La memoria es entendida como la capacidad de los humanos de retener, almacenar y recordar una experiencia. La creencia popular es que los recuerdos se guardan en las neuronas, pero lo cierto es que se almacenan en las conexiones entre ellas. En otras palabras, la información está en circuitos que no tienen una localización espacial específica, sino que están distribuidos en diferentes estructuras. Cada vez que llega nueva información, la estructura del cerebro se modifica.
Existen recuerdos de corto plazo que son guardados por poco tiempo para, por ejemplo, realizar una tarea. Pero la información más relevante para una persona o que tiene mayor impacto emocional es la que por lo general se convierten en recuerdos de largo plazo. Entre ellas están las memorias emocionales de las que hablan estos estudios, como un secuestro, un accidente de avión o el ataque de un animal. Estas son más difíciles de borrar, ya que en ellas hay más conexiones neuronales, y mientras mayor cantidad, más se facilita la recordación.
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