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Las imágenes satelitales analizadas por Eduardo Klein demostraron que el derrame alcanzaba 50 kilómetros de longitud y cerca de 300 kilómetros cuadrados. Foto: Informe derrame SVE - Foto: SVE

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Derrame de crudo en Venezuela: ¿Cómo pasó y qué han hecho para controlarlo?

El hermetismo de las autoridades ambientales del vecino país dificulta la investigación para establecer causas, soluciones efectivas y magnitud real del derrame. Expertos estiman que puede rondar los 20.000 barriles, más del doble que el de isla Mauricio en África.

A finales de julio el derrame de más de 1.000 toneladas de petróleo en la isla Mauricio, recibió, en cuestión de días, toda la atención de la comunidad internacional y de diferentes oenegés con el fin de salvar el ‘paraíso ecológico de África’. Entre tanto, un derrame dos veces mayor que este, se esparcía por las aguas cristalinas de las costas de los estados de Falcón y Carabobo, en el noroeste de Venezuela, otra zona rica en biodiversidad. 

Esta emergencia ecológica, sin embargo, no recibió la atención que tuvo el derrame en África. De hecho, de no ser por los habitantes de la zona que avisaron sobre la enorme mancha negra, se habrían tardado mucho más en reaccionar para controlarlo. 

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Hasta el momento, las autoridades oficiales venezolanas han logrado limpiar con pala y rastrillo casi el 90 por ciento de lo que llegó a las playas y arena, además de poner barreras oleofílicas para evitar que el derrame se extienda aún más. Pero no hay datos que demuestren la magnitud de lo que está más allá de las playas.

El problema radica en el hermetismo de las autoridades ambientales: el Instituto Nacional de Parques (Inparques) y el Ministerio de Ecosocialismo (Minec), quienes aún no entregan informes detallados sobre la magnitud real del derrame, la profundidad de este, ni el tipo de hidrocarburo exacto que se derramó. 

Los datos e información que circulan son, entonces, estudios y proyecciones hechas por expertos de manera independiente. Una de ellas calcula que el derrame pudo ser de unos 22.000 barriles de hidrocarburo. En Mauricio, las 1.000 toneladas de petróleo derramadas equivalen a cerca de 7.000 barriles, lo que evidencia que en este caso la catástrofe ambiental podría ser mucho peor. 

¿Cómo pasó?

Inicialmente se creía que el derrame provenía del buque NAUMA (AIS 9362827), de bandera portuguesa. Sin embargo, el estudio de Eduardo Klein, coordinador del Centro de Biodiversidad Marina de la Universidad Simón Bolívar, demostró lo contrario. El profesor venezolano, radicado en Australia, usó imágenes satelitales, sensores remotos y georreferenciación para estimar la trayectoria y el volumen del derrame, con lo que descartó que el hidrocarburo viniera de dicho buque. 

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En primer lugar, porque el carguero zarpó en La Guaira el 29 de julio y el derrame se presentó siete días antes. Y, por otro lado, la distancia entre el buque y la mancha de hidrocarburo era de mínimo 85 kilómetros, por lo cual es prácticamente imposible que proviniera de este. 

Según el reporte de Klein, el derrame se originó entonces en la refinería El Palito, de Petróleos de Venezuela (PDVSA), en las costas de Carabobo, entre el 19 y 22 de julio. El volumen estimado es de unos 22.000 barriles de hidrocarburo pero esta cifra puede variar pues es muy difícil medir los volúmenes derramados en agua. Y, además, la mancha era de unos 50 kilómetros de longitud y de aproximadamente 300 kilómetros cuadrados en el Golfo Triste. 

La mancha ha tenido tres desplazamientos por cuenta del viento, que probablemente se habrían podido evitar si lo hubieran controlado oportunamente. Dos hacia el noroeste, hacia el Parque Nacional Morrocoy, el primero el 22 de julio y el otro el 10 de agosto. Mientras que el tercero fue hacia el este, hacia el Parque Nacional San Esteban el 7 de agosto. 

“El Parque Morrocoy es habitado y tiene muchos pescadores. Ellos, los locales, fueron quienes alertaron del derrame a través de redes sociales. De no ser por eso nadie se habría enterado de esto pues PDVSA no se pronunció al respecto”, cuenta Vilisa Morón Zambrano, presidenta de la Sociedad Venezolana de Ecología (SVE).

