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| 1/5/2011 12:00:00 AM

Más sumas que restas

Juan Solanilla cortó la única oreja de la primera corrida de la feria de Manizales, pero los mejores momentos los firmó Manuel Libardo. Sebastián Vargas también derrochó entrega y valor. Del encierro de Dosgutiérrez se destacaron dos toros, uno de ellos premiado con la vuelta al ruedo.

A las tres y treinta la corrida andaba medio refundida. Cincuenta y cinco minutos después echaba a andar, con tres toreros dispuestos y un rejoneador, Andy Cartagena, quien prefirió hacer mutis por el foro, en pleno uso del derecho a no ir más allá de los límites razonables para quien se juega nada menos que la vida.

Igual, sin él, la primera corrida de abono sumo las voluntades de los alternantes para marcharse ya en la noche con la satisfacción de dar de comer a los aficionados, gracias a una corrida de Dosgutiérrez que permitió en tres turnos (tercero, cuarto y quinto) vivir, primero, la emoción; luego, la entrega; e incluso, el arte.


La emoción. Esa que trajo el tercero. Un toro al que le faltó una sola condición, la de humillar, pero en el que abundaron otras como la fijeza y la codicia. Siempre estuvo a disposición de Juan Camilo Solanilla, quien lo supo entender, no obligándolo, sino dándole las distancias y los tiempos justos. De las cacerinas, 'Reconocido', su nombre, partió como un rayo a buscar el peto del caballo, en donde apretó sin pausa.

En el quite por navarras, dejó ver su tranco y los buenos pares de Andrés Herrera y Chiricuto permitieron avizorar que Juan tenía de dónde sacar petróleo. Allí surgieron entonces esas series en las que eso, la emoción, mandó sobre todos los demás sentimientos. No faltaron ni el temple ni la firmeza. Había que tenerlos para ponerse ahí. Eso por el derecho, porque por el pitón izquierdo, el toro fue a más. En esa lucha, siempre en los medios, ganaron los tendidos, más allá de si debía, o no, sonar el pasodoble de la Feria, cuando ya se venía encima el final. Espadazo y oreja. Y vuelta al ruedo al toro.

La entrega. En la faena de Sebastián Vargas en el cuarto, que, mientras duró, dejó estela de calidad. En la porta gayola, o en los tres pares de banderillas en lo alto, Sebastián marcó su huella para fajarse. Pero en cuanto advirtió que el animal tenía recorrido e iba con clase, puso a funcionar otro repertorio. Fue un manojo de muletazos largos el que abrió la ilusión. Lástima que todo se apagó enseguida, porque no había fondo. Aparte, la espada cayó bajísima. Saludo

El arte. El de los muletazos finos de Manuel Libardo. Fue, lejos, el momento más torero de la tarde, en ese quinto toro de cara abajo, incapaz de molestar. El de Ubaté bajó la mano (es lo que mejor sabe hacer) y se relajó para disfrutar. Dos muletazos advirtieron que había que olvidar el frío y calentarse con el fogón del artista. Todo estaba dicho por el buen pitón derecho, pero faltaba lo mejor, ese izquierdo templadito. No fueron más de veinte muletazos, quizás menos; no es el arte, por fortuna, producción industrial. Era una oreja. La espada cayó contraria y todo quedó en un saludo con pinta de ovación.

Los otros tres toros fueron harina de otro costal. El primero de la tarde punteó de salida y luego se hizo caminador. Después se defendió y miró para los adentros. Sebastián Vargas apenas pudo pegar un par de pases con algún eco. Palmas, tras aviso.

El segundo tampoco valió. Apenas hubo un rapto de bravura en el capote y luego se tornó tardo. Los problemas para Manuel Libardo no terminaron ahí. Le faltaba aún verlo recular y pararse. Tuvo problemas para matarlo. Aviso y silencio. 

Y el último, imponente más no bonito, cambió luego de no tener la mejor lidia de salida. Juan Camilo Solanilla encontró en la muleta a un toro que miraba por encima del engaño, con intenciones que era mejor no descifrar. Lo despachó con habilidad.

Una corrida de ocho toros que terminó en seis. Una tarde posible gracias a los monosabios de esta plaza que no conocen la definición del verbo cancelar y que sí, en cambio, se saben de memoria todas las acepciones de la palabra trabajar. A lo mejor, si Andy Cartagena se queda un rato más, hubiera podido triunfar y darles también las gracias, esas que la afición les tributó desde los tendidos a la hora del paseíllo.


Ficha de la corrida

Plaza de toros de Manizales
Lunes 4 de enero de 2011
Primera corrida de abono


Seis toros de Dosgutiérrez, desiguales de presentación. Bravo el tercero (le dieron la vuelta al ruedo); noble el quinto; con calidad el cuarto, aunque duró poco. Primero, segundo y sexto no valieron. Pesos: 514, 454, 460, 490, 510 y 530 kgrs


Sebastián Vargas
Negro y Oro 
Palmas tras aviso y silencio

Manuel Libardo
Marfil y oro
Silencio tras aviso y ovación

Juan Solanilla
Marfil y oro
Oreja y silencio

Detalles: La corrida comenzó 55 minutos más tarde, mientras se arreglaba el estado del ruedo. El rejoneador Andy Cartagena decidió no torear en vista, dijo, del riesgo que para su cuadra representaba el estado del piso. Saludaron por buenos pares de banderillas Andrés Herrera y Chiricuto. También estuvo muy bien en esa suerte Jaime Mejía. Más de media entrada. Tarde fría.
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