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ESPECIAL. TERCERA ENTREGA: La Vaca, un humedal bajo escombros

Por: Jhon Barros

La laguna del barrio Amparo Cañizares resultó ser un humedal, en ese entonces cubierto por los escombros y sin agua. Para recuperarlo existía la posibilidad de sacar a las familias que allí vivían, pero Dora Villalobos se interpuso y empezó su lucha por la comunidad y La Vaca.


* Este es un contenido periodístico de la Alianza Grupo Río Bogotá: un proyecto social y ambiental de la Fundación Coca-Cola, el Banco de Bogotá del Grupo Aval, el consorcio PTAR Salitre y la Fundación SEMANA para posicionar en la agenda nacional la importancia y potencial de la cuenca del río Bogotá y  sensibilizar a los ciudadanos en torno a la recuperación y cuidado del río más importante de la sabana.

Hacia el año 1995, la laguna con olores fuertes repleta de zancudos desapareció por completo por los escombros. Nadie en la comunidad dimensionaba que se trataba de un ecosistema al que llamaban el humedal chucua La Vaca, un antiguo territorio muisca.

La historia de La Vaca es diferente a la de los demás humedales de Bogotá, porque aunque todos tienen sus problemáticas, este desapareció de la faz de la tierra. Primero fue fragmentado en dos partes por la llegada de las avenidas y luego quedó sepultado bajo los escombros y las urbanizaciones ilegales. Fue el único humedal que se esfumó por completo”.

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Cuenta la leyenda que en la época de los muiscas, La Vaca hacía parte de una gran laguna gobernada por el cacique Techovita, conformada por otros humedales como Techo y El Burro, un sitio de pagamento y rituales ancestrales donde gobernaba el cultivo de maíz. En la década de 1930, la construcción del aeropuerto de Techo y la avenida Las Américas, fraccionó la laguna El Tintal en cinco cuerpos de agua.

El agua de La Vaca estaba oculta bajo escombros y basuras. Foto: Jorge Escobar - Fundación Humedales Bogotá.

La Vaca, que debe su nombre al mito de en sus zonas pantanosas murió ahogada una vaca, quedó fraccionada en dos sectores, ambos ocultos bajo materiales de construcción y separados por los barrios ilegales durante la década de los 90. 

“Pero la verdad nadie sabía que esa zona era un humedal e ignorábamos para qué servía. De algo se habló en la administración de Jaime Castro, pero sin mucha bulla”, recuerda Dora, quien en ese entonces, seguía en la lucha por legalizar al barrio Amparo Cañizares y lograr la cobertura total de los servicios públicos. 

Luego de varias negociaciones con la Empresa de Energía y el Acueducto, Dora logró garantizar el agua y la luz en el barrio, pero la legalización aún era esquiva. En 1995, el entonces alcalde Antanas Mockus iba a presentar los logros de sus primeros 100 días en el polideportivo Cayetano Cañizares, escenario que la líder pensó sería el ideal para lograr el sueño de la legalidad.

Dora se convirtió en la voz de la comunidad. Logró legalizar los barrios y empezó a luchar por el renacer de La Vaca. Foto: SDA.

Queríamos aprovechar la presencia del alcalde para pedirle las escrituras de los predios. La gente estaba muy motivada hasta que Mockus dijo que el propósito era recuperar el humedal La Vaca y sacar a 50 casuchas que había invadido el humedal. En ese entonces, el barrio contaba con más de 5.000 familias, algo que ignoraba el mandatario. Prometió que iba a mandar 8.000 policías para sacar a la gente”.

Una algarabía iracunda se apoderó del polideportivo. La comunidad estaba indignada porque no entendía de qué humedal estaba hablando Mockus si ya no había agua. Dora aprovechó su baja estatura para llegar hasta donde estaba el gabinete del alcalde. “Los escoltas eran como dos postes altos. Me metí por medio de ellos y quedé al frente de Mockus. Me le colgué del gabán y se me disparó la lengua. Le conté todo el rollo y la lucha de la gente. Se me volvió a salir el boyacense y lo invité a que recorriera la zona con sus brillantes zapatos de charol e hiciéramos una mesa de concertación”.

Los líderes comunitarios del Amparo Cañizares fueron citados a varias reuniones con la Secretaría de Gobierno, la Empresa de Acueducto y el entonces DAMA (hoy Secretaría de Ambiente), un proceso que se alargó durante años y que sólo Dora aguantó. “En esos encuentros aprendí sobre la importancia y el rol que cumple un humedal, como ser reservorios de agua, plantas y animales. Comprendí que sí era necesario recuperar parte de la zona, pero no iba a permitir que desalojaran a toda la gente”. 

El humedal La Vaca alberga más de 80 especies de aves, entre migratorias y residentes. Foto: Fundación Humedales Bogotá.

Luego de muchos ires y venires e incontables negociaciones entre la comunidad y el Distrito, en noviembre de 1999 el Concejo de Bogotá emitió el acuerdo 035, el cual definió que la recuperación del humedal de La Vaca abarcaría cerca de nueve hectáreas y no las más de 25 de las que hablaban las entidades. “Así lo estableció un estudio realizado por el Acueducto en 12 humedales de la ciudad, incluido La Vaca, que tuvo un valor de 564 millones de pesos. Así se concretó el cambio del uso del suelo en algunas zonas y los terrenos que serían sometidos a recuperación”.

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Ese año, el entonces alcalde Enrique Peñalosa ordenó un estudio sobre los asentamientos periféricos que hacían parte del todavía desaparecido humedal La Vaca. “El barrio Amparo Cañizares y 13 más de la zona fueron reconocidos legalmente, mientras que las nueve hectáreas del humedal quedaron demarcadas en el sector norte y sur, las zonas que serían salvadas”. 

Dora y 11 mujeres del barrio empezaron a trabajar con las 160 familias que estaban asentadas dentro de la zona del humedal. “La mayoría de líderes que quedaron con sus casas legalizadas le dieron la espalda a las otras familias. Mi casa estaba por fuera de La Vaca, pero eso no evitó que siguiera trabajando por la comunidad”.

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12 mujeres del barrio, lideradas por Dora, son el principal motor de la recuperación de La Vaca. Foto: Fundación Humedales Bogotá.