Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 1987/04/13 00:00

UN DESCUBRIMIENTO ESTRELLA

La "Supernova Shelton 1987" promete nuevos descubrimientos sobre el origen del universo.

UN DESCUBRIMIENTO ESTRELLA

En estos días, la comunidad científica internacional está de plácemes por un evento ocurrido hace 160 mil años. Pero no se trata de que la ciencia haya estado atrasada de noticias. Lo que sucede es que se han descubierto los testimonios de una gigantesca explosión estelar ocurrida a una distancia de 160 mil años-luz. Si se tiene en cuenta que esta referencia es la distancia que recorre la luz en un año terrestre, se tiene una idea, aproximada por supuesto, de la distancia a que estaba la estrella moribunda.
En efecto, una supernova, que es lo que se ha puesto al descubierto, es el resultado de la explosión masiva de una estrella gigante que cede ante su propia gravedad. El colapso calienta rapidamente el nucleo de la estrella, al punto de provocar una reacción en la que los átomos de los elementos livianos se fusionan para producir elementos más pesados.
Podría tomar años el proceso necesario para entender completamente lo que ha sucedido en el lejano espacio, dicen los astrónomos, pero la mayoría de ellos cree que las observaciones enriquecerán profundamente el conocimiento de la creación de la mayor parte de la materia pesada del universo, incluido el carbono, cuyos átomos son la base de la vida.
Las observaciones revelan etapas sucesivas en la explosión de una estrella, y cómo en cada una de esas etapas los elementos pesados se producen. Se cree también que las supernovas generan ondas de choque en el universo que pueden causar la creación de nuevos sistemas solares, condensados del gas interestelar. Un entendimiento más profundo de todos estos procesos podría llevar al desarrollo de nuevas teorías acerca de la existencia de formas de vida diferentes en otras regiones del universo.
Los cientificos están atareados en aprovechar al máximo esta oportunidad, pues posiblemente no se vuelva a presentar, al menos en los próximos siglos. La última explosión de una supernova de que se tiene registro, sucedió, o al menos fue percibida en la Tierra, en 1604. Infortunadamente, en esa época los equipos eran, de lejos, mucho menos sofisticados que los que existen ahora, pero esa es la vida de los astrónomos en su diario enfrentar con los misterios del universo. Los cuerpos celestes suelen ser inoportunos.
El principal interés de los astrónomos se concentra en dos cualidades de la supernova; su brillantez o "magnitud" y la composición de la luz que está emitiendo. Los cambios en la brillantez permiten a los investigadores seguir de cerca el progreso de la explosión, y la composición de la luz revela no sólo los elementos químicos involucrados sino también la velocidad a la que las capas exteriores de gases se están expandiendo.
Mientras tanto, es vital que los investigadores logren identificar la estrella que ha sido transformada en supernova, porque necesitan tener como punto de referencia la reconstrucción de los cambios que sufrió durante el gigantesco totazo. Pero los días son contados, pues de todas maneras las emisiones observables permanecerán en una intensidad suficiente tal vez solamente unas semanas más, o a lo sumo un par de meses. El tiempo es, pues, de la esencia en esta ocasión.

"¿Y QUE NOMBRE LE PONDREMOS?"
Pero por lo pronto, el novedoso cuerpo estelar, si así puede llamarse, ya tiene al menos su nombre: la Unión Astronómica Internacional la ha designado "Supernova Shelton 1987", en honor del joven científico que la descubrió el 23 de febrero en el observatorio de Las Campanas, en Chile. Ian K. Shelton, de veintinueve años, se encontraba haciendo unas mediciones rutinarias. "Fue simplemente un asunto de antes y después" comenta. "Una fotografía tomada en el área resultó normal, y otra, tomada pocas horas después, reveló la nueva supernova".
Por el momento, el foco de atención mundial sobre el tema se centra sobre el norte de Chile, donde las principales observaciones se desarrollan. Al parecer, las noches chilenas dan para mucho más que una canción romántica, pues en un área de unos ciento cincuenta kilómetros se hallan tres de los más importantes observatorios del mundo: el primero, Las Campanas, fue el que logró su descubrimiento estrella, y es de propiedad del Instituto Carnegie de Washington; el segundo, llamado Observatorio Interamericano de Cerro Tololo, hace parte de los Observatorios Opticos Nacionales de los Estados Unidos, una entidad con sede en Tucson, Arizona, y el tercero es el Observatorio Europeo del Sur, con cuarteles generales en Munich.
El papel protagónico de Suramérica, por lo visto, resulta ser más por una coyuntura geográfica que por virtud de los científicos propios. Sin embargo, no deben perderse las esperanzas de tener algún día una Supernova Ramírez, aunque suene más a camDeón mundial de lucha libre






¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.