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sábado, 21 de noviembre de 2009
Match point

Máxima velocidad: la suerte de dos prodigios

 

Entre los dos suman 15 campeonatos del mundo. Rossi- Loeb, Loeb -Rossi. Un par de fenómenos, unos deportistas de raza que han escalado a pura chancleta y timón la cumbre más alta del planeta Motor. Quiero detenerme en lo que logaron estos señores el fin de semana pasado.

Valentino Rossi, montado en una Yamaha, logró en Malasia su noveno título orbital de motociclismo. Nacido en Urbino, Italia, es un atleta maravilloso cuando se trata de manejar máquinas que no vuelvan porque no tienen alas. En eso es el mejor de todos los tiempos, sin dudas. Verlo acelerar, frenar o coger las curvas con su estilo particular (que sus rivales empezaron ya a copiar) es deleitante. Rossi se ha subido a casi todo lo que tenga ruedas y volante, demostrando así sus habilidades naturales y su enorme nivel competitivo. Y quiere, como dijo hace unas horas en una emisora italiana, la segunda oportunidad de probar un la escudería del “II Cavallino Rampante”: Ferrari.

Apodado 'II Dottore', se crió en los karts y sufrió, como tantos otros pilotos, los requerimientos económicos que conlleva llegar a la Fórmula 1, su máximo objetivo. Y debido a ello sus chances pretéritas de trepar a un monoplaza quedaron truncadas. Pero hoy es otra la historia y su cuenta bancaria: con 30 años de edad puede tranquilamente, con los campeonatos logrados y su popular imagen, correr en los mágicos bólidos rojos.

Rossi, como Federer o Schumacher, son sinónimo de récords. El italiano es el único motociclista en ganar en las cuatro categorías de la élite, o sea, con toda los tipos de motores. Ostenta, además, el mayor número de campeonatos, grandes premios, puntos y podios ganados en la historia. ¡Un salvaje!

Y qué decir del francés Sebastien Loeb. Gimnasta en su infancia y conductor profesional en su adultez, el Gran premio de Gran Bretaña lo vio ganar el sexto título mundial de rallies consecutivo con la automotriz Citroën. Un deporte de resistencia (la fortaleza mental y física es decisiva), muchas veces agreste y siempre complejo. Junto con su coequiper Daniel Elena, Loeb le ganó el campeonato por sólo un punto de diferencia al finlandés Mikko Hirvonen que a bordo de un Ford, sufrió un problema con el capó de su carro, éste se incrustó en el panorámico, y adiós visión. Mikko, por este percance, terminó subcampeón. A veces la suerte no está con cualquiera: en este caso escogió a un genio.

Con ese galardón lo del francés lo único que hace, igual que pasa con Valentino, es confirmar el carácter de cada uno como mejor piloto en su especialidad de la Historia. Derechito a los libros.


Por Pablo de Narváez
Publicado 10/27/2009

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Pablo de Narváez
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