El primero de diciembre se instalará la mesa de concertación entre sindicatos, empresarios y Gobierno para definir el aumento del salario mínimo de 2026. Si no hay acuerdo, el Ejecutivo lo fijará por decreto.
La discusión de este año tendrá nuevos ingredientes. Será el último incremento en este Gobierno y, precisamente, han sido voceros de la administración Petro, como los ministros de Hacienda, Trabajo e, incluso, Interior, quienes han advertido que será un aumento por encima de la inflación y la productividad.
Mientras el desempleo marca sus niveles más bajos en la historia reciente, en cerca del 8 por ciento, aunque con una informalidad cercana al 55 por ciento y un papel protagónico de la administración pública, los anuncios del Gobierno de un aumento alto amenazan con presionar el Índice de Precios al Consumidor (IPC) y a las empresas, que apenas se están ajustando a los cambios de la reforma laboral y a la disminución de la jornada semanal.
“El derecho de los trabajadores es un aumento significativo del salario mínimo, por encima de la inflación. No es un capricho: proteger y aumentar el poder adquisitivo de la gente seguirá jalonando nuestra economía y generando empleos de calidad. Los indicadores de desempleo y crecimiento lo respaldan”, dijo el ministro de Trabajo, Antonio Sanguino.
Tradicionalmente, son dos los factores clave en la discusión del incremento del salario mínimo: la inflación y la productividad. La primera registró en octubre un dato anual de 5,51 por ciento. Y al cierre del año, aunque podría ubicarse por debajo de esta cifra, sí estaría por encima del 5 por ciento. Mientras tanto, el Dane publicó este jueves el dato de Productividad Total de los Factores (PTF), que fue de 0,91 por ciento en el año corrido al tercer trimestre de 2025.
“Aumentar significativamente por encima de ese rango elevaría el riesgo de presiones inflacionarias adicionales”, advierte César Pabón, director de Investigaciones Económicas de Corficolombiana.
Para este año, Fabio Arias, presidente de la CUT, introdujo un nuevo elemento en la discusión. Señaló que la OIT realizó un estudio sobre el salario vital en Colombia, el cual concluye que para una familia de cuatro personas, con un promedio de 1,5 trabajadores, este debería superar los 2 millones de pesos mensuales.
“Ese es el valor para 2024, por lo que en 2025 debió ser de al menos 2.104.000 pesos. Esto evidencia una brecha y, por tanto, una deuda social de 680.500 pesos, equivalente al 47,8 por ciento”, afirmó.
Aunque Bruce Mac Master, presidente de la Andi, insiste en que la mesa de concertación debe ser el espacio para tomar “la mejor decisión posible para Colombia”, lograr un acuerdo este año entre trabajadores, empleadores y Gobierno no será fácil.
Mientras algunos gremios y analistas proponen un aumento apenas superior al 6 por ciento, los sindicatos aspiran a superar el 10 por ciento, y el Gobierno también podría estar contemplando una cifra en ese rango.
Ya el presidente Gustavo Petro, hace un año, lo había anticipado: “El salario mínimo real en Colombia ha crecido entre 30 y 35 por ciento (…) Tenemos que hacer un mayor esfuerzo el año entrante”.
Para Pabón, aunque es difícil anticipar la decisión final, y más por la incertidumbre política, el incremento debería ubicarse en un solo dígito, más cercano al 5 que al 10 por ciento.
A pesar de que el Gobierno no ha destapado sus cartas, el mercado estima que el aumento del mínimo podría acercarse al 12 por ciento. “Me atrevo a decir que ese número es más o menos el que tiene el consenso del mercado. Por eso, las expectativas de inflación para 2026 ya están cerca del 4,4 por ciento, porque incorporan en buena medida un aumento importante del salario mínimo”, dice Daniel Velandia, economista jefe de Credicorp Capital.
Añade que estudios del Banco de la República sugieren que, por cada punto que sube el salario mínimo por arriba del nivel teórico, la inflación puede aumentar entre 10 y 15 puntos básicos.
Según un análisis de Bancolombia, el promedio prepandémico de ajuste anual total del salario mínimo fue de 5,6 por ciento, mientras que en los cuatro años más recientes dicho promedio ha sido de 10,4 por ciento.
“Desde 2020, el incremento promedio ha sido 2,91 puntos porcentuales superior a la teoría, con el dato más alto registrado en la administración Duque en 2023 (para salario mínimo vigente en 2024), con un aumento de 4,66 puntos porcentuales por encima del referente teórico”, dice el informe.
Un reciente estudio del área de Investigaciones Económicas del Banco de Bogotá advierte que, incorporando la experiencia del último año de mandato de Iván Duque, así como los realizados por el actual Gobierno, existe una alta probabilidad de “un aumento desbordado” del salario mínimo, apuntándole a 1.600.000 pesos en 2026, consistente con un ajuste de 12,4 por ciento o más de 7 por ciento real, “un máximo de 40 años”.
Según Camilo Sánchez, presidente de Andesco, el incremento debe tener inflación más dos puntos, que se dan por productividad. “Quisiéramos que fuera mucho más, pero está demostrado que, si crece por encima de esos parámetros, vamos a perder empleos formales, seguirá creciendo la informalidad y tendrá un efecto inflacionario”.
Además, las empresas empezarán a sentir los efectos de la reforma laboral y de la reducción de la jornada. “Son medidas que parten de buenas intenciones, pero que en conjunto pueden generar efectos adversos. Mejorar salarios y condiciones laborales suena positivo, pero estas decisiones elevan el costo de contratar formalmente y cierran aún más la puerta a unos 12 millones de trabajadores informales”.
Como sostiene un reporte de Anif, entre 2015 y 2025 el salario mínimo real aumentó 36 por ciento, mientras que la productividad apenas creció de manera acumulada alrededor del 8 por ciento.
Esto, dice el informe, implica que los incrementos no se han sustentado en mejoras en la eficiencia del trabajo, sino en compensar los efectos de la inflación o aumentar el poder adquisitivo.
Además, agrega que, si bien los aumentos del salario mínimo han contribuido a mitigar la pérdida de poder adquisitivo, también han elevado la brecha salarial entre trabajadores formales e informales, “pues muchas empresas, especialmente las pequeñas, no pueden absorber los incrementos sin reducir empleo o recurrir a contratación informal”. La discusión apenas empieza.
La crisis del mínimo integral
A los temores por los impactos inflacionarios de una subida muy elevada del salario mínimo, se suman las distorsiones que esta medida genera en las remuneraciones altas, que suelen estar en la categoría de salario integral. Este se refiere a un sueldo conformado por 10 salarios mínimos más el 30 por ciento de factor prestacional. El nivel más bajo del salario integral se ajusta cada año con el salario mínimo y, como este último viene subiendo bastante desde el Gobierno Duque, el mínimo integral (hoy en 18,5 millones de pesos) también se ha incrementado rápidamente. Como resultado, se ha vuelto más oneroso para las empresas y los trabajadores que lo devengan, pues estos tienen toda su seguridad social sobre 13 millones y no sobre 18 millones, lo que hace que reciban mucho menos por incapacidades y a la hora de calcular su pensión.