Donald Trump ha dicho que quiere “intentar llegar al cielo”. El polémico primer mandatario norteamericano ha hecho méritos y, solo con lo logrado en el Medio Oriente, podría haber asegurado un cupo en el paraíso. Su mediación para concretar la tregua entre Hamás e Israel y el regreso de todos los secuestrados fue fundamental. Se trataba de una guerra que, para la época en que se coronó el acuerdo, ya llevaba cerca de 60.000 muertos.
El jefe de la Casa Blanca ha dejado claro que tiene otros dos objetivos en el planeta. El primero es en Venezuela, donde desde hace meses ha ejercido una presión militar y psicológica enorme contra el régimen de Nicolás Maduro. Los bombardeos a las lanchas que llevan droga a Estados Unidos, la declaración del cartel de los Soles como grupo terrorista y sus constantes expresiones alrededor del dictador venezolano hacen pensar que las cosas se están moviendo.
“Si podemos hacer las cosas por las buenas, bien. Si tenemos que hacerlo por las malas, también”, dijo hace unos días a bordo del Air Force One. Allí, pese a que hay garrote, el primer mandatario también ha dejado claro que puede haber zanahoria. “Puede que hable con él. Ya veremos”, aseguró sobre una posible cita con Maduro.
El segundo es mucho más complejo y lejano, pero estructural: Ucrania. Trump se puso una meta inicial de tener algo logrado para el Día de Acción de Gracias, que se celebró el 27 de noviembre. Para eso diseñó un plan que podría estar funcionando. El culmen de esa ambiciosa salida se dio el pasado fin de semana en una reunión en Ginebra, Suiza, a la que asistieron delegados de Trump, de Ucrania y varios países europeos. Y que tuvo una segunda parte en Abu Dabi en los días siguientes.
Por esos días se filtró a la prensa, antes de que llegara oficialmente al Gobierno de Volodímir Zelenski, un plan de 28 puntos que se perfilaban como la base para el fin de la confrontación. El problema es que parece hecho “a la medida de Putin” y “le entrega toda la ventaja a Rusia”, señaló el diario El Mundo. “¿Escrito por Rusia?”, se pregunta The New York Times.
Los puntos que le piden a Ucrania para un acuerdo implican una cesión de su soberanía. Por ejemplo, de entrada prohibiría a Ucrania su adhesión a la Otan, quizás uno de los puntos más críticos e importantes para Putin. Además, implicaría de primerazo la cesión de territorio, pues establece unos cambios fronterizos, como entregar la región de Donetsk, que hoy ni siquiera está ocupada por los rusos. También pide que ningún ejército extranjero pueda entrar a Ucrania en el futuro y que las tropas nacionales no superen los 600.000 hombres.
Por supuesto, el más feliz con el plan es su autor, Donald Trump. “Lo vamos a lograr… Creo que estamos llegando muy cerca de un acuerdo”, dijo entusiasmado a comienzos de semana. La secretaria de prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, agregó: “Estados Unidos ha logrado un progreso tremendo hacia un acuerdo de paz. Hay algunos detalles delicados, pero no insuperables, que deben resolverse y requerirán más conversaciones entre Ucrania, Rusia y Estados Unidos”.
Zelenski sabe que Trump tiene la sartén por el mango. “Ucrania podría enfrentarse a una decisión muy difícil: o bien perder la dignidad o correr el riesgo de perder un socio clave, o bien aceptar 28 puntos difíciles, o bien afrontar un invierno extremadamente duro, el más duro de todos”, dijo hace unos días.
El líder ucraniano es consciente de que perder a Estados Unidos sería desastroso para su país, que ha soportado cuatro años de invasión, en parte gracias al apoyo de la primera potencia del mundo. Zelenski también sabe que con Trump las cosas son a otro precio. Su reunión en la Casa Blanca el pasado mes de febrero fue memorable. Trump le hizo una encerrona y lo acusó en vivo de “jugar con la tercera guerra mundial”. Y luego le dijo: “Recuerde: usted no está ahora mismo en ningún tipo de posición para decir qué va a pasar con nosotros. Ahora mismo usted no está en el mejor de los sitios. Sin nosotros, no tiene las cartas para ganar”.
En efecto, no las tiene. Por eso, el líder ucraniano ha dicho: “Listo para reunirme con el presidente Trump, ya que hay puntos delicados que abordar”. La Casa Blanca ya ha cedido en algunos; por ejemplo, el que tenía que ver con los activos rusos que terminarían legalizados tras firmar el pacto. Pero Trump no afloja: “A Zelenski tendrá que gustarle y aprobarlo”.
Rusia, pese a que le conviene el plan, ha dicho que tiene sus reparos. Putin, tras la revelación de la propuesta, señaló que esta “no se ha discutido con nosotros”. Y que Estados Unidos aún no había conseguido algo fundamental: el aval de Ucrania. El portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, calificó la iniciativa como un “proceso serio”, pero aclaró que todavía es “demasiado pronto”.
El jueves, Putin puso en duda la legitimidad del Gobierno de Ucrania para la negociación y luego habló sobre otra línea roja. “Crimea y Dombás deben ser el tema de nuestras conversaciones con Estados Unidos”, dijo para referirse a otros dos territorios en la mira de Rusia desde tiempo atrás. Y agregó: “Rusia logrará sus objetivos en Ucrania por la fuerza a menos que Kiev se retire”. Luego afirmó que, “una vez las tropas ucranianas se retiren, las batallas terminarán”. Sobre el documento completo puntualizó: “No había un plan de paz, había una lista de cuestiones que se han propuesto para ser discutidas”.
Mientras tanto, Europa se alinea con Ucrania. Para el Viejo Continente, la protección del país es esencial para su seguridad. Rusia es una de sus principales amenazas, y el hecho de que el Gobierno de Zelenski pierda terreno es grave. Por eso, los líderes del continente alistan una contrapropuesta, que no le gusta a Rusia. Fue redactada por Reino Unido, Francia y Alemania.
Hay dos puntos esenciales en las modificaciones planteadas por Europa. La primera es eliminar la prohibición del ingreso de Ucrania a la Otan. Según un borrador, publicado por Reuters, quedaría este texto: “La adhesión de Ucrania a la Otan depende del consenso de sus miembros, que no existe”. Y, por otro lado, agregar: “Tras la firma de un acuerdo de paz, se convocará a un diálogo entre Rusia y la Otan para abordar todas las preocupaciones de seguridad y crear un entorno de distensión que garantice la seguridad global y aumente las oportunidades de conectividad y las futuras oportunidades económicas”.
El otro punto tiene que ver con las tropas que podría tener Ucrania. En la propuesta de Trump se limitan a 600.000, pero en el borrador europeo se habla de que podrían llegar a 800.000. A Rusia no le suenan esos ajustes. “El plan europeo, a primera vista, es poco constructivo y no nos conviene”, afirmó el asesor de política exterior del Kremlin, Yuri Ushakov.
Trump, finalmente, no logró su propósito de entregarles a Estados Unidos y al mundo la noticia del comienzo del fin de la guerra en Ucrania en la tradicional cena con pavo de Acción de Gracias. Sin embargo, su propuesta sí avanza a marchas forzadas. Putin aseguró que la semana entrante se sumarán a las negociaciones. Y ahora hay otra fecha límite muy especial: Navidad.