La noticia del fin de semana fue esa: Barack Obama le dio un
autógrafo a nuestro presidente. "Para el
presidente Uribe, con admiración". Con esas seis palabritas Obama se quitó
de encima el verbo desbordado de Uribe, que detrás de una tarjeta le trataba de
explicar la realidad colombiana con su célebre triángulo conceptual. Porque así
de fácil es para la doctrina uribista explicar la realidad del país. Un par de
flechas y dos o tres términos vacíos y ruidosos como tambores; seguridad,
cohesión social, inversión.
Además del autógrafo, Obama requirió de una clásica
cachacada - al parecer muy norteamericana también - para finalizar el arrebato
de su fan colombiano. "Te llamo y almorzamos", le habrá dicho.
Nuestro presidente no dudo en interpretarlo como una inminente visita de
Estado.
Ya había visto yo ese mismo triángulo de las bermudas - la
santísima trinidad, dirán los fieles - en un almuerzo en el que aterricé como
paracaidista en Nueva York, hace casi un año. Se trataba de un homenaje de un
grupo de empresarios norteamericanos para el presidente Uribe, auspiciado por
una organización civil experta en aplausos. Esa vez Uribe no pintó el triángulo
detrás de una servilleta o en una postal, sino que lo tenía pintado y debidamente
plastificado en una hoja tamaño carta. "Security,
social cohesion, investment". Aplausos.
Esa tarde intervino también Luis Guillermo Plata, el
ministro de Comercio, Industria y Turismo, que como un vendedor de televentas dijo
que a Colombia llegaba mucha extranjera para que le operaran los senos, las
nalgas o la nariz."Será por lo que hemos
aprendido después de atender a tantos heridos del terrorismo", se atrevió a
decir. Sólo le faltó añadir, "apúrele que
estoy botado", como el célebre mago de los papeles de colgadura de Konker.
Meses después volví a ver el triángulo, esta vez en un
encuentro en Cartagena con la plana mayor de Unesco, varias ONG internacionales
y representantes de gobiernos extranjeros. Esta vez el Presidente no lo pintó
en un mantel ni lo trajo plastificado; lo describió en el aire, con el esfero
que traía en el bolsillo de su guayabera. Aplausos, por supuesto, tal vez uno
que otro autógrafo, y varios titulares de prensa. Estas tres palabras, así de fácil, resumen nuestra
diplomacia.