Agrega, además, que este parque es uno de los más utilizados por las personas del país, es uno de los lugares de descanso preferidos de los venezolanos. Tanto, que asegura que muchos deben tener planeado su estadía allí luego de la cuarentena y esto podría significar un riesgo para el turismo, la pesca y la economía del lugar a largo plazo.

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Luego de la alerta en redes sociales, varios expertos e investigadores de la SVE organizaron un foro, hace aproximadamente tres semanas, con el fin de analizar lo ocurrido y tratar de estudiar, con los pocos datos que tenían, la magnitud del derrame y sus consecuencias. A su vez, han intentado unir esfuerzos con Minec e Inparques para apoyar en la solución del derrame pero no ha sido una tarea fácil.

“Nos hemos reunido dos veces en la sede de Inparques en Caracas y llegamos a un acuerdo que no se materializó. Este lunes nos reunimos con el ministro de Ecosocialismo para comentarle que el acuerdo no se había concretado pero que queremos apoyarlos para hacer inspección en la zona con inmersiones, muestras de sedimentos durante cinco días, desde el lunes 24 de agosto. Pero todavía estamos esperando el salvoconducto para trasladarnos al lugar, además de los permisos para entrar al área protegida ya que sin eso no podemos hacer nada”, cuenta Morón.

La situación es preocupante porque entre más días pasen, más se puede filtrar el hidrocarburo y será difícil tomar muestras para pensar en estrategias que solucionen el desastre ecológico en esta zona de manglares, arrecifes, playas arenosas y, por supuesto, especies animales. 

Expertos incluso aseguran que el derrame coincidió con una época reproductiva de los corales, así que también será necesario evaluar en qué medida esto puede incidir en su reproducción.

Tanto Inparques como Minec, apoyados por más de 200 habitantes locales, han logrado limpiar parte importante del derrame, una limpieza del combustible en las orillas que ha sido muy efectiva. Sin embargo, la preocupación es por el hidrocarburo que se pudo filtrar en las aguas, de lo que no se sabe mucho más.

Lo que llega a las orillas es importante y su limpieza claramente se debe hacer. Sin embargo, eso es solo la punta del iceberg, de lo que se acumula en los pastos marinos, manglares, arrecifes, de eso nada se sabe y los anuncios de las autoridades ambientales no dicen mucho, solo que el uno por ciento de los manglares está afectado pero ni idea la profundidad”, explica la presidenta de SVE. 

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Además, expertos aseguran que sin conocer datos ni informes del derrame, no se puede establecer si las barreras oleofílicas son realmente el mejor método de contención. Especialistas explican que aceites y otros componentes podrían filtrarse por debajo de la barrera, así que probablemente necesiten más estrategias para limpiar el agua. 

“Necesitamos el informe para saber qué hidrocarburo es y así nosotros podremos apoyarlos, asesorarlos, validar si las estrategias implementadas son adecuadas. El ministro nos dice que esos reportes van primero a la Fiscalía y hasta que no salgan de allí no se pueden hacer públicos. Y, aunque nos dijeron que sí podíamos ir la otra semana a hacer estudios, tampoco nos dan los salvoconductos”, dice Morón. 

La situación no da espera y entre más días pasen será más difícil controlar el desastre ecológico en la zona. Especialmente en los manglares y corales, que según el profesor Fernando Morales de la Universidad Simón Bolívar, sufrirían más que las playas arenosas o pedregosas. 

Las raíces del manglar sirven de hábitat para cientos de especies. Allí el agua se mueve poco y atraviesa un intrincado laberinto de raíces que sirve de mecanismo de retención para el petróleo y así termina siendo un sumidero. Si sus raíces son cubiertas de forma significativa, pueden perecer y con su muerte se afecta todo el ecosistema que propicia y protege” , explica Morón.

Los actores estatales como PDVSA, dueño de la refinería El Palito donde se originó el derrame, Minec e Inparques, deberían dar respuestas claras para saber a ciencia cierta la magnitud y cómo manejarlo. 

Además, deben garantizar que este tipo de accidentes no vuelvan a ocurrir. Las refinerías del vecino país no cuentan con garantías de seguridad pues la mayoría de ellas no tiene ni especialistas ni presupuesto para costear el mantenimiento. Muchas tienen tuberías que nunca han sido reemplazadas, de acuerdo con expertos en el tema.