La Ley de Justicia y Paz se hizo por una razón primordial: facilitar la desmovilización de los grupos de autodefensas. Y punto. Por eso, cada artículo estuvo encaminado a responder a las expectativas de los paramilitares con el fin de que cesaran su actividad violenta.
En repetidas ocasiones, el alto comisionado para la Paz, Luis Carlos Restrepo, ha buscado revertir esta percepción e insistido en que la ley aplica para todos los grupos armados ilegales. Y desde hace unos seis meses el gobierno pasó de las palabras a los hechos, cuando informó que 38 guerrilleros encarcelados de las Farc se habían acogido a la norma. A pesar de lo insólito del anuncio de que unos presos se “desmovilizarían” y “dejarían las armas”, Restrepo no echó reversa. Hoy, 32 de estos ex miembros de la guerrilla se encuentran incluidos en el proceso.
Los hechos de la semana pasada prueban que el gobierno, con el Comisionado a la cabeza, está empecinado en certificar la universalidad de la ley, en especial con las Farc. Es lógico el interés por ampliar el alcance de una norma, cuya legitimidad es exigua para varios sectores, particularmente en la comunidad internacional. Desmovilizaciones colectivas de guerrilleros, aunque sean de bajo rango, le agregarían por lo menos una pizca de credibilidad.
Sin embargo, ese razonamiento tiene una fragilidad inherente: no ataca a fondo la raíz de la desconfianza existente con la Ley de Justicia y Paz. Todo el mundo está de acuerdo con que estos grupos ilegales se desarmen y “contribuyan a la reconciliación nacional”, como reza la norma. Lo que tiene poca acogida es la falta de castigo a los victimarios y la insuficiente reparación para sus víctimas. Aplicar la misma permisividad a las Farc sólo incrementa la indignación.
Se corre el riesgo, incluso, de que el tiro le salga por la culata y que la interpretación benévola de la ley termine favoreciendo cada vez más a guerrilleros presos (y sus colados) y no el objetivo del gobierno de promover desmovilizaciones colectivas de insurgentes activos. Un remedio peor que la enfermedad.