambiar de connotación en el futuro.

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