El senador Jorge Enrique Robledo habló en el Congreso sobre Agro Ingreso Seguro. Lo hizo sin estridencias, sin gestos exagerados, sin odio. Robledo se limitó a entregar cifras, informaciones, estadísticas en un lenguaje casi neutro. Durante más de una hora el país sintió que le pasaban por la espalda una esponja mojada de agua helada. Fue peor de lo que imaginábamos. Sus denuncias, para el hombre común, fueron como pasos en la nieve: dejaron huella, quedaron las marcas, pero la sabiduría popular sabe que el sol del nuevo día las borra. Nada de lo que suceda en el gobierno de la Seguridad Democrática puede sorprendernos, puede conmovernos: los hombres del presidente han probado ser capaces de todo e incapaces de actos de honradez. No entiendo cómo alguien en Colombia puede sentirse cómodo en medio de tanta porquería.
Andrés Fernández Acosta, Ministro de Agricultura, soportó la exposición del senador del Polo Democrático Alternativo con una sonrisa nerviosa. Reconoce que su destino hace rato que no depende de su buena conducta. Ha mentido demasiado en nombre de otros y teme no poder esperar lealtad o piedad de esos otros. La política es el arte de devorarse los unos a otros.
Toda idea necesita unos intérpretes que la sostengan, que la hagan viable. Nadie ignora que Andrés Felipe Arias es el hombre que le programa la agenda al actual Ministro de Agricultura. Él es el verdadero culpable de esta degradación ética y moral que sufre ese ministerio. Alias “uribito” es una copia pirata de su mentor y jefe Álvaro Uribe Vélez. Su boca es su principal adversario, siempre oscila entra la palabra democracia y la amenaza.
El precandidato, Arias, del Partido Conservador fue el artífice de una política agraria de concentración de riquezas que ofende a la razón, a las leyes cristianas y muestra una carencia de valores apabullante. Ya en el 2008 con la hacienda Carimagua, “uribito” había dado pruebas de su innegable talento para hilvanar políticas a favor de las clases más favorecidas del país. En aquella ocasión pretendía entregar las tierras prometidas a decenas de familias desplazadas por la violencia, a empresas privadas para la explotación de cultivos de palma, que de paso eran empresas “familiares”, para explotar a los propios desplazados. Hay que reconocer que “uribito” ha demostrado ser un hombre libre: no tiene escrúpulos.
Pero el “affaire” de Agro Ingreso Seguro mueve a la repugnancia. Esa entidad gubernamental otorgó subsidios no reembolsables a las personas más adineradas del país e incluso a narcotraficantes prófugos de la justicia. En su locura llegó incluso a la arrogancia de concederle un regalo de miles de millones de pesos al hombre más rico del país: el banquero oficial del régimen, Luis Carlos Sarmiento Angulo. El Rockefeller vernáculo (tiene una fortuna de 5.500 millones de dólares, según Forbes) aceptó esa ofrenda y, en un gesto de lealtad suprema, inmediatamente apoyo la segunda reelección de Álvaro Uribe. Podrán decir de él cualquier barbaridad, pero menos que es un tipo desagradecido. El honor no lo dan unas monedas sino la manera en que se obtiene.
La familia Dávila Abondano, una de las más influyentes de Santa Marta, dio sobradas muestras de ser unida: unida por el dinero y la ambición. Recibió unos 2.200 millones en el último año. Hasta reinas de belleza como Valerie Domínguez y Ana María Dávila, acogieron dinero para “riego y drenaje”. La irrigación de los dinero públicos también alcanzó a otras celebres familias costeñas (Vives, Lacouture); todas ellas se han ganado un lugar en la historia universal de la infamia.
El próximo martes en la reanudación del debate de Agro Ingreso Seguro, AIS, el ministro de agricultura Andrés Fernández, pondrá en el Congreso una puesta en escena institucional: defenderá sus logros, mostrará cifras, mentirá con honestidad.
El Presidente Álvaro Uribe no tiene de qué preocuparse, puede dormir tranquilo; tiene escuderos que lo defienden con severidad notarial, tiene embajadas y notarias de sobra para negociar un armisticio que no dañe su postulación a una segunda reelección. En últimas, la destitución del Ministro de Agricultura es un lujo barato que su gobierno puede permitirse.
El senador Jorge Enrique Robledo ha dado al país una lección de dignidad. Mucho trabajo les espera a los medios de comunicación oficiales para desmentir sus afirmaciones.
Pienso que a la entrada del Congreso de la Nación debería haber un cartel que diga: “Queda totalmente prohibido burlarse del pueblo”
La desigualdad aumenta la violencia.