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jueves, 09 de septiembre de 2010
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Campanazo de alerta

encuestaLa para-política, el manejo de las Farc, y la mala imagen de Colombia en el exterior, golpearon la hasta ahora imperturbable popularidad del presidente Álvaro Uribe.
Sábado 14 Julio 2007

El ánimo de los colombianos está cambiando. El agitado trimestre que acaba de pasar modificó algunas de las percepciones de la opinión pública: el optimismo bajó, la imagen del presidente Álvaro Uribe se descolgó, la posición hacia las Farc se endureció y el orden público se volvió a convertir en la principal preocupación, muy por encima de la economía.

Esos son los principales efectos producidos por el cúmulo de sobresaltos de las últimas semanas. Las conclusiones fueron obtenidas por la firma Invamer-Gallup, entidad que mide la temperatura de la opinión pública desde hace varios años, con idéntica metodología, en las cuatro principales ciudades del país.

El descenso en la calificación del presidente Uribe es el hallazgo más llamativo. Durante casi cinco años, el primer mandatario ha mantenido altos índices y ha superado momentos adversos. Lo ha protegido un teflón que ha evitado el desgaste normal del ejercicio del poder.

De hecho, la imagen de Uribe sigue alta. El desplome no se puede considerar definitivo. Ni siquiera se sabe si marca una tendencia. En otras oportunidades, el primer mandatario ha descendido hasta niveles semejantes al actual y después ha logrado recuperarse. Lo que resulta preocupante es el descenso en variables que normalmente anticipan el comportamiento futuro de la imagen presidencial, como el pesimismo colectivo y las bajas calificaciones en el campo económico. Más que un desgaste del teflón, en consecuencia, lo que hay es una voz de alerta.

El desgaste en la imagen de Uribe se debe a cuatro razones principales. La mayor es el descontento de la gente frente a la corrupción. No porque se perciban responsabilidades de altos funcionarios, sino porque la gente está castigando la para-política y la falta de claridad en el proceso con los paramilitares.

El segundo frente crítico está en la política exterior. La aprobación del TLC le ha costado a Uribe. Aunque hay más colombianos a favor que en contra, el apoyo apenas supera el 50 por ciento, y Uribe, con sus continuos viajes a Washington para buscar la aprobación, ha amarrado su propia imagen a la del TLC. La gestión en relaciones internacionales también se ha afectado por las noticias sobre los problemas en el Congreso de Estados Unidos y en las críticas que le hacen a su gobierno en el exterior.
La tercera causa de la erosión de la popularidad presidencial está en la economía. Paradójico, porque las cifras alcanzan niveles históricos de crecimiento y baja inflación. Pero en este campo las percepciones siempre han estado, en la era uribista, por debajo de los resultados reales porque el crecimiento del PIB no ha reducido el desempleo en forma considerable. Y en los últimos meses la revaluación ha generado dudas sobre si la buena marcha de la economía es sostenible.

Finalmente, la guerrilla, que hasta ahora había sido la principal fuente de la popularidad presidencial, también se ha convertido en un factor en contra. La masacre de los diputados del Valle puso a los ciudadanos en contra de las Farc, pero generó inquietudes sobre la efectividad de la política gubernamental frente a ellas. La gente se ha vuelto muy exigente con la seguridad democrática, y está muy dividida en relación con el acuerdo humanitario.

¿Quién se ha beneficiado del campanazo? Tres figuras: el vicepresidente Francisco Santos, y los alcaldes de Bogotá y Medellín, Luis Eduardo Garzón y Sergio Fajardo. Los tres están disparados y, en cambio, el Ministro de Defensa, Juan Manuel Santos, fue el gran perdedor del trimestre.

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