Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1997/06/09 00:00

UN DIA CON BILL GATES

La semana pasada se realizó en Miami una de las reuniones anuales más importantes en el mundo de la informática. SEMANA estuvo presente.

UN DIA CON BILL GATES

La importancia que tiene Bill Gates, gerente general de Microsoft, en la industria de los computadores es indiscutible. De ahí que su trayectoria despierte toda clase de comentarios a favor y en contra. Para algunos, este rubio de 41 años es un hombre con visión que supo prever lo que sería el futuro de la humanidad y el papel que la tecnología habría de desempeñar en la vida de las personas. Para otros no es más que un hábil mercaderista que vive del resto del planeta. Lo cierto es que su papel en el mundo de la tecnología no tiene paralelo. En un país como Colombia es difícil pensar que, en la medida de sus posibilidades _pues siempre hay alguien que lo identifica o lo asedia_ Gates es un hombre sencillo al que no le gusta ostentar y que no tiene inconveniente en bajarse de un automóvil con sus objetos en la mano y sin ninguna clase de servidumbre alrededor. Lo que en cambio sí sorprende es su cuerpo de seguridad: un policía que, discretamente, lo acompaña sin interrumpir el tráfico de las demás personas ni empujar a nadie. Así por lo menos fue la forma como llegó el lunes de la semana pasada al hotel de Miami Beach donde se efectuaba la cuarta versión de la Enterprise Solutions Conference, que anualmente organiza Microsoft. Al verlo con el cansancio dibujado en el rostro, perfectamente despelucado _como el muchacho que se baja del bus al regreso del colegio_ y arrastrando pesadamente sus pies mientras se dirige hacia un ascensor, a pocos se les ocurriría pensar que se trata del hombre más rico de Estados Unidos, con una fortuna calculada en 30.000 millones de dólares, y líder de la empresa de software más grande del mundo. La noticia de su arribo se regó como pólvora entre el contingente de ejecutivos y colaboradores de Microsoft. "Ya llegó", dijo un argentino desde un corredor, mientras hundía el botón de su walkie talkie. "Parece increíble que esté aquí", dijo una joven con acento cubano, mientras organizaba algunas cosas en la sala de prensa. "Yo ya lo vi", agregó en inglés un robusto muchacho que llegaba al lugar. Mientras tanto, en su habitación, Gates terminaba de alistarse y se disponía a recibir a varios dirigentes latinoamericanos del sector público y privado. El primero que acudió a su encuentro fue José María Figueres, el menudo presidente de Costa Rica, que de no ser por un par de periodistas que zumbaban a su alrededor pasaría totalmente inadvertido. Luego vendría una serie de citas hasta las nueve de la noche, hora a la que Gates tenía una comida con algunos privilegiados. Al día siguiente, a las ocho en punto de la mañana, hizo su ingreso al gran salón donde lo esperaban cerca de 300 personas con los ojos muy abiertos. "Ahora sí me tengo que poner el audífono para no perderme nada de la charla", confesó un periodista, mientras se acomodaba en una oreja el equipo de traducción simultánea que prácticamente había ignorado en las sesiones de la víspera. Después de una breve introducción de Mauricio Santillán, gerente de Microsoft para América Latina, Bill Gates apareció en el escenario y en medio de emotivos aplausos inició su intervención. En un inglés muy nítido Gates hizo su exposición, en la que no faltaron los apuntes graciosos. El magnate de la informática no dijo nada que no hubiera dicho en los últimos 10 ó 15 años, y él mismo lo reconoció. Fue algo así como una misa, pero oficiada por el Papa. Bill, como le dicen sus colaboradores, se enorgullece del éxito de Windows, ve cada vez más cercano su sueño de que en todos los hogares haya un computador, pronostica el fin del papel en las oficinas, cree que a la vuelta de unos años los computadores van a reconocer no sólo la voz y la imagen de sus propietarios sino también sus gestos, y revela que Microsoft invierte millonarias sumas en investigaciones sobre inteligencia artificial. Con esa misma filosofía respondió las preguntas de los asistentes. Luego de su intervención Gates se reunió con los periodistas. Desde una pequeña mesa, acompañado por Santillán, respondió durante una hora las inquietudes de la prensa. En una hoja escrita a lápiz tomó nota de las preguntas. Ocasionalmente necesitó que le tradujeran algunas del español y respondió una a una las dudas de los reporteros. Sin probar el agua ni la Coca-Cola que le habían llevado terminó la rueda prensa y salió presurosamente del saloncito, escoltado por sus colaboradores. Todavía tenía que recibir por separado a los representantes de algunos medios. Hacia las cinco de la tarde todo volvió a la normalidad. La gente de Microsoft ya no corría de aquí para allá y la jornada transcurría tranquilamente. Se acabó el alboroto. "Todo salió muy bien", dijo Santillán y dejó escapar un suspiro de aliento. Gates se encontraba ya en un avión rumbo a Seattle, Washington, donde lo esperaban su esposa, Melinda, y su hija Jennifer, a las que no veía desde hacía varios días.

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.