Al parecer, nuestra heroína sí conoce los “placeres de la civilización”, lo que la vuelve todavía más interesante ante los ojos de mi amigo y los míos.
Sin embargo, quisiera despejar un poco un par de perplejidades que me produce el artículo. En primer lugar, ¿quiénes son los ricos?
Pongamos que son los contribuyentes del Impuesto al Patrimonio para la Seguridad Democrática, o sea aproximadamente 7000, pues incluye empresas, con un patrimonio de $ 3000 millones o más.
El Gobierno quiere que también contribuyan los que tienen más de $ 2000 millones, con lo cual sumaríamos alrededor de 16.000 ricos para criticar por “apoyar el statu quo” y vivir “autoengañados” sobre su calidad de vida.
Ahora, si yo tuviera $ 1500 millones de patrimonio me sentiría “millonario”, rico, digamos, y así el Gobierno insistiera, extrañamente, en no cobrarme el impuesto ‘temporal’ de la seguridad, me preguntaría si encajo en la diatriba de Carolina.
Es decir, no está claro a quiénes se refiere el artículo, y así pierde eficacia la caricatura. La segunda perplejidad es: ¿los ricos son lo mismo que la élite?
Tal vez no. Hay varias élites, que pertenecen a diferentes “clases sociales”. La élite intelectual no puede darse el lujo de “viajar en avión” para ver exclusivamente “una buena colección de arte” y no se identifica con los ricos de verdad.
La élite política contiene pocos intelectuales, lamentablemente, y no muchos ricos. Si “la élite” es la intersección de los ricos, los de alcurnia, y las élites política e intelectual, pues no estamos hablando de “los ricos”.
El tema me interesa por la “ética de la desigualdad” que impediría mayores reformas. Dice Carolina que “parecería que los ricos colombianos se deleitaran con la mera conciencia de estar sentados encima de muchos”.
Añade que “si bien el altruismo es quimérico, sí podría esperarse que la élite asumiera sus propios intereses y quisiera acceder a una experiencia vital más plena y a un bienestar más significativo”.
Pues bien: Carolina tiene en mente “el relato de la clase social” y plantea cuestiones que tendrían otra respuesta desde un “relato de nación”.
Llamar “buitres” a los “ricos” y decirles que “comen basura” es azuzarles la “clase”. Una “identidad” que debemos diluir, desvanecer un poco más.
No veo que tampoco las “víctimas de la desigualdad social en Colombia” tengan que agradecerle la diatriba. Pero seguramente ella no está pensando en eso, sino ejerciendo su rol, dentro de una sabia división del trabajo.
Y con esto termino, esperando no haber traicionado (demasiado) la consigna de mi amigo y yo: “A Carolina Sanín no la toquen”